
El salto en las exportaciones argentinas hacia la Unión Europea, que en los primeros siete meses de 2026 alcanzaron los 5.191 millones de dólares, no solo es una noticia comercial. Detrás de ese número hay una cadena logística que debe absorber mayores volúmenes, nuevos requisitos de certificación y plazos de tránsito cada vez más ajustados.
El Acuerdo Interino entre el Mercosur y el bloque europeo, vigente desde el 1° de mayo, no solo definió aranceles y cupos: también instaló la necesidad de una infraestructura logística capaz de sostener ese ritmo. Carne, pesca y miel, entre los rubros con mejor desempeño, tienen exigencias operativas muy distintas entre sí.
Más carga refrigerada en el corredor con Europa
El repunte de la carne bovina y del complejo pesquero presiona directamente sobre la cadena de frío. Tanto la merluza como los langostinos requieren temperatura controlada durante todo el trayecto, desde la planta de proceso hasta el puerto europeo de destino, lo que exige contenedores reefer disponibles y en buen estado.
A diferencia de la miel, que se transporta a temperatura ambiente y prioriza costo por sobre velocidad, la carne fresca bajo la Cuota Hilton y los nuevos cupos del acuerdo tienen ventanas de tránsito acotadas. Cualquier demora en la conexión marítima o en el paso aduanero puede afectar la calidad del producto y su aceptación en destino.
Esa combinación de productos con distintos requerimientos térmicos obliga a los operadores logísticos a planificar con mayor precisión la asignación de equipos refrigerados, algo que hoy compite con la demanda de otros mercados de exportación en expansión, como Asia y Estados Unidos, y que puede encarecer el flete disponible para el corredor europeo en los momentos de mayor demanda estacional.
Trazabilidad y certificación para administrar los cupos
La administración de cupos por producto, como ocurre con la miel o la albúmina de huevo, requiere sistemas de trazabilidad que permitan certificar origen, volumen exportado y cumplimiento de estándares sanitarios europeos en tiempo real, para evitar que un envío quede fuera del contingente habilitado.
En productos como la carne y el pescado, a la trazabilidad comercial se suma la certificación veterinaria y fitosanitaria, con inspecciones que deben coordinarse entre plantas frigoríficas, puertos de salida y organismos de control, sin generar demoras que encarezcan la operación logística.

La digitalización documental aparece como un factor determinante en este esquema. Los procesos aduaneros que hoy dependen de papeleo físico o de validaciones manuales son, en muchos casos, el cuello de botella que puede limitar el aprovechamiento pleno de los cupos disponibles.
Capacidad portuaria y aérea bajo la lupa
El crecimiento del comercio bilateral también pone a prueba la capacidad portuaria disponible para el corredor con Europa. Mayor volumen de contenedores refrigerados implica más demanda de espacio en terminales, de conexiones navieras directas y de eficiencia en los tiempos de carga y descarga, en un contexto en el que otros destinos de exportación compiten por los mismos recursos logísticos.
Para los productos de mayor valor por kilo y alta sensibilidad al tiempo, el transporte aéreo también gana terreno como alternativa o complemento del marítimo, aunque a un costo por tonelada considerablemente más alto, lo que limita su uso a nichos específicos dentro de la oferta exportable argentina.
La articulación entre operadores logísticos, autoridades aduaneras y organismos de control sanitario resulta determinante para que el crecimiento de los envíos no se traduzca en cuellos de botella operativos. La planificación anticipada de la capacidad de transporte es, en este contexto, tan relevante como el propio acceso arancelario.
Sostener el ritmo exportador hacia la Unión Europea dependerá, en los próximos años, de que la infraestructura logística argentina: frío, puertos, aduana y trazabilidad crezca al mismo ritmo que los cupos comerciales. La competitividad del país en ese mercado se juega tanto en el campo y la industria como en cada eslabón de la cadena de suministro.