Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a poner bajo la lupa el desempeño de los estudiantes argentinos. El país obtuvo su peor resultado de los últimos 20 años y quedó en el puesto 72 entre 91 países evaluados.
En este contexto, Laura Lewin, especialista en Educación, analizó el panorama en TN y sostuvo que los resultados no deberían tomarse como una sorpresa. “Son alarmas que vienen sonando hace rato, hace mucho lo hablamos”, señaló.
Para la especialista, las pruebas permiten observar mucho más que el rendimiento puntual de los alumnos. “Nos obligan a mirar a la educación en todo su conjunto”, explicó.
En ese sentido, consideró necesario prestar atención tanto a las condiciones en las que trabajan los docentes como a la manera en que están aprendiendo los chicos.
En ese contexto, uno de los puntos que más preocupa a Lewin es que las dificultades pueden acumularse a lo largo de la trayectoria escolar. “Si no aprendés bien durante los primeros años, después es muy difícil, de alguna manera, compensar lo que no se aprendió”, advirtió.
La especialista también marcó una diferencia entre las pruebas PISA y las evaluaciones Aprender. Según explicó, mientras las Aprender evalúan contenidos, PISA pone el foco en la capacidad de los estudiantes para utilizar aquello que aprendieron.

Para Lewin, justamente allí aparece uno de los principales desafíos actuales: cómo están aprendiendo los alumnos. “El foco está en cómo estamos aprendiendo y hoy tenés un desafío más, que es la IA, que los chicos piensan cada vez menos”, sostuvo.
El aula, la concentración y el celular
La especialista también vinculó las dificultades de aprendizaje con el clima dentro de las aulas. “Creo que tiene que ver con el orden en el aula, con el clima. Es muy difícil enfocarse, hay mucho ruido, barullo”, describió.
Y agregó: “Partiendo de ese punto, es muy difícil aprender cuando las condiciones no están dadas”.
A eso sumó la crisis de la lectura y la pérdida de hábitos vinculados con el aprendizaje. “Leen menos por placer y les cuesta mucho prestar atención”, señaló.
Para Lewin, ese problema también plantea un desafío para los docentes: cómo captar la atención de alumnos que tienen cada vez más dificultades para sostenerla. “¿Qué podemos hacer desde el aula para capturar la atención de los alumnos, que está fragmentada? Una cosa se conecta con la otra”, explicó.
En esa misma línea, apuntó contra las interrupciones que genera el uso del celular. “Toda interrupción hace que a los chicos les cueste muchísimo volver a concentrarse”, afirmó, habló de la sobreestimulación y sostuvo que puede generar dificultades cognitivas. “Tenemos que buscar una manera alternativa de enseñar”, agregó.
Ante este escenario, Lewin consideró que la escuela debería revisar las formas de enseñanza. “Tenemos que buscar una manera alternativa de enseñar, porque seguimos enseñando muchas veces de una manera tradicional que no está alineada a la manera en la que tienen que aprender los alumnos, como necesitan”, planteó.
La especialista aclaró que no considera que los estudiantes actuales sean “mejores o peores”, sino que el contexto en el que aprenden es diferente y señaló que es difícil comparar directamente a Argentina con otros países porque los sistemas educativos funcionan en contextos diferentes.
Volver a lo básico
Entre las medidas que propuso, Lewin planteó recuperar ciertos elementos básicos vinculados con el orden y los hábitos de estudio. “Más orden y disciplina en el aula, que no es autoritarismo, pero sí respetar a la educación, al docente, y eso involucra a las familias”, afirmó.
También pidió volver a trabajar más sobre los contenidos y, especialmente, sobre el proceso de aprendizaje. “Hay que pensar en el proceso. Hoy a los chicos les das a leer un libro de 40 páginas y buscan el resumen en internet. Hay que generar hábitos que hoy no están”, explicó.
En ese sentido, cuestionó lo que definió como una búsqueda permanente de la salida más fácil. “Estamos permitiendo mucho y con tanta permisividad los chicos se quedan huérfanos. Lo primero es volver a cierto orden. No es la escuela militar, pero sí cierta disciplina, con la familia acompañando”, sostuvo.
También propuso recuperar herramientas concretas dentro del aula: “Trabajar el proceso, volver a la defensa oral, borradores, escribir en el aula. Es importantísimo porque después te querés dar cuenta y los chicos llegan a quinto año del secundario y ya es tarde porque no desarrollaron hábitos de estudio”.

Para Lewin, todo esto forma parte de un objetivo mayor: “Sobre todas las cosas hay que volver a un aula donde se pueda pensar y no zafar. Poder tener el aula humana sin perder el rigor”.
En ese sentido, explicó que existen aprendizajes que también surgen de atravesar situaciones que no necesariamente generan ganas o entusiasmo. “En la vida muchas veces vamos a tener cosas que no tenemos ganas de hacer, pero ahí es donde estás desarrollando el compromiso y la responsabilidad”, sostuvo.
Para Lewin, la discusión sobre los resultados educativos debe incluir a todos los actores del sistema. “Hay que mirar a la escuela como un sistema y que los docentes trabajan en situaciones complejas, familias que no apoyan, chicos que tienen que seguir aprobando aunque no hayan aprendido”, señaló.
El rol de las familias
La especialista insistió en que la responsabilidad no puede recaer exclusivamente sobre los docentes. “Nosotros necesitamos a la familia, el alumno hace su parte y el directivo tiene que hacer su parte”, afirmó.
También advirtió sobre las consecuencias de acostumbrar a los estudiantes a resolver las dificultades por el camino más sencillo.
“Cuando acostumbrás a los chicos a la salida fácil, pasan estas cosas. Si les facilitamos dejar las cosas fácilmente, después pasa que cuando les pedís disciplina no pueden”, sostuvo.
Por eso, pidió recuperar el valor del esfuerzo desde una mirada positiva: “Hay que reivindicar el esfuerzo, el rigor de manera positiva”.
Finalmente, Lewin remarcó: “La educación es un derecho que hay que respetarlo, cuidarlo, protegerlo. Cuando el límite en la familia es amor, en la escuela también”, afirmó.
Y cerró con una advertencia sobre las consecuencias de promover a estudiantes que no lograron incorporar los conocimientos necesarios: “Si permitís que los chicos pasen sin aprender, complicás la enseñanza del año siguiente”.
“Todo esto es muy antipático, pero después tenemos estos resultados y suenan estas alarmas”, concluyó.




