
8 de cada 10 adolescentes dicen confiar en que les espera un buen futuro, pero solo 6 de cada 10 sienten que la escuela los está preparando para alcanzarlo. Esa brecha entre optimismo y preparación real, lejos de ser un dato nuevo, viene acumulando señales desde hace años en distintos países y sistemas educativos.
El fenómeno no es exclusivo de un país ni de una generación reciente. Los datos más recientes de la prueba PISA, correspondientes a 2022 y obtenidos de aproximadamente 690.000 estudiantes de 81 países y economías (los resultados del ciclo 2025 aún no fueron publicados), muestran una tendencia preocupante: el sentido de pertenencia escolar declinó de manera sostenida entre 2012 y 2018 en el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Esa caída continuó entre 2018 y 2022, con resultados dispares según el país, siendo que la pandemia agravó aún más ese deterioro. En paralelo, el Aspen Institute advirtió que cerca del 40% de los estudiantes secundarios en Estados Unidos no se siente conectado con su escuela, una proporción que crece entre quienes enfrentan discriminación o pertenecen a grupos históricamente marginados.
Un tercio de los estudiantes no se siente parte de su escuela
El informe Voices of Gen Z, publicado en agosto de 2026 por la consultora Gallup y la Walton Family Foundation (WFF), identificó tres dimensiones que determinan si un alumno vive la escuela como un lugar propio o como un espacio ajeno: el interés por lo que aprende, la relación con los adultos de la institución y el sentido de pertenencia entre sus pares.

En las tres, los problemas son considerables. Cerca del 41% de los encuestados afirmó no haber aprendido nada que le resultara interesante durante la semana anterior, y casi la mitad sostuvo que la escuela no le da la oportunidad de hacer aquello que mejor sabe hacer. Además, 1 de cada 3 estudiantes declaró no sentirse parte de su comunidad educativa.
Esos números coinciden con lo que investigadores del programa #BeeWell documentaron en 2025 en escuelas del Reino Unido: el vínculo con los docentes es el factor que más incide sobre el sentido de pertenencia, por encima del rendimiento académico, la presión de los compañeros o el tamaño del grupo. Según ese relevamiento, la relación entre docente y alumno no es un complemento del aprendizaje, sino su condición.
Los alumnos más conectados, mayores probabilidades de sentirse listos para el futuro
La distancia entre quienes se sienten integrados y quienes no se traduce en diferencias concretas. Según el relevamiento de Gallup y la WFF, el 81% de los estudiantes con mayor vínculo con su escuela se considera preparado para los desafíos que vienen después de la graduación, frente al 27% de quienes tienen los niveles más bajos de conexión con su escuela.
Esa diferencia se replica en el bienestar cotidiano: los alumnos más comprometidos con su entorno escolar tienen cinco veces más probabilidades de disfrutar su día a día que sus pares más distantes, quienes también registran mayores tasas de ausentismo por ansiedad o agotamiento.

La preparación percibida mejoró en términos generales desde 2023, cuando solo el 43% de los jóvenes encuestados se sentía listo para lo que seguía. Tres años después, ese porcentaje subió al 60%, aunque la mejora no alcanzó por igual a todos los grupos.
Los estudiantes que no planean cursar una carrera universitaria siguen siendo los más vulnerables: la mitad de ellos no se siente preparada para después del secundario, frente al 68% de quienes sí planean continuar con estudios superiores.
Hablar del futuro con un adulto de la escuela cambia la percepción de preparación
Uno de los hallazgos más concretos del informe apunta al peso de las conversaciones sobre orientación. El 71% de los jóvenes que habla al menos una vez por semana con un adulto de la escuela sobre sus opciones después de la graduación se siente preparado para ese momento. Entre quienes rara vez o nunca mantienen ese tipo de diálogo, la proporción cae de manera notable.
La diferencia es especialmente visible en los alumnos que no proyectan estudios universitarios: cuando reciben orientación frecuente, la brecha de confianza con sus compañeros que sí planean continuar estudiando se reduce de forma considerable.

La formación con salida práctica también incide. Entre los estudiantes sin planes universitarios que cursaron materias orientadas al mundo del trabajo, el 67% se siente capaz de enfrentar lo que viene; entre quienes no accedieron a ese tipo de clases, la cifra cae al 40%.
Ese resultado coincide con lo que investigadores del organismo australiano AERO documentaron en 2024 y 2025: los programas que fortalecen el vínculo entre lo que se aprende y las metas personales del estudiante mejoran tanto el rendimiento académico como el bienestar general.
Cuanto más rígido es el modelo escolar, mayor es la desconexión
Detrás de los números hay también una tensión estructural. El 47% de los jóvenes encuestados por Gallup y la WFF prefiere esquemas de aprendizaje adaptados a sus tiempos y ritmos individuales, por encima de los formatos tradicionales. Los propios relevamientos de #BeeWell muestran que el sentido de pertenencia cae a medida que los alumnos avanzan en el secundario, precisamente cuando el sistema tiende a volverse más rígido y menos atento a las diferencias individuales.
El ausentismo que registró el mismo informe ilustra hasta qué punto llega esa tensión: más de la mitad de los estudiantes de la Generación Z encuestados admitió haber faltado alguna vez por motivos de salud mental, agotamiento o ansiedad.




