Miles de pasajeros jamás suben a un avión sin tocarlo antes. La psicología tiene una explicación muy clara para este extraño ritual

Hay pasajeros que jamás entran en un avión sin tocar antes su fuselaje: una palmada, dos golpecitos, una caricia o incluso un pequeño choque de puños antes de cruzar la puerta. El gesto puede parecer una simple superstición viral, pero especialistas en el miedo a volar explican que detrás existe un mecanismo psicológico bastante reconocible.

El pequeño ritual de miles de personas. Como decíamos, una palmada sobre el fuselaje, dos pequeños golpes junto a la puerta o simplemente apoyar la mano durante unos segundos, hay innumerables viajeros que repiten este gesto justo antes de subir a un avión y, de hecho, las redes sociales han permitido descubrir hasta qué punto está extendido. 

Algunos acompañan el contacto como una especie de “tú puedes”, otros simplemente desean mentalmente un vuelo seguro y hay quienes aprovechan esos segundos para rezar por los pasajeros y la tripulación. La costumbre puede transmitirse incluso dentro de una familia, como le ocurre a la bloguera Michelle Tucker, que la aprendió de su marido y cuyos hijos adolescentes han terminado haciendo exactamente lo mismo.

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