Una actriz con más de siete décadas de carrera y la mujer más temida del hampa marplatense. Dos universos que, en apariencia, no tenían ningún punto de contacto. Sin embargo, Marta González reveló en Once Diez Radio Ciudad que la amistad inverosímil que la unió a Margarita Di Tullio, alias Pepita la Pistolera, fue real, intensa y duró años. Lo contó en el programa Agarrate Catalina, ante la conductora Catalina Dlugi, a días del estreno del filme que Luisana Lopilato protagoniza sobre esa vida, dirigido por Lucía Puenzo y lanzado el 3 de septiembre en los cines de la Argentina. González conoció a Di Tullio en una clínica de adelgazamiento, y la relación creció hasta el punto de que Margarita se hospedaba en su casa cada vez que viajaba a Buenos Aires.
“Imaginate conocer a Al Capone más o menos”, dijo González para graficar la impresión que le causó ese primer encuentro con Margarita Di Tullio, cuyo apodo surgió en agosto de 1985 cuando mató a tres hombres armados que irrumpieron en su vivienda de Mar del Plata. La actriz admitió ante Dlugi que hasta ese momento no sabía nada de ese personaje, y que fue una compañera de internación —la también actriz Olga Paladini— quien se la presentó. “Traémela, así la conozco”, le dijo González. Y así empezó todo.
El encuentro ocurrió en la institución del doctor Alberto Cormillot, adonde González había ido con cuatro kilos de más. Cuando Di Tullio apareció, la actriz escuchó de su propia boca el relato de cómo había matado a los tres hombres aquella madrugada de 1985, mientras estaba en la cama con su pareja y una amiga conocida como la Pato. “Entonces entró, entraron los tres tipos queriendo ajusticiarla, no sé qué. Y entonces ella agarró un revólver de abajo de la almohada. Y los mató a los tres”, recordó González en el programa. La actriz también reconstruyó lo que Di Tullio le contó sobre su infancia: el padre que quería un varón la crió enseñándole fútbol y a pelear, y tardó tres años en aceptarla. “Me contó todo lo que fue eso en su vida”, señaló.

Pero el primer encuentro no fue lo único llamativo. Según González, Di Tullio también le relató que no la condenaron porque estaba en la cama con su marido y su íntima amiga la Pato cuando llegaron los agresores. “Nunca supe si había más que una amistad”, admitió la actriz, y aclaró enseguida: “Porque yo no preguntaba esas cosas”.
La amistad se afianzó con rapidez. Di Tullio viajaba desde Mar del Plata cada tres o cuatro días a Buenos Aires, y González la recibía en su hogar. “Yo la tuve viviendo en mi casa”, contó la actriz. Margarita le expresaba su gratitud con regalos: copas, electrodomésticos, hasta el lavarropa que hoy está en la casa de su hija en Pilar. “Ella estaba agradecidísima de que una familia la reciba como una más. Como una más”, remarcó González.
La actriz también organizó cenas en su casa donde reunió mundos que normalmente no se cruzaban. “Hice una mesa con ella, con dos productores y con dos sacerdotes. Y nos divertíamos”, contó González. Y agregó, con simpleza, la clave de por qué Di Tullio la buscaba: “Yo la trataba como una más”. Eso, según la actriz, era exactamente lo que Margarita nunca había tenido. “Nunca. Nunca en la vida”, subrayó.
Los viajes no eran solo en un sentido. González también acompañó a su amiga a Mar del Plata, y allí pudo ver con sus propios ojos el peso que Di Tullio tenía en la ciudad. “Entraba a Chichilo. Bueno, Chichilo la abrazaban, la besaban. Jueces, policías. Le daban la misma pleitesía”, contó. Y fue más directa aún: “Yo he visto a los jueces levantarse de la mesa para saludarla. Algo pasaba ahí”.

Pero los episodios más vívidos que González recordó no ocurrían en restaurantes sino adentro del auto. Di Tullio manejaba a velocidades que aterraban a su acompañante. “Margarita, te lo pido por favor, yegua, no me quiero morir, por favor”, le rogaba la actriz. Entonces, de repente, Di Tullio divisaba un operativo policial desde la ventanilla. “A ver qué le están haciendo a ese chico”, decía, y daba marcha atrás a toda velocidad. Cuando llegaba hasta donde estaban los agentes, el recibimiento era siempre el mismo: “Hola, Pepita, hola”. “Era un personaje amado”, resumió González.
Uno de los pasajes más reveladores de la charla fue cuando González admitió que tardó años en comprender ciertas actividades de su amiga. Di Tullio le hablaba de ir a buscar chicas a Paraguay, y González no le daba mayor importancia. Fue su nieta quien, mucho tiempo después, le aclaró lo que eso significaba. “Que cuando decía Pepita que iba a buscar a las chicas a Paraguay, eso es trata de personas, abuela”, le explicó. La actriz fue directa al responder: “¿Qué lo voy a pensar? ¿Vos lo pensarías?”.
Esa misma ingenuidad apareció en otra anécdota que González contó entre risas. Di Tullio criticaba abiertamente delante de ella a las mujeres que consumían drogas, diciéndole que eso las hacía perder el trabajo. Por eso, cuando fue a tomar un café con uno de los hijos de Margarita y preguntó por qué su madre no se drogaba, la reacción del joven fue elocuente. “El tipo me miró como diciendo: ‘¿Esta qué, pelotuda o qué?’”, recordó González. Y explicó su confusión: “Porque ella decía esto de: ‘Estas chicas que se drogan pierden todo el trabajo’. Adelante mía, la criticaba. Entonces, yo creía que ella tampoco tomaba”.

El vínculo tuvo también una dimensión artística. Margarita quería que la actriz llevara su vida a la pantalla. “Ella quería que yo hiciera la vida de ella, ¿sabes?”, contó González. Ese deseo quedó sin cumplirse en vida de Di Tullio, pero décadas después se materializó con el largometraje de Puenzo y Lopilato.
Fue también gracias a González que Chiche Gelblung pudo entrevistar a Di Tullio. “Hasta le hizo el reportaje Chiche Gelblung. Ella dijo que yo era su amiga y que se sentía realmente comprendida”, recordó la actriz. Y aclaró cuál era su postura: “Yo jamás la inculpé. Para mí era lo que me demostraba”. Di Tullio le hablaba de sus hijos, de su primer marido, le demostraba afecto. “Me demostraba mucho amor”, dijo González.
En la charla también salió a colación la célebre anécdota del programa de Mirtha Legrand, donde según una leyenda que circula en internet —y que la propia película menciona al cierre— Di Tullio habría consumido cocaína en cámara. González dijo que eso nunca lo supo: “Yo la verdad que eso vos me lo decís y nunca lo sé”. Incluso preguntó, genuinamente sorprendida: “¿Pero y qué, Mirtha qué hizo? Tan tranquila”.
El momento más conmovedor del relato llegó al final. Cuando Di Tullio estaba muy enferma e internada —González dijo creer que en el hospital Fernández—, fue su hijo quien fue a buscarla. La actriz pidió hablar con el médico de guardia, y este le preguntó, desconcertado: “¿Usted es amiga de Margarita Di Tullio?”. González recordó que la miraban sin entender cómo era posible. “Yo la verdad nunca la critiqué”, respondió.
Di Tullio murió el 30 de septiembre de 2009, a los 61 años, tras sufrir un accidente cerebrovascular. González se enteró entonces de un detalle que desconocía completamente: “Ella se muere porque se le revienta una bolsa de cocaína que llevaba en la vejiga”. Para entonces, hacía entre doce y trece años que no la veía. Aun así, la actriz dijo que la sigue queriendo: “Uno es un universo de cosas y el lado de ella, necesitada, con el poder que tenía, eso me cautivó a mí”.
La película Pepita, la pistolera, producida y protagonizada por Lopilato y dirigida por Puenzo, se filmó durante 2025 en más de 20 locaciones de Mar del Plata y la distribuye Buena Vista International. Tras su paso por los cines, se incorporará al catálogo de Disney+.




