Este año, Marta Echaul cumplirá 101 años y mantiene una rutina que está lejos de lo que muchos podrían imaginar para una mujer de su edad. Se despierta alrededor de las 8.30, toma mate, come alguna fruta o toma jugo de naranja, se prepara y se sube a su auto para ir a trabajar.

Maneja hasta la oficina de Sta Marta, la empresa de logística que fundó cuando tenía 50 años y que todavía dirige. “Yo trabajo todos los días. Sigo trabajando porque quiero, me gusta este trabajo, lo hago con gusto y con placer”, contó en una entrevista con Aura Stream TN.

Una vida marcada por el trabajo

Marta nació el 13 de septiembre de 1925 en Buenos Aires y creció en una familia de inmigrantes y trabajadores. Su padre había llegado desde Damasco cuando tenía 15 o 16 años y comenzó a trabajar en Once, donde tenía un negocio de telas. Su madre era de Turquía.

De joven quiso ser médica cirujana, pero su padre se opuso. “Me dijo un ‘no’ más grande que yo, y no se hablaba más de eso”, recordó sobre una época en la que, según explicó, no era habitual que las mujeres fueran profesionales.

Se casó joven y estuvo 60 años junto a su marido, a quien recuerda con admiración y cariño. Después del nacimiento de su hija, los médicos le recomendaron que trabajara y buscara una actividad que le diera un nuevo motivo. Así comenzó la historia de Sta Marta.

Empezó con un paquetito y terminó con grandes camiones

Con los contactos que había heredado de su padre en Once, comenzó a buscar formas de transportar mercadería. Su primer destino fue Santiago del Estero.

Empecé con el primer paquetito”, recordó. Al principio enviaba los pedidos en micros y otros medios de transporte, aunque muchas veces perdía dinero. Con el tiempo consiguió llenar un camión, luego un chasis y finalmente vehículos de mayor tamaño.

Me metí en un mundo de hombres, pero a mí me gustan los desafíos”, contó. También recuerda las dificultades de las rutas de aquella época, los baches y los problemas para cobrar los servicios.

Una de sus costumbres fue asegurar los viajes antes de que salieran los camiones: “Tuve la buena costumbre de asegurarlo antes de que salga el camión”.

Marta Echaul tiene 100 años y es dueña de una empresa de transporte. (Foto: Instagram Santa Marta)
Marta Echaul tiene 100 años y es dueña de una empresa de transporte. (Foto: Instagram Santa Marta)

“El volante es la extensión de mis manos”

Marta no solo creó una empresa de transporte: también aprendió a manejar camiones y todavía conduce su auto para ir a trabajar.

Para ella, manejar representa libertad. “El volante es la extensión de mis manos. Me da libertad. Voy a donde quiero y sin depender de nadie”, afirmó.

Por eso dejó un consejo para quienes todavía tienen dudas: “Les digo a las mujeres y a los hombres que no se acobarden, siempre que puedan que sigan manejando”.

“No concibo estar tres meses de vacaciones”

Marta asegura que antes llegó a tomarse hasta tres meses de vacaciones, pero con el tiempo cambió por completo su relación con el trabajo. “Ahora digo que estaba loca. No concibo estar tres meses de vacaciones. Me tomo unos días y ya estoy extrañando”, relató.

Como jefa se define como exigente, aunque también humana. La persona más nueva de su empresa, según contó, lleva 15 años trabajando con ella.

Su rutina sigue casi intacta: “Me despierto 8.30, pido el mate, eso no me lo saca nadie”. Después desayuna, se prepara y sale manejando hacia la oficina.

“Soy la antítesis de lo que es bueno para vivir muchos años”

Marta no presenta su experiencia como una fórmula para llegar a los 100 años. De hecho, asegura que sus hábitos están lejos de las recomendaciones habituales.

No pretendo que tomen mi ejemplo, será que Dios me dotó de una salud increíble”, aclaró. Luego explicó: “No camino porque tengo coche desde los 20 años, no hago ejercicio, como de todo”.

También contó que todas las noches toma una copa de vino y que durante muchos años fumó dos paquetes de cigarrillos por día. Dejó de fumar hace más de 20 años, cuando su marido enfermó.

Una empresaria que todavía piensa en el futuro

Marta sabe que su empresa quedará en manos de su hija, pero hace tiempo tomó decisiones para que el dinero no fuera el objetivo de su vida.

“Mientras yo viva, yo soy la dueña. Yo sé que todo le va a quedar a mi hija, pero dejé cosas atrás porque no quiero ser la más rica del cementerio”, afirmó. Y resumió su filosofía con una frase: “No te llevás nada cuando morís”.