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Manzana vs. trigo: identifican cómo el tipo de polinización define qué cultivos resistirán al cambio climático

No todos los cultivos reaccionan igual al calentamiento global, y la razón tiene menos que ver con la temperatura en sí misma que con algo más silencioso: si una planta necesita insectos para reproducirse . Mientras el trigo ya registra caídas sostenidas en sus rendimientos por el calor excesivo y l

Cadena LáserVía Infobae5 min de lectura
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Manzana vs. trigo: identifican cómo el tipo de polinización define qué cultivos resistirán al cambio climático
El calentamiento global afecta de forma distinta a los cultivos según su dependencia de los polinizadores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todos los cultivos reaccionan igual al calentamiento global, y la razón tiene menos que ver con la temperatura en sí misma que con algo más silencioso: si una planta necesita insectos para reproducirse. Mientras el trigo ya registra caídas sostenidas en sus rendimientos por el calor excesivo y la sequedad del suelo, los manzanos y los cerezos todavía logran sortear ese deterioro. La razón de esa diferencia, hasta ahora poco explorada, está en una variable que suele quedar fuera de los modelos agrícolas: la dependencia de los polinizadores.

Investigadores de la Universidad Técnica de Múnich (TUM) analizaron los rendimientos de distintos cultivos en las regiones de Baja Franconia y Alta Baviera durante más de 35 años, comparando especies que se polinizan por el viento o de forma autónoma con aquellas que dependen de insectos para reproducirse. La conclusión central del trabajo es que la dependencia de los polinizadores determina, en buena medida, cómo cada cultivo responde al calentamiento global, y que ignorar ese vínculo deja incompletas las estrategias de adaptación agrícola.

Los resultados se publican en un estudio aparecido en la revista Ecology and Evolution, firmado por Paula Prucker, Johannes Kollmann y Sara Diana Leonhardt, que examina trigo, manzanas y cerezas como casos representativos de dos lógicas distintas: la de los cultivos que prescinden de la fauna polinizadora y la de los que no pueden prescindir de ella.

El trigo ya superó su techo climático; los frutales aún no

El trigo ya muestra caídas en sus rendimientos porque el calor y la sequedad del suelo reducen la cantidad y el tamaño de los granos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trigo es el caso más claro de cultivo en retroceso. Las temperaturas actuales en las regiones estudiadas ya superan el umbral en el que la planta produce con eficiencia: el suelo seco y el calor hacen que los granos sean más pequeños y que haya menos de ellos por planta. Los avances tecnológicos en agricultura, como las variedades mejoradas, los fertilizantes y la maquinaria de precisión, han permitido compensar parte de esas pérdidas hasta ahora, pero el comunicado de prensa de la TUM advierte que esa compensación, al menos para los cultivos que no dependen de polinizadores, está mostrando signos de agotamiento.

Los árboles frutales, en cambio, todavía no exhiben ese deterioro. La hipótesis de los investigadores es que las temperaturas más cálidas han reducido el daño por heladas tardías, ese fenómeno en el que una ola de frío fuera de temporada destruye los brotes y flores recién abiertas. Al disminuir ese riesgo, los árboles florecen con mayor éxito y producen más fruta. Sin embargo, ese margen de ventaja tiene un límite.

“Si el clima sigue calentándose, los cultivos dependientes de polinizadores enfrentarán un doble estrés”, afirmó Leonhardt, profesora de interacciones planta-insecto de la TUM, según el comunicado de prensa. Por un lado, también estos cultivos acabarán superando sus condiciones climáticas óptimas. Por el otro, el calentamiento afecta directamente a los propios insectos polinizadores, cuya composición y capacidad de polinizar en una región cambia a medida que cambian las temperaturas.

Los manzanos y cerezos aún sostienen su producción porque las temperaturas más cálidas reducen el daño de las heladas tardías. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La trampa del doble estrés para cultivos que dependen de insectos

Cuando las plantas crecen bajo condiciones climáticas adversas, producen flores más pequeñas, cuya superficie y producción de néctar resultan menos atractivas para las abejas, abejorros y otros insectos que las visitan.

Ese primer efecto, plantas menos vigorosas con flores menos atractivas, se combina con un segundo: la comunidad de polinizadores de una zona, es decir, el conjunto de especies de insectos que habitan y polinizan ese territorio, no es estática. Cada especie tiene una tolerancia diferente al calor, y el aumento de temperaturas altera cuáles sobreviven, cuáles migran y cuáles se extinguen localmente.

El comunicado de la TUM subraya que este problema se agudiza especialmente en zonas donde conviven pocas especies de insectos capaces de polinizar, como las que predominan en los paisajes agrícolas intensivos, donde la simplificación del entorno ha reducido la variedad de especies. En otras palabras, los campos que ya tienen poca biodiversidad son los más vulnerables al doble efecto de un clima más cálido sobre cultivos y polinizadores a la vez.

El calor provoca flores más pequeñas y menos atractivas para abejas, abejorros y otros insectos polinizadores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Nuestros hallazgos confirman lo importante que son los polinizadores para la agricultura y cuán estrechamente vinculadas están la biodiversidad y la adaptación climática”, señaló Prucker, doctoranda de la TUM y autora principal del estudio, según el comunicado de prensa. “Las estrategias de adaptación al cambio climático deberían, por eso, no solo contemplar los requisitos climáticos de cada cultivo, sino también apoyar a los polinizadores de manera específica y sostenida”, añadió.

Diversificar paisajes agrícolas, la respuesta que proponen los investigadores

El trabajo no se limita a describir el problema: también apunta a medidas concretas. Kollmann, profesor de ecología de la restauración en la TUM y coautor del estudio, señala en el comunicado de prensa que la incorporación de áreas con flores silvestres y setos vivos, franjas de vegetación arbustiva que funcionan como corredores de hábitat, puede actuar como fuente de alimento y refugio para los insectos polinizadores.

A eso se suman rotaciones de cultivos más variadas, la práctica de alternar qué especie se siembra en un mismo campo cada temporada para no empobrecer el suelo ni favorecer plagas, y la reducción del uso de pesticidas.

Estas medidas, según el comunicado de prensa, podrían ayudar a sostener la polinización incluso bajo condiciones climáticas cambiantes y estabilizar los rendimientos agrícolas a largo plazo. La propuesta no es nueva en términos conceptuales, pero el estudio le agrega una base empírica construida sobre más de 35 años de datos reales de dos regiones agrícolas de Baviera, y convierte a la dependencia de los polinizadores en una variable que la agricultura ya no puede ignorar al planificar su adaptación al cambio climático.

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