El presidente lanzó su estrategia electoral para el año que viene en junio pasado. Y hoy podemos decir que eligió mal el momento, probablemente por error de cálculo. En concreto, por uno de esos ataques de optimismo que le suelen agarrar.
Lo hizo planteando, palabras más, palabras menos, que el kirchnerismo ya no era Walking Dead, sino Monsters Inc, porque quiere asustar pero no lo logra, en simultáneo a que Luis Caputo anunciara el inicio de los mejores 18 meses en la historia económica del país. Y era claro que las dos ideas iban de la mano y se necesitaban mutuamente: como decir, “confíen en el programa, la economía está despegando, y confíen en la reelección, ya no la frena nadie, porque una cosa lleva a la otra”.
Desde entonces lo cierto es que disminuyó en vez de fortalecerse la confianza pública y de los mercados en que ese vínculo virtuoso entre política y economía va funcionando. Y entonces conviene invertir, porque Milei va a ganar, y va a ganar porque los inversores van a poner la tarasca. Es decir, que lo que el presidente prometió para los próximos 18 meses -al día de hoy 16 meses, o 14, ya es difícil hacer la cuenta-, algún asidero tiene.
Y para comprobar este retroceso basta ver la involución del discurso oficial en estos últimos dos meses: los funcionarios han vuelto a insistir en que el kirchnerismo es Walking Dead, una amenaza real, que agitan para despertar temor cada vez que tienen que explicar problemas económicos y políticos que no logran resolver; y problemas como estos aparecen todo el tiempo, porque se extendió mientras tanto la opinión de que el programa no satisface las expectativas y tiene falencias graves.
De todos modos, la ventaja que tiene de su lado el oficialismo es que, ya no serán 18 meses, pero tiempo sigue teniendo. Y no serán meses de fiesta, pero sí para el ensayo y error, para ir afinando el rumbo y enderezando el barco. Porque el programa fiscal y monetario es suficientemente sólido y flexible a la vez como para permitir correcciones sin grandes barquinazos.
Los críticos suelen describir estas correcciones como “improvisación y parches”, pero lo hacen a veces sin mucho argumento: que el Banco Central pueda ir eligiendo si da algo más de tasa o suelta algo más el dólar, si acelera o contiene la expansión monetaria, mientras Economía sopesa, coordinadamente con el BC, si estimula algo más el crédito acá o allá, en lo inmediato o paulatinamente, no parece ser fruto de una debilidad o un error de diseño, sino una ventaja. La famosa “sintonía fina” que tanto anunciaron otras administraciones, pero no pudieron practicar porque había cepo, déficit, inflación desatada, etc; y que en este caso no se parece a marchar por un desfiladero muy estrecho entre dos abismos, un rebrote inflacionario o una recesión, sino algo bastante más cómodo, avanzar entre una desinflación más o menos rápida y una expansión más o menos extendida y ostensible. Y lo están haciendo, no sin cierta dosis de imaginación.
Además de lo que han puesto sobre la mesa en estos últimos días desde Economía y el Central, soltando un poco el dólar, bajando las tasas y anunciando algo más de crédito, Milei tiene algunas otras cartas para jugar, que pueden ir ensanchando el camino que deben transitar tanto su plan de estabilización como su estrategia reeleccionista, para alimentar el círculo virtuoso que, hasta aquí, les ha sido esquivo.
De improviso se le ofreció, desde afuera, una en bandeja: Malvinas. Y el presidente quiso sacarle todo el jugo posible en la última semana, a los apurones: cadena nacional, proyecto de ley para incrementar sanciones a empresas petroleras, anuncios de grandes inversiones militares, todo dirigido a acorralar a los británicos, bajo el supuesto de que podría funcionar porque alguien mucho más poderoso está, por motivos completamente diferentes, también interesado en acorralar a Londres. Pero claro, solo si Trump insistiera en cambiar la posición norteamericana sobre este conflicto, y ofreciera ya no palabras que se lleva el viento, sino un apoyo concreto a los reclamos argentinos y a la reapertura de las negociaciones entre las partes, la situación actual en el Atlántico Sur podría cambiar. Y Milei entonces conseguiría algo concreto para satisfacer las expectativas que está generando.

Aunque, aún en ese remotísimo caso, lo que podría conseguir involucraría tal vez el petróleo, por ahí la pesca, nunca la soberanía. Y exigirá mucho tiempo para concretarse. Es decir que recién dentro de un buen tiempo volveríamos, en el mejor de los casos, a una situación como la que existía en los años noventa, cuando funcionaba el “paraguas” de Menem y Di Tella.
Muy poco, muy lento, y por sobre todo, solo una remota posibilidad. ¿Le convenía a Milei generar expectativas en este tema considerando todo esto, también la cantidad de veces que Trump agita cuestiones y las deja al poco tiempo en el olvido y a sus aliados colgados del pincel, y por tanto las altas chances que existen de que la audiencia que crea que un cambio en la situación reinante es factible se frustre? Probablemente el cálculo que hacen en la Rosada sea uno mucho más modesto de lo que las palabras presidenciales dan a entender: ya que la mayoría de la sociedad lo consideraba por completo indiferente a esta “gran causa nacional”, con ganarse unos pocos puntos en el ánimo nacionalista reinante le basta y le sobra.
Mucho más relevante para cambiar el clima reinante en la opinión pública son, en cambio, las cartas que guarda en su portafolios Luis Caputo: instrumentos concretos con los que se pueden mover para arriba algunos indicadores importantes de actividad en los próximos meses. Los cálculos difieren según a qué voces económicas uno le presta atención, pero hay bastante acuerdo en que sumadas las iniciativas en carpeta o que están ya encarándose pueden incrementar las inversiones en varios sectores.
Inocencia Fiscal II podría sumar 30.000 millones a los depósitos en dólares y por tanto también al crédito y a las operaciones inmobiliarias. El RIMI para PyMES puede que sume muchas menos promesas de inversión que los RIGI, pero tal vez lo haga en plazos de tiempo más cercanos. Si los precios de la soja y algunos granos siguen tocando máximos, los productores que retuvieron su cosecha van a ingresar más dólares de los proyectados, y para muchas empresas del sector recurrir al RIMI va a ser tentador. Si los gobernadores siguen emitiendo deuda para financiar las obras públicas que nación ya no les garantiza, y que necesitan para asegurar sus chances de reelección, aquella va a beneficiarse por partida doble, porque va a fortalecer su propio cronograma financiero para el año que viene, sin tener que salir ella al mercado, y podrá mostrar que en la construcción lo peor ya pasó.
Tal vez sea también una ventaja que Milei se ocupe de Malvinas mientras Economía se dedica a jugar estas cartas para alentar la actividad. De otro modo aquel podría considerarlas demasiado heterodoxas y complicar aún más las cosas.



