
Los especialistas en medicina vascular, fisioterapia y medicina deportiva consultados por The New York Times, son categóricos: el ejercicio mejora la función linfática y puede reducir la inflamación y la hinchazón, pero ninguna evidencia científica respalda que las rutinas llamadas “entrenamientos linfáticos” sean superiores a cualquier otra actividad física.
La red linfática es un sistema de vasos y ganglios que regula el equilibrio de líquidos en el organismo y refuerza las defensas inmunológicas. A diferencia del sistema cardiovascular, carece de una bomba central: depende de las contracciones musculares, la respiración y la digestión para mover el fluido linfático por el cuerpo.
¿Qué son los entrenamientos linfáticos?

Entre las rutinas más conocidas se encuentran la “caminata linfática” —un paseo pausado con atención en la postura, la respiración y el movimiento libre de los brazos— y el “rebote”, que consiste en saltar en el lugar o sobre un trampolín. Algunos protocolos incluyen también estiramientos dinámicos y respiración diafragmática profunda.
Marc Miller, fisioterapeuta especializado en salud linfática en el Centro Oncológico M.D. Anderson de Houston, señaló a The New York Times que el interés por este tipo de ejercicios refleja una mayor atención, tanto médica como social, hacia el funcionamiento del sistema linfático.
Sin embargo, Miller y los demás profesionales consultados coincidieron en un punto: para personas sin trastornos linfáticos diagnosticados, no hay datos que respalden que estas rutinas específicas sean superiores a otras formas de movimiento.
Qué dice la evidencia científica

Por su parte, Jason Wheeler, especialista en medicina vascular de la Cleveland Clinic, precisó que sentirse inflamado o hinchado no equivale a padecer linfedema, una enfermedad en la que el fluido linfático se acumula de forma anormal en distintas partes del cuerpo. Ese malestar cotidiano responde, en la mayoría de los casos, a factores como la alimentación, el sueño insuficiente o las condiciones climáticas.
Un estudio publicado en la revista Aging Cell por investigadores de la Universidad de Harvard aportó datos concretos sobre la relación entre el ejercicio y la salud linfática. La investigación analizó el sistema linfático cardíaco en ratones de edad avanzada y comprobó que sus corazones presentaban menor densidad de vasos linfáticos, mayor dilatación y más inflamación en zonas perilinfáticas.
Tras ocho semanas de ejercicio aeróbico voluntario, los animales mostraron una reversión de ese deterioro: mayor densidad vascular, menor dilatación y reducción de la inflamación y la fibrosis. Los autores concluyeron que el movimiento aeróbico puede restaurar la función linfática alterada por el envejecimiento, sin importar el tipo de rutina empleada.
Ese hallazgo coincide con lo señalado por los expertos consultados por The New York Times: son las contracciones musculares, y no una técnica específica, las que impulsan el fluido linfático. Las recomendaciones apuntan a 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada y al menos dos sesiones de entrenamiento de fuerza por semana, los mismos parámetros sugeridos para la salud general.
Cuándo el ejercicio linfático tiene sentido

En paralelo, Kelly Sturm, fisioterapeuta de Mineápolis especializada en salud linfática, sostuvo que incorporar estos ejercicios no presenta riesgos para quienes no tienen ningún trastorno diagnosticado. “Realmente se trata de ser constante con el movimiento a lo largo del día”, afirmó en declaraciones recogidas por el medio.
La respiración diafragmática profunda, presente en varias de estas rutinas, también puede favorecer la circulación del fluido linfático, dado que el diafragma actúa como un impulsor natural del sistema. Ese elemento cuenta con respaldo fisiológico entre los especialistas.
El linfedema, en cambio, requiere atención médica especializada. Suele desarrollarse tras daños en la red linfática por lesiones, cirugías o tratamientos oncológicos, aunque el tabaquismo, la obesidad y la edad también elevan el riesgo.