Llevamos medio siglo contando que un alemán introdujo los siluros en el Ebro, pero eso es solo parte del problema: la historia del pez que se está comiendo España

En 1966 se puso en servicio la presa de Mequinenza. En 1969, la de Riba-roja. Juntos, convirtieron 150 kilómetros del Ebro en un lago como no se había visto nunca antes: profundo, cálido y cargado de nutrientes. Cinco años después, en 1974, un alemán decidió que ese "mar interior" necesitaba algo que pudiera pescarse. 

Durante estos cincuenta años, hemos culpado a ese tipo de todos los problemas que nos ha dado el siluro y lo es. Pero, desde luego, no es el principio de la historia. Cuando el siluro se instaló en el Ebro, la casa ya estaba amueblada. Y la habíamos amueblado nosotros. 

Aragón, 1974

Vista General Aiguabarreig Lugar donde el Aiguabarreig del Segre y el Cinca desembocan en el Ebro | JosebaEder

Curiosamente, no sabemos demasiado sobre la introducción del siluro en España.  El 'inventario académico' registra dos cosas sorbe la introducción del S. glanis: el año (1974) y el propósito (pesca deportiva). No sabemos ni el lugar exacto, ni el número de ejemplares que se soltaron, ni curiosamente quien lo hizo. El MITECO y el CSIC no se ponen de acuerdo ni el sitio exacto.

Todo lo demás es mitología. No hay más constancia del joven biólogo alemán ni de la maleta con 32 alevines que las historias orales que se llevan contando desde entonces. De hecho, los estudios genéticos no han sido capaces de identificar un origen. Que solo hay uno, sí; por eso su diversidad relativa es tan pequeña. Pero poco más.

El negocio de la pesca del siluro en el Ebro: la sorprendente industria del pez monstruoso
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