La irrupción de creadores de contenido en el US Open 2026 desató un debate que involucra a jugadoras top, umpires (árbitros de silla) y hasta los propios organizadores, luego de que una serie de incidentes interrumpiera partidos en el estadio Arthur Ashe.
El detonante fue el primer partido de Naomi Osaka contra Anastasia Zakharova. Mientras Osaka disputaba un punto, un grupo de personas en una suite de lujo posaba para fotos en voz alta y otra asistente apuntaba una luz anular brillante hacia la cancha.
El umpire Kader Nouni detuvo el juego para reprender al grupo, aunque sin expulsar a nadie. Los videos del episodio se viralizaron en horas y convirtieron el comportamiento del público en el tema central de Flushing Meadows.
“Hubo un momento en que había gente gritando”, dijo Osaka en declaraciones a NBC New York. “Se podía escuchar con bastante claridad”.
La USTA duplicó las credenciales para influencers este año
La Asociación de Tenis de Estados Unidos (USTA) acreditó a unos 100 creadores de contenido para cubrir el torneo, casi el doble de los 54 que recibieron credenciales en 2025, según datos difundidos por ESPN.
Los postulantes debían presentar una propuesta sobre cómo pensaban cubrir el evento. Sin embargo, hay un matiz relevante: los asistentes que protagonizaron los incidentes durante el partido de Osaka no eran creadores oficialmente acreditados por la USTA, sino invitados con otro tipo de acceso.
El vocero de la organización, Brendan McIntyre, sostuvo que el objetivo es ampliar el alcance del torneo hacia nuevos públicos. “El Abierto de Estados Unidos es nuestra mayor oportunidad para hacerlo, y damos la bienvenida a quienes llegan por primera vez al evento”, declaró McIntyre.
Ante la escalada de quejas, la organización tomó medidas a mitad de semana. Instaló carteles adicionales en los accesos, publicó mensajes en las pantallas gigantes y envió comunicaciones directas a los titulares de entradas y suites pidiéndoles evitar fotografías con flash, luces anulares y cualquier conducta que pudiera interferir con el juego.
Los jugadores piden etiqueta, pero no hay unanimidad sobre los influencers
Las reacciones de los tenistas oscilaron entre la crítica y la apertura. Osaka fue la más explícita: reconoció el valor de los creadores para popularizar el deporte, pero exigió una gestión más ordenada.
“Si vienes a un evento deportivo, tienes que respetar el deporte”, le dijo la deportista al New York Times tras su victoria en segunda ronda. Y agregó: “Creo que es una cuestión de sentido común informarse sobre la etiqueta del tenis”.
Coco Gauff planteó una analogía concreta: si una marca invita a influencers, debería asegurarse de que conozcan las normas del lugar, igual que quien asiste a una alfombra roja no llega en jeans. Mientras que Jessica Pegula fue más directa al advertir que la situación “se está volviendo demasiado” cuando las interrupciones afectan directamente la competencia.
Por su parte, Daniil Medvedev adoptó una postura pragmática. Bromeó con que uno de los pocos contras de la mayor popularidad del tenis es que ahora lo reconocen más en la calle, pero consideró que “hay muchos más aspectos positivos que negativos” en la presencia de creadores, siempre que los árbitros puedan intervenir cuando sea necesario.

El torneo crece en asistencia y trae tensiones inéditas
Los incidentes con cámaras y luces no fueron los únicos focos de conflicto. Aryna Sabalenka, primera cabeza de serie femenina, interrumpió su partido en el Louis Armstrong Stadium para quejarse ante el árbitro por el olor a marihuana proveniente de las tribunas. “Es un poco difícil lidiar con ese olor mientras intentas competir al máximo nivel”, señaló la jugadora con una sonrisa en la conferencia de prensa posterior.
El veterano jugador francés Adrian Mannarino, tras caer en segunda ronda, describió la situación en términos más duros en Eurosport: “La gente puede moverse durante los puntos. Huele a marihuana en la cancha, hay ruido en todos lados. La verdad es que se está convirtiendo en un zoológico”.
El fenómeno tiene un contexto estructural. La asistencia al US Open alcanzó un récord de 1,14 millón de visitantes el año pasado, y la USTA continúa con planes de expansión.
La práctica del tenis en Estados Unidos también creció: 27,3 millones de personas participaron del deporte en 2025, según datos citados por The New York Times, una cifra récord desde la pandemia. Esa expansión trae consigo un público nuevo, menos familiarizado con las convenciones del deporte.
“Las cosas están cambiando”, apuntó Mannarino. “La gente ahora puede moverse en el público durante los puntos. El torneo lo tolera, y no sé si es lo mejor para el tenis en general”.
Wimbledon ya tomó una posición distinta ante el avance de los creadores
La reacción llegó también desde el otro lado del Atlántico. El All England Club, sede de Wimbledon, anunció que no implementará ninguna categoría de acreditación para influencers o creadores de contenido, y que confiscará elementos como las luces anulares que puedan interrumpir los partidos, según informó ESPN.
El club revisa sus políticas de redes sociales anualmente, y el debate generado en el US Open aceleró esa definición.
El contraste entre ambos torneos refleja filosofías distintas. Mientras el Abierto de Estados Unidos construyó su identidad sobre la energía caótica de Nueva York —con música a todo volumen entre los puntos y espectadores que se mueven libremente en las tribunas altas del Ashe—, Wimbledon mantiene una cultura de silencio y protocolo que históricamente no admite excepciones.
Ubaldo Scanagatta, periodista especializado que cubre su edición número 45 del torneo, lo planteó en términos generacionales para The New York Times: “El público se amplió y los recién llegados están menos educados en el deporte que los de siempre. Es Nueva York, así que es ruidoso, pero nos encanta venir”.



