Desde su proyección en el pasado Festival de Cannes (fuera de concurso y en sesiones de medianoche), en la que las risas no cabían en la sala y se convirtió en uno de los éxitos sorpresa del certamen, esta cinta de animación para adultos no ha parado de sumar adeptos. Se titula Jim Queen, es la ópera prima de Nicolas Athane y Marco Nguyen y está producida por el poco convencional estudio franco-belga Bobbypills.
La premisa no deja de ser de lo más provocadora, convirtiéndose en una afilada sátira política y sexual en tiempos de represión, homofobia y auge de la ultraderecha: un virus, llamado Heterosis, amenaza con volver heterosexuales a todos los hombres gais.
La historia sigue a Jim, presentado como el rey de Gym Queens, una comunidad descrita como la más sexy y codiciada de las redes sociales. Él es el rey del gimnasio y a su alrededor se arremolinan una corte de acólitos como si se tratara de un dios griego, consolidando su estatus entre los millones de likes que acumulan sus post de Instagram.
Una parodia repleta de crítica social y política
Por otra parte, encontramos a Lucien, un raquítico muchacho (un twink dentro de la comunidad) barbilampiño y virgen, de clase alta, que vive recluido en su mansión por su todopoderosa madre, que intenta curarlo de su homosexualidad a toda costa. Él está enamorado platónicamente de Jim Queen, es uno de sus máximos seguidores e incluso tiene una habitación secreta a modo de templo dedicado a él.
Cuando Jim contraiga la Heterosis, que se manifestará por la pérdida de algunos de sus abdominales, todos sus fans le darán la espalda, menos Julien, que será el único que le ayudará a buscar una cura contra la enfermedad y, así, luchar para que no se extinga la homosexualidad.

Por una parte, Jim Queen se convierte en una parodia tan deliciosa como desaforada de la comunidad gay, con referencias internas al cruising, a las ‘musculocas’, a la cultura del gimnasio, a los osos, las drags, el fetichismo y, en definitiva, el tribalismo queer. Por otra, hay una alegoría más profunda en torno al sida, al estigma y la intolerancia.
El estudio de animación europeo más transgresor
El largometraje supone el salto de Bobbypills al formato largo después de una trayectoria marcada por series y producciones de animación para adultos de tono abiertamente provocador. Entre 2017 y 2021, el estudio llamó la atención con Peepoodo y los amigos superfolladores, una serie planteada como una ‘masterclass’ de educación sexual para adolescentes que abordaba identidad de género, orientación sexual y diversidad sin tabúes y desde el humor.
Ese tono también aparecía en otros trabajos como Vermin, sobre una mantis que intenta convertirse en policía; Crisis Jung, centrada en un guerrero que buscaba recuperar a la mujer que ama; y Monsieur Flap, con un protagonista de cara de trasero envuelto en situaciones absurdas y sexualmente explícitas.

La nueva película se instala en el ambiente gay de la noche parisina y lo hace con una animación en 2D de dibujo caricaturesco y estilizado, apoyada en colores saturados. Una factura visual puede recordar a producciones de Adult Swim como Rick y Morty y Robot Chicken, una comparación que también tiene que ver con su estilo anárquico y el desfile frenético de chistes, en este caso enfocados al desmontaje de clichés gais y heterosexuales.
Precisamente por eso, el material se convierte en un mecanismo cómico altamente subversivo, en el que detrás de las altas dosis de exceso y grosería se esconde un mecanismo de crítica política muy contundente en torno a las terapias de conversión.
Jim Queen demuestra que se puede utilizar la fantasía, el absurdo y el cachondeo para hablar de temas serios y, además, nos regala para el recuerdo dos personajes magníficos: el narcisista y fanfarrón Jim y el dulce y vulnerable Lucien.



