
Durante buena parte de su historia, Mataró tuvo que convivir con un enemigo que aparecía de forma imprevisible: el agua. Las lluvias intensas convertían las rieras que atraviesan el municipio en auténticos cauces torrenciales y el agua descendía desde las zonas altas hacia el centro urbano, arrastrando barro, piedras y residuos. Hoy, más de un siglo después, una infraestructura construida precisamente para cambiar ese recorrido continúa desempeñando un papel esencial para evitar que las riadas vuelvan a castigar la ciudad.
Se trata del conocido como Desviament, una gran obra hidráulica que permitió modificar el recorrido natural de las aguas de la riera de Cirera y conducirlas hacia la riera de Sant Simó. Hoy, buena parte de esta infraestructura permanece bajo tierra, oculta bajo calles y avenidas, aunque originalmente se construyó como un canal de enormes dimensiones para la época. Su puesta en marcha marcó un antes y un después en la relación de Mataró con el agua.
El problema no era nuevo cuando comenzaron a plantearse las primeras grandes actuaciones, según recoge Capgròs. Durante el siglo XIX, el crecimiento de Mataró había ocupado espacios por los que históricamente circulaba el agua. Las rieras seguían existiendo, aunque las calles y las viviendas hubieran transformado su entorno. Ante cada episodio de lluvias fuertes, el agua recuperaba su antiguo recorrido y podía penetrar en los bajos de los edificios y provocar importantes daños.
Desde comienzos del siglo XIX se sucedieron los proyectos para controlar las aguas torrenciales de Mataró. En 1802 ya se planteó soterrar un tramo entre la plaza de Santa Anna y la calle de Lepant, mientras que después surgieron alternativas para desviar el caudal o construir grandes conducciones subterráneas. En 1851 apareció la propuesta que acabaría marcando el camino: llevar la riera de Cirera hacia Sant Simó, aunque los sucesivos proyectos y los problemas económicos, técnicos y de propiedad de los terrenos retrasaron su ejecución durante décadas.

El proyecto que cambió el recorrido del agua
La solución tomó forma a comienzos del siglo XX. En 1908, Melcior de Palau i Simon presentó un proyecto para recoger y conducir los diferentes cauces de Mataró mediante grandes colectores hasta el mar, integrándolos además en el sistema de saneamiento. Los estudios contaron con la participación de otros profesionales como Eduard Ferrés, Federico Membrillera, Bonaventura Bassegoda y Josep Puig i Cadafalch. Finalmente, en 1912 se aprobó el proyecto definitivo del desvío de la riera de Cirera y las obras comenzaron en 1916.
La infraestructura alcanzó unos 1.150 metros de longitud y hasta seis metros de anchura, con capacidad para asumir grandes volúmenes de agua y conducirlos hacia Sant Simó, evitando que atravesaran el centro urbano. Parte del trazado se construyó inicialmente a cielo abierto, mientras que en algunos puntos fue necesario recurrir a túneles para salvar la orografía.
El desvío resolvió el problema de las riadas, pero el crecimiento de Mataró acabaría planteando un nuevo reto. A partir de los años 50, las zonas que hasta entonces habían quedado en la periferia comenzaron a integrarse en el tejido urbano, y el canal se convirtió en una barrera para la expansión de la ciudad. Primero se habilitaron pasos y puentes para conectar ambos lados y, posteriormente, se inició su cubrimiento por fases entre las décadas de 1950 y 1970.
Las actuaciones continuaron ya en el siglo XXI. En 2006 se intervino en el tramo situado bajo la actual avenida de América, donde se instalaron grandes estructuras prefabricadas de hormigón. El resultado es una infraestructura prácticamente invisible desde la superficie: sobre ella circulan vehículos y peatones y se desarrolla buena parte de la vida cotidiana de Mataró, mientras bajo las calles sigue discurriendo el antiguo recorrido hidráulico.

Descender hoy al Desviament es adentrarse en una parte de la historia de Mataró que sigue muy viva. Entre sus paredes todavía se conservan piedras de hace más de un siglo, junto a las estructuras que se han ido incorporando con el paso del tiempo. Pero no es un vestigio detenido en el pasado: cuando llegan las lluvias intensas, la infraestructura vuelve a asumir el cometido para el que fue construida.
En esos episodios, el agua puede hacer crecer rápidamente el caudal de la red de alcantarillado. Aliviaderos, colectores y otros elementos de regulación permiten gestionar ese aumento y evitar que el sistema se desborde. Además, Aigües de Mataró supervisa el comportamiento de la red mediante sistemas de monitorización que permiten seguir los caudales y anticiparse a los puntos más críticos.

