Soy historia viva”. Así se define Beba, una mujer de 100 años que desde su habitación en un geriátrico de barrio Villa Rivera Indarte mantiene intactas las ganas de contar historias.

Su nuevo desafío es una novela policial que escribe a mano. Aún así Beba no se queda atrás y usa la tecnología. Busca y estudia en internet la situación de países lejanos para incluirlos en sus relatos.

Todo está bien intrincado para que nadie averigüe hasta la última página. Hay muchas personas y en muchos lugares”, contó en Seguimos en El Doce. Con entusiasmo por el proyecto, anticipó: “Todo el mundo se queda con la boca abierta cuando leo”.

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Beba nació en Buenos Aires, aunque desde hace años adoptó Córdoba como su hogar. Su vínculo con los libros empezó muy temprano: “He leído desde los 6 años sin parar”. A lo largo de su vida fue maestra normal y también traductora de francés, actividad que comenzó después de recibirse a los 40 años en la Alianza Francesa.

La escritura, sin embargo, llegó mucho más tarde. Después de enviudar encontró en las palabras una forma de atravesar una etapa distinta de su vida. “Para llenar ese hueco que me quedó tras 60 años de casada empecé a escribir. Soy una escritora tardía”, explicó.

Aún así sostiene que la edad no es un impedimento para empezar algo nuevo. “Yo ya debería estar en formol, sin embargo, me siento de 70”, bromeó.

Su recorrido también está atravesado por numerosas historias personales. Por distintas coincidencias de la vida conoció a varios presidentes argentinos, entre ellos Marcelino Ortiz, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Juan Domingo Perón y Arturo Illia.

Ahora dedica buena parte de sus días a imaginar personajes y tramas. “A veces un olor, una frase o algo que yo veo me desencadena eso de escribir. Empiezo a formar frases y, cuando me doy cuenta, ya estoy escribiendo”, relató sobre su proceso creativo.

Y también se permite jugar con sus propias reglas como autora. “Y al personaje que me molesta lo mato pronto, así ya no me joroba más”, contó entre risas.