Tan solo 3 años tenía Kevin Benavides cuando se subió por primera vez a una moto en su Salta natal. Su hermano, Luciano Benavides, siguió su camino y a los 5 años ya estaba montado sobre dos ruedas. Décadas después, ostentan récords en el Rally Dakar y apuntan a nuevos objetivos para mantenerse en la cima del deporte motor mundial.
“Empecé en moto a los tres años, aprendiendo en bici un día, y al día siguiente aprendiendo en moto. Y te puedo decir que desde ese día no bajé nunca más de una moto. Luego, a los nueve años, hice mi primera carrerita de enduro a nivel local. A los catorce, quince años, ya empecé a hacerlo de manera más profesional. Me iba poniendo y las iba superando, siempre con la ambición de seguir por más. Hice una larga carrera en el enduro. Gané muchos campeonatos argentinos, latinoamericanos, competí también en mundiales de enduro, hasta que llegó el momento de pasar al rally, al Dakar, que fue el gran salto en mi carrera deportiva”, cuenta Kevin, el mayor de los hermanos, en diálogo con Infobae.
Luciano no se quedó atrás. La pasión por la velocidad recorre las venas de los Benavides: “Yo empecé a los cinco a andar en moto. En Salta no había muchas competencias, y menos para esa edad. Tengo una foto con el primer trofeo de chiquito. Y ahí empezó, pero empezó como un hobby, porque también venimos de Salta, donde en el mundo de las motos era muy difícil aspirar a ser profesional o vivir de eso. Lo veíamos por revistas, muy lejos, pero era casi imposible. Incluso hoy en día es difícil para cualquier argentino llegar al máximo nivel del motociclismo”.
“Hice toda mi carrera en enduro, al igual que Kevin, copiándolo primero como un hobby, y después empecé ya a hacerlo más de manera profesional. Somos muy competitivos los dos, eso creo que es algo que nos ha marcado. Competimos absolutamente en todo lo que te podés imaginar. Él me puede competir ahora hasta si habla más en la nota que yo, a ese nivel. Pero bueno, eso también nos hizo crecer a los dos. Siempre pusimos el límite cada vez más y más allá”, agrega el más joven de los campeones.
Esos chicos que soñaban en el enduro local terminaron haciendo historia. El primero fue Kevin, quien participó de su primer Dakar en 2016, cuando aún se corría en Argentina.

“Lo tengo grabado en el corazón porque fue un Dakar muy emotivo para mí. Yo llegué con muy poquita experiencia a correr esa primera carrera y el Dakar realmente es una locura. Siendo acá en Argentina, todavía más. La cantidad de público... todo era una cosa increíble. Y en ese primer Dakar me acuerdo que ya en el tercer día de competencia gané mi primera etapa. No entendía nada en ese momento, porque mi objetivo era, te soy sincero, terminar en el top 30. Terminé cuarto en ese Dakar 2016. Eso me abrió las puertas para ser un piloto factory de Honda HRC. Después también tuve algunas caídas, algunos errores. Terminé segundo en el 2018 y finalmente lo gané en el 2021 junto a Honda. Fue como tocar el cielo con las manos por primera vez”, rememora.
De esa manera, fue el primer argentino en ganar tanto una etapa en motos, como el propio Rally Dakar. En 2023, repitió la hazaña.
Fue el gran debut de Kevin el que le terminó abriendo las puertas a Luciano, ya que tras su cuarto puesto KTM le hizo una propuesta al mayor de los hermanos. Como tenía un contrato que respetar con Honda, sugirió que incorporaran al más chico, quien se venía destacando en el enduro.

Sin embargo, no le fue sencilla la adaptación a Luciano: “Mi sueño era llegar a ser piloto oficial de Red Bull KTM. Y pasada una semana me fui a Chile a entrenar con él, a ver si me gustaba navegar, si entendía el desierto y demás. Y la verdad me fue muy mal. Me perdí en el desierto, no sabía dónde estaba”.
“Salí a fondo porque es lo que yo sabía hacer, pero no sabía navegar, y la cabeza no me andaba en ese momento muy bien. Me perdí en medio del desierto y cuando volví de ese viaje me llegó una oportunidad. A él le llegó por mail que me querían a mí como piloto factory de KTM para desarrollarme como piloto y ser el proyecto junior del Dakar. Ahí entré, gracias a él, por supuesto. Pero claro, yo tenía que demostrar y tenía una presión muy grande porque era ‘el hermano de’, y él había logrado resultados, tenía todos los laureles, y yo en ese momento todavía no tenía nada en el mundo del rally”, expone Luciano.
Y vaya si logró sus propios laureles. En 2023 se consagró campeón en el Mundial de Rally Raid, coronando un doblete para la familia, ya que a principios de ese año Kevin había obtenido su segundo Dakar. Y la victoria del mayor fue con la particularidad de haber logrado una ventaja de solo 43 segundos sobre el australiano Toby Price, récord hasta ese momento. “Ese último día era champán o suelo, u hospital”, indica, en referencia a lo extremo del desafío de recortar una desventaja de 12 segundos en una etapa que era la más corta de la competencia.

En enero de este año, Luciano logró lo que tanto anhelaba desde su primera prueba en el desierto: ganó su primer Dakar, y lo hizo con solo dos segundos de ventaja sobre el estadounidense Ricky Bravec, arrebatándole el récord a Kevin de la definición más apretada de la historia de la competencia.
Son los únicos dos pilotos, englobando todas las categorías, que ganaron la competencia más extrema del deporte motor por menos de un minuto.
“Algo en lo que nos destacamos siempre es en pelearla hasta el final. En todo lo que logramos ganar importante los dos, fue al último momento, contra todo pronóstico. Fiel al estilo argentino, sufriendo hasta el final. Sufriendo hasta lo último. En todas las carreras, en el Mundial mío, en el Dakar mío, el Dakar del 23 de Kevin, el del 21 también, con la nariz rota, el mío con la lesión...”, destaca Luciano.
El Dakar 2026 fue de sufrimiento desde el inicio para el menor de los Benavides, ya que lo corrió lesionado.
“Nadie me tenía como el favorito. Nadie, ni mi propio equipo, porque me rompí la rodilla en Marruecos, en la última carrera en octubre, y también me luxé el hombro. Entonces, llegué al Dakar con lo justo, al límite del cuerpo. Y para un Dakar, para quince días, para estar peleando entre los primeros diez, o los cinco primeros lugares, tenés que estar en un nivel muy alto y que no te pase nada y estar todo muy bien”, resalta.
Asegura que haber corrido así le quitó presión y lo hizo tener la tranquilidad necesaria para tomar la decisión correcta en la definición de la competencia. Había llegado a esa última etapa a tres minutos y veinte segundos de Bravec.
“Hay que creer siempre hasta el final, es un poco nuestro lema. Y, como dijo Luciano antes, todas las victorias o las grandes cosas que hemos conseguido, tal vez porque somos argentinos, las hemos tenido que pelear”, infla el pecho Kevin.
Los nuevos desafíos de los hermanos Benavides
Kevin y Luciano no se quedan con lo logrado. Siempre van por más y a fondo, como en el desierto.
El mayor de los hermanos, ya en la última edición del Dakar, se alejó de las motos, tras haber sufrido un grave accidente.
“Estuve cinco días en coma. Tuve una lesión axonal difusa, un golpe en la cabeza, básicamente, que es una lesión muy complicada. Gracias a Dios, me desperté bien, sin ninguna secuela, porque es una lesión que te deja muchas secuelas. Pero, más allá de eso, me rompí el húmero y la quebradura expuesta me rompió el nervio radial”, recuerda.
Pocos meses después, volvió a subirse a la moto en un Dakar, pero a mitad de la competencia se dio cuenta de que era peligroso continuar conduciendo “con un brazo y medio”.
Fue así como en la última edición se subió a un vehículo de la categoría Challenger, donde se dio el gusto incluso de ganar una etapa.
Ahora, la transición hacia las cuatro ruedas será completa. Ya desde el Desafío Ruta 40, que es parte del Mundial y se corre en Argentina, Kevin conduce una Toyota Hilux del Overdrive Racing en la máxima categoría.
Su año culminará con las últimas fechas del Mundial, preparándose para lo que será su primer Dakar en autos, con la particularidad de que su vehículo tendrá el mismo color violeta y el mismo sponsor que un histórico auto de Juan María Traverso en el Turismo Carretera.
Para él -como para cualquiera que sea comparado-, “es un honor”. Sin embargo, su hermano aprovechó para ponerle un apodo: “Él es el ‘Flaco Travieso’”.
Luciano, por su parte, aún tiene chances de conseguir su segundo título mundial en motos.
“Estoy tercero actualmente en el Campeonato Mundial. Faltan dos fechas: la de Marruecos, que es la más similar al Dakar, a fines de septiembre, y la última, en noviembre, en Abu Dabi. Estoy ahí, en la pelea. Obviamente, quiero volver a ganarlo. Lo gané en el 2023, pero me encantaría poder ganarlo este 2026, donde comencé con el Dakar y ganar el mismo año las dos cosas sería muy bueno”, sueña.
Luego no tendrá mucho descanso, ya que el primer día de 2027 iniciará el desafío de retener su título en el Dakar.



