Jubilados reclaman en Córdoba: “Hacemos malabares para llegar a fin de mes”
La primera ronda fue en mayo del 2024, hoy, 125 rondas después, hay algo que no cambió: los jubilados siguen ocupando el centro de la ciudad para reclamar. Pero detrás de ese número hay historias concretas: medicamentos que ya no tienen cobertura, ingresos que no alcanzan y familias que deben ayudar

La primera ronda fue en mayo del 2024, hoy, 125 rondas después, hay algo que no cambió: los jubilados siguen ocupando el centro de la ciudad para reclamar. Pero detrás de ese número hay historias concretas: medicamentos que ya no tienen cobertura, ingresos que no alcanzan y familias que deben ayudar para completar lo que falta.
“Hacemos malabares para llegar a fin de mes”, cuenta una de los jubilados que participa de la ronda. Tiene diabetes y presión alta y asegura que algunos de los medicamentos que necesita dejaron de estar incluidos en el vademécum. “Me quedaban cuatro y me sacaron dos. Tengo que pagar los dos más caros”, relató.
Según contó, necesita una caja por mes de esos medicamentos y recibe ayuda de su hijo. “Hay meses que no los consumo” porque no puede comprarlos. Una frase que condensa una de las preocupaciones que más se repiten entre los jubilados: tener que decidir entre comprar un medicamento, pagar otros gastos básicos o directamente postergar el tratamiento.
“QUE NO BAJEN LA GUARDIA”
A pesar del cansancio y de las dificultades, quienes participan de la ronda aseguran que hay algo que los mantiene allí: la necesidad de no dejar de reclamar por lo que les pertenece.
“Venimos porque los jubilados estamos viviendo una pesadilla”, expresó uno de los integrantes del Foro Solidario Córdoba. Y dejó un mensaje para quienes atraviesan la misma situación: “Quisiera decirles a los jubilados que no bajen la guardia, que sigan, que no se dejen morir, que no se rindan”.
La permanencia en la plaza aparece así como una forma de resistencia, pero también como un espacio de encuentro. Las fuerzas siempre están: “La plaza nos da fuerzas, nos abraza, es una inyección de energía que nos obliga y nos da la posibilidad de seguir adelante” describió un jubilado.
Después de 125 rondas, la Plaza San Martín no es solamente el escenario de una protesta. Para quienes llegan semana tras semana, se convirtió también en un lugar de pertenencia, de acompañamiento y de construcción colectiva.
