
Décadas de registros muestran que las mordeduras de serpiente no ocurren al azar y que la mayoría de los casos se concentra entre trabajadores rurales, durante la tarde y lejos de centros de atención médica. Estos son los puntos sobresalientes que se desprenden de un estudio publicado en PLOS Neglected Tropical Diseases, que analizó 142 investigaciones con más de 214.000 mordeduras registradas.
La revisión fue liderada por Chandrashekhar Janakiram, que reunió estudios publicados entre 1987 y 2025 en Asia, África, América, Australia y Europa.
Jaideep C. Menon, del Instituto Amrita de Ciencias Médicas en Kochi, detalló que “las personas más expuestas a las serpientes, debido al lugar donde viven y al trabajo que realizan, son también las que están más lejos de un hospital que pueda tratarlas”, explicó.
Riesgo en el trabajo rural

De los 47.892 registros que detallaban qué hacía la persona al momento de la mordedura, el 59,1% correspondió a labores agrícolas y de plantación. Ese grupo incluyó tareas como arar, desmalezar, cosechar, regar y trabajar en cultivos de té, café, caucho y palma.
Otro 9,1% de los casos ocurrió durante otros trabajos, entre ellos construcción, tala, aserraderos y fabricación de ladrillos. Caminar representó el 8,4% de los episodios, mientras que capturar, matar o rescatar una serpiente explicó el 3,6% de los registros analizados.
Los datos también mostraron qué partes del cuerpo resultaron más afectadas: sobre 85.593 casos con información anatómica, el 79% de las mordeduras se produjo en las extremidades inferiores. Ese dato refuerza la relación entre el riesgo y el uso de calzado abierto o la exposición directa de piernas y pies en zonas de trabajo.
La revisión también consignó que un 2,4% de los casos ocurrió mientras la persona descansaba o dormía, y que la pesca y otras tareas en el agua explicaron apenas el 0,4%, en general cuando alguien manipulaba serpientes atrapadas en redes.
El horario también marcó diferencias

El análisis del horario desarmó la idea de que estos episodios ocurren sobre todo de madrugada. De casi 16.000 registros con referencia horaria, el 39% de las mordeduras sucedió entre el mediodía y las 18, y otro 29% entre las 18 y la medianoche.
Solo el 12% ocurrió entre la medianoche y las 6 de la mañana. Cuando los registros se dividieron solo entre día y noche, los casos diurnos quedaron apenas por encima, con 52,6% frente a 47,4%.
La estación del año también fue un factor relevante: el estudio señaló que las mordeduras aumentan durante el monzón y en los meses posteriores, cuando las inundaciones desplazan a serpientes y personas. En Tamil Nadu, más del 70% de los casos se concentró entre junio y septiembre.
Menon destacó que, pese a las diferencias entre países, el contexto general se repite. “Lo que me sorprendió es que los contextos y las situaciones que provocaron las picaduras y las complicaciones fueron similares en todas las zonas geográficas y regiones”, afirmó.
El tipo de serpiente cambió según el país

Una especie concreta pudo ser identificada en 116.759 registros. En ese conjunto, las víboras de foseta representaron el 85,12% de los casos, mientras que las cobras explicaron el 2,84% y los kraits el 1,9%.
La distribución cambió con fuerza según el país: la víbora de Russell apareció en el 51,3% de los registros de India; las serpientes marrones concentraron el 43,1% de los casos en Australia; y las especies del género Bothrops estuvieron presentes en el 90,4% de los episodios relevados en Brasil.
Esa diferencia tiene consecuencias prácticas, porque un antiveneno diseñado para un grupo de serpientes sirve poco frente a otro. En India, el tratamiento está orientado a 4 especies principales, conocidas como las “Big Four”.
Sin embargo, la víbora de hocico jorobado no integra ese grupo, aunque causó el 7,5% de las mordeduras registradas en ese país y 1/3 de las de Sri Lanka al sur de Asia.
El investigador y su equipo sostuvieron en un artículo publicado en Oxford Academic del 2025 que India tendría que considerar opciones adicionales a esos 4.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se producen 5,4 millones de mordeduras en el mundo y entre 81.000 y 138.000 muertes. Según esos cálculos, India concentra cerca de la mitad de los fallecimientos, con alrededor de 58.000 personas por año.
La demora en la atención agravó los casos
Menon señaló que el perfil usual corresponde a un hombre de 20 a 60 años que se desempeña en tareas al aire libre, sufre la mordedura en el pie o la pierna, posee bajo poder adquisitivo y demora el acceso al hospital.
También señaló que, por los costos, muchas personas optan por curanderos en lugar de atención médica formal, lo que puede agravar el cuadro y aumentar el impacto económico sobre sus familias.
“Apostaría por la estrategia de empoderar y educar a las comunidades”, sostuvo. Entre las recomendaciones mencionó programas escolares, acciones adaptadas a cada oficio, uso de linternas de noche, botas en lugar de sandalias, mosquiteros bien cerrados y pautas de primeros auxilios.

Además, añadió que “la mayoría de las complicaciones y muertes se deben a un diagnóstico y tratamiento tardíos” y afirmó que los pacientes atendidos de forma temprana rara vez sufren daños graves.
El trabajo también advirtió que todavía hay poca prueba directa sobre cuánto reducen las mordeduras medidas como el mejor calzado o la iluminación, y señaló que el calentamiento del clima está ampliando la presencia de serpientes venenosas en nuevas zonas.


