La logística de una votación adicional obligaría a repetir una operación electoral de alcance nacional.REUTERS/Leonel Estrada

Una eventual segunda vuelta presidencial implicaría para Honduras un gasto adicional de varios miles de millones de lempiras. Según una estimación del consejero del Consejo Nacional Electoral, Eduardo Fuentes, una nueva jornada electoral podría rondar los 4.000 millones de lempiras, equivalente a 148.9 millones de dólares, una cifra cercana al costo de unas elecciones generales.

La discusión sobre la segunda vuelta electoral no se limita a sus efectos políticos. Incorporar una votación adicional significaría destinar recursos públicos a una jornada que tendría que repetir buena parte de la logística utilizada en las elecciones generales.

La cifra mencionada por el funcionario es una estimación y no corresponde, según lo expuesto, a un presupuesto oficial aprobado para una eventual segunda vuelta. Sin embargo, sirve para dimensionar el impacto económico que tendría modificar el mecanismo mediante el cual se elige al presidente.

Dicho cambio implicaría volver a movilizar personal, centros de votación, material electoral, transporte, seguridad, sistemas de transmisión y otros componentes necesarios para desarrollar una jornada nacional. No se trataría únicamente de imprimir nuevas papeletas, sino de poner nuevamente en funcionamiento una estructura electoral de alcance nacional explico el funcionario.

En ese escenario, una nueva votación podría convertirse en una herramienta para definir con mayor respaldo al ganador, pero también supondría repetir un proceso electoral completo y asumir nuevamente sus costos.

El cambio del escenario político

La discusión sobre este mecanismo cobró mayor fuerza en Honduras a partir de la transformación del escenario político registrada en los últimos años. Fuentes recordó que antes de las elecciones de 2013 la competencia presidencial estaba dominada por dos partidos, mientras que la aparición de nuevas fuerzas políticas modificó la dinámica electoral del país.

La incorporación de Libertad y Refundación (Libre) como una fuerza política significativa amplió la competencia y abrió el debate sobre si el sistema hondureño debía mantener el mecanismo actual o avanzar hacia una fórmula de dos vueltas.

La lógica de una segunda vuelta es que, si ningún candidato alcanza el respaldo requerido en la primera elección, los dos aspirantes más votados se enfrentan nuevamente para definir al ganador. Este modelo busca que el presidente electo llegue al cargo con un respaldo mayoritario entre quienes participan en la segunda jornada.

Eduardo Fuentes advirtió que Honduras no estaría en condiciones de asumir cada cuatro años el costo de una segunda jornada para elegir al presidente. REUTERS/Leonel Estrada

El debate adquiere mayor relevancia porque una segunda vuelta no necesariamente garantiza que desaparezcan las controversias políticas alrededor de los resultados. Para Fuentes, uno de los problemas que Honduras enfrenta actualmente es la falta de confianza cuando la diferencia entre los candidatos es estrecha.

Para quienes defienden la segunda vuelta, el costo podría justificarse si contribuye a resolver disputas electorales y a garantizar que el presidente tenga un respaldo más amplio. Para quienes cuestionan el mecanismo, el gasto adicional podría resultar difícil de justificar si no existe certeza de que una segunda votación resolverá los problemas de confianza y polarización.

Lo que implicaría una reforma

Los resultados presidenciales cerrados han generado históricamente cuestionamientos y acusaciones de fraude por parte del sector que no acepta el resultado. Según Fuentes, esa dinámica puede continuar independientemente del mecanismo utilizado.

El problema, por tanto, no sería únicamente determinar quién gana una elección, sino conseguir que los actores políticos y la ciudadanía confíen en el resultado.

Además del costo financiero, una reforma de este tipo tendría que considerar otros aspectos: la organización de una segunda jornada en un período relativamente corto, la participación de los electores, el comportamiento de los partidos que queden fuera de la contienda y los posibles acuerdos entre fuerzas políticas para respaldar a alguno de los candidatos finalistas.

También habría que determinar cómo se financiaría una eventual segunda elección y qué otros programas o necesidades del Estado podrían competir por esos recursos.

Eduardo Fuentes sostuvo que la falta de confianza en resultados estrechos sigue siendo un problema en Honduras, aun con una segunda vuelta electoral. REUTERS/Leonel Estrada

Esto significa que la decisión sobre adoptar o no una segunda vuelta no podría analizarse únicamente desde la perspectiva de la representación política. También tendría que considerar la capacidad presupuestaria del Estado y los beneficios concretos que se esperan obtener con el cambio.

La discusión llega, además, en un momento en que las diferencias estrechas entre candidatos pueden convertirse en uno de los principales factores de tensión después de una elección. En lugar de desaparecer, la disputa podría trasladarse de la primera jornada a una segunda campaña electoral.

Para Fuentes, la polarización hace probable que los resultados cerrados continúen generando cuestionamientos en futuros procesos. Bajo esa perspectiva, el desafío no se resolvería únicamente cambiando la forma de elegir al presidente.

Por ahora, la cifra de 4.000 millones de lempiras funciona como una referencia para dimensionar el impacto económico que podría tener una segunda vuelta en Honduras. Más allá del dinero, el punto de fondo seguiría siendo la confianza.