
La malnutrición afecta casi al doble de mujeres que de hombres en Cuba, según datos que revelaron una brecha de género que el sistema de salud de la isla no reconoce oficialmente.
El 9% de las mujeres analizadas por Food Monitor Program registró un peso por debajo del umbral saludable, frente al 4.9% de los hombres. La organización examinó registros de peso y talla de 1,275 mujeres y 1,228 hombres, y la diferencia se mantuvo en todos los grupos de edad del estudio.
Cuando comer es una decisión de sacrificio
Una madre habanera de 18 años describió a Martí Noticias la mecánica cotidiana de esa estadística: la mayoría de los días come una sola vez. A veces dos. La escasez obliga a ordenar prioridades dentro del hogar, y ella siempre queda al final de esa lista.
“Lo miré durmiendo y yo nada más pensaba qué le daría cuando se despertara, qué podía darle. No tenía nada, nada, nada. No había ni agua ese día”, relató.
Su testimonio ilustra lo que Sergio Ángel Baquero, director de Proyectos de Food Monitor Program, describió a la redacción de Martí Noticias como una “dinámica de sacrificio alimentario femenino”: las mujeres reducen sus porciones, dejan de comer o reservan los mejores alimentos para sus hijos, familiares enfermos u otras personas dependientes.

La paradoja que señaló la organización es que las mujeres describieron hogares ligeramente mejor abastecidos que los hombres, pero registraron una prevalencia de bajo peso casi dos veces mayor. El sacrificio, en otras palabras, no aparece en las respuestas sobre el hogar. Aparece en el cuerpo.
Una brecha que se acentúa en la juventud y en la vejez
Entre las mujeres de 18 a 25 años, el 12.6% registró bajo peso, frente al 8.3% de los hombres del mismo rango. En el grupo de 26 a 40 años, la diferencia fue de 8.9% contra 5%.
Las provincias con mayor proporción de mujeres con bajo peso fueron Las Tunas (25%), Guantánamo (23.4%), Pinar del Río (21.4%) y Granma (20.3%).
En el otro extremo de la pirámide etaria, la vulnerabilidad también se concentró en las mujeres. El 94.7% de las mayores de 60 años teme que sus ingresos resulten insuficientes, el 92.2% ha enfrentado dificultades para conseguir medicamentos y el 87.6% depende exclusivamente de una jubilación o pensión.
El peso invisible de alimentar a una familia
La desigualdad no se reduce a cuánto comen las mujeres, sino también a cuánto trabajan para que los demás coman. Según Food Monitor Program, en el 92.1% de los hogares descritos por mujeres, al menos una participa en la preparación de los alimentos, y el 74.8% cocina sola o acompañada por otra persona.
La organización utiliza el término “feminización de la subalimentación” para describir ese doble peso: mayor incidencia de bajo peso y mayor carga en la gestión alimentaria familiar.

Un deterioro que no se detiene
El contexto en el que se inscribió este análisis de género fue el de una crisis que se agrava de forma sostenida. La proporción de encuestados que declaró haberse ido a dormir con hambre al menos una vez en el mes subió del 18.7% en 2023 al 24.6% en 2024 y al 33.9% en 2025, según la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria analizada por Food Monitor Program.
Esa tendencia coincide con los datos más recientes del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), que publicó el 21 de agosto de 2026 su IX Estudio sobre el Estado de los Derechos Sociales en Cuba.
El informe, basado en 1,318 entrevistas realizadas entre junio y julio de 2026 en las 15 provincias del país, estimó que el 94% de la población vive en pobreza extrema, cinco puntos más que en la medición de 2025.

El dato que más creció en un año dentro de ese estudio es precisamente el del hambre: ocho de cada 10 cubanos dejaron de desayunar, almorzar o cenar al menos una vez en los seis meses previos a la encuesta, frente a siete de cada 10 en la medición anterior. Entre los mayores de 61 años, la proporción escala a nueve de cada 10.
El verano de 2026 agravó aún más ese escenario. Madres cubanas describieron en redes sociales los meses de julio y agosto como los más difíciles que han vivido, marcados por apagones, escasez de agua y precios fuera del alcance de cualquier salario.

El Ministerio de la Industria Alimentaria admitió en junio que durante el año no pudo distribuir aceite, pollo ni yogur a través del sistema de racionamiento. En agosto, un litro de aceite llegó a costar entre $3,000 (125 USD) y $7,000 pesos cubanos (291.60 USD) en el mercado informal.
Para la joven madre entrevistada en La Habana, esas cifras se traducen en una decisión diaria sin margen de error: cuánto puede comer ella cuando primero tiene que asegurarse de que su hijo tenga algo que llevarse a la boca.