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“Fue un disparo afortunado”: la historia del derribo de un avión coreano, con 269 personas a bordo, en el espacio aéreo soviético

Habían pasado cuatro años de la caída del Muro de Berlín y dos de la disolución de la Unión Soviética cuando a mediados de 1993 las nuevas autoridades de la Federación Rusa desclasificaron documentos y comenzaron a brindar información sobre algunos confusos episodios de la Guerra Fría. Entre todo es

Cadena LáserVía Infobae10 min de lectura
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“Fue un disparo afortunado”: la historia del derribo de un avión coreano, con 269 personas a bordo, en el espacio aéreo soviético
La aeronave que operó el vuelo 007 de Korean Air Lines, en tierra en Hong Kong, posiblemente días antes de su último vuelo, el 1 de septiembre de 1983

Habían pasado cuatro años de la caída del Muro de Berlín y dos de la disolución de la Unión Soviética cuando a mediados de 1993 las nuevas autoridades de la Federación Rusa desclasificaron documentos y comenzaron a brindar información sobre algunos confusos episodios de la Guerra Fría. Entre todo ese material se dieron a conocer varios informes militares y el contenido de las cajas negras del Vuelo 007 de Korean Airlines, derribado con 269 personas a bordo la madrugada del 1 de septiembre de 1983 cuando volaba dentro del espacio aéreo soviético.

En base a esa información desclasificada, el diario estadounidense The New York Times publicó una serie de notas sobre el derribo del Boeing 747 coreano y logró entrevistar al teniente coronel Guennadi Osipovich, el piloto soviético que había disparado el misil que impactó en el avión de pasajeros.

—¿Qué sintió al derribar el avión? —le preguntó el periodista.

—Hubiera preferido obligarlo a bajar y tomar una botella de vodka con el piloto, pero no tenía alternativa y disparé. No sentí nada, era lo que debía hacer —respondió.

Diez años antes, cuando se produjo “el incidente”, Ronald Reagan ocupaba el salón oval de la Casa Blanca y en el Kremlin el poder estaba en manos del exjefe de la KGB Yuri, luego del prolongado liderazgo del interminable Leonid Brézhnev. La tensión entre las dos potencias venía en aumento desde principios de ese año, con el convencimiento de los soviéticos de que Estados Unidos preparaba un ataque con armas nucleares. No se trataba de una simple paranoia geopolítica, porque Ronald Reagan puso también lo suyo sobre el tablero.

El 8 de marzo, el presidente estadounidense había pronunciado un discurso más que encendido, en el cual calificó a la Unión Soviética como el “imperio del mal” y dos semanas después lanzó una iniciativa de Defensa Estratégica —que sería popularmente conocida como “Guerra de las Galaxias”— que consistía en la construcción de un sistema de defensa espacial capaz de evitar —y responder— cualquier intento de ataque nuclear contra el territorio de los Estados Unidos. Por su lado, los soviéticos estaban convencidos de que los norteamericanos preparaban en secreto una agresión nuclear contra ellos. Para completar ese cóctel explosivo se sumaban dos ingredientes imposibles de soslayar: ni Reagan ni Andropov eran líderes que tuvieran mucha inclinación al diálogo diplomático.

Guennadi Osipovich

Un vuelo rutinario

Así estaban las cosas el 1 de septiembre, cuando el vuelo 007 de Korean Airlines partió del Aeropuerto Internacional John Fitzgerald Kennedy con destino final en Seúl y 269 personas a bordo: 105 coreanos (incluidos los 29 tripulantes), 61 estadounidenses, entre los que se contaba el congresista republicano Larry MacDonald, 28 japoneses, 22 taiwaneses, 15 filipinos, 14 chinos, 10 canadienses, 6 tailandeses, 4 australianos, un sueco, un indio, un vietnamita y un malayo.

El Boeing 747 hizo escala en Anchorage, Alaska, de donde despegó a las 14 (GMT), con cuarenta minutos de atraso. A las 16.30 GMT —1.30 de la madrugada en el extremo oriente soviético—, comenzó a desviarse de su ruta y penetró en el espacio aéreo soviético en dirección a la base aeronaval de Petropavlosky, en la Península Kamchatka.

Los radares de la estación militar detectaron al “avión intruso” y desde allí despegaron cuatro Mig 23 en su búsqueda. Demoraron 23 minutos en encontrarlo, cuando el Boeing estaba saliendo del espacio aéreo soviético y entrba en la zona internacional del Mar de Okhotsk. Los aviones militares volvieron a la base y se avisó a las bases de la isla Sajalin, hacia donde la aeronave coreana parecía dirigirse.

Cuna del actor Yul Brinner, Sajalin era un lugar particularmente sensible desde el punto de vista estratégico militar soviético, en especial por el permanente tránsito de submarinos nucleares por el mar de Okhost. Según el documento La potencia militar soviética, de la Agencia de Inteligencia de la Defensa norteamericana, la isla contaba con dos bases aéreas, una base naval, un aeropuerto civil, un astillero y una dotación permanente de 20.000 soldados. Ni la isla ni su espacio aéreo figuraban en la ruta programada para el vuelo 007, pero inexplicablemente, a las 2.42 de la madrugada soviética, el Boeing 747 entró allí y esa intrusión resultó fatal.

El capitán Chun Byung-il

“El blanco, destruido”

Minutos después, de una de las bases de la isla despegaron seis cazas para interceptarlo. A las 3.05, el SU-15 piloteado por el teniente coronel Osipovich avistó el objetivo, que volaba a 10.000 metros de altura y a unos 750 kilómetros por hora. A esa velocidad, en unos veinte minutos saldría nuevamente del espacio aéreo soviético.

En el avión coreano, el piloto del Boeing, Chun Byung-il, y su copiloto, Kim Si-il, no parecían tener idea de dónde estaban realmente, ni tampoco de lo que estaba ocurriendo alrededor de su avión. A las 3.16 se pusieron en contacto con la torre de control de Narita, Japón, y pidieron autorización para subir a 12.000 metros e indicaron su posición. Byung-il informó a la torre que estaba en su ruta normal, volando al sur de las islas Kuriles. Inexplicablemente, los operadores de la torre no comprobaron —o, si lo hicieron, no se lo informaron— que esos datos no coincidían con la posición que indicaba el radar.

A las 3.20, el teniente coronel Guennadi Osipovich recibió la orden de acercarse al Boeing coreano y hacer un disparo de advertencia. Los registros de las conversaciones con la base no dan elementos para saber si lo hizo o no. A las 3.26, el vuelo 007 estaba a un minuto de salir a salvo del espacio aéreo soviético, pero nunca pudo hacerlo. A esa misma hora, las fuerzas de autodefensa japonesas registraron un diálogo radial entre la base aérea de la isla y el piloto Osipovich:

—Base: “Apunten al objetivo”.

—Piloto: “Blanco en la mira”.

—Base: “Disparen”.

—Piloto: “Fuego”.

—Base: “Informe”.

—Piloto: “El blanco, destruido”.

Los restos del avión derribado cayeron repartiéndose entre aguas soviéticas y aguas internacionales. Eso implicó que ninguna de las partes tuviera todos los elementos para saber qué había ocurrido realmente. Tampoco compartieron la información. El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Caspar Weinberger, fue el primero en hablar: “La Unión Soviética impide que otros países colaboren en la búsqueda de los restos del aparato para poder fabricar pruebas que conviertan a un avión comercial en un avión espía”, dijo en una conferencia de prensa convocada de urgencia.

Para los estadounidenses se trataba del ataque injustificado contra un avión de pasajeros; para los soviéticos, el Boeing 747 derribado formaba parte de una sofisticada operación de espionaje de la que, además, participaron aviones militares ocultos a la “sombra” de un avión comercial. A los ojos del público —y en los titulares de los medios—, el “incidente” estaba envuelto en un halo de misterio sumado por un dato casual. El vuelo de KAL llevaba el número 007, el mismo que identificaba al agente secreto James Bond, el espía creado por Ian Fleming.

Un buque de investigación soviético y un destructor se encuentran en el mar durante las operaciones de búsqueda del Vuelo 007 de Korean Air Lines

Un avión espía en el radar

La tensión entre las dos potencias escaló aún más cuando Moscú descubrió que un avión espía norteamericano estaba operando muy cerca del Boeing 747 de KAL cuando este fue detectado por primera vez por los radares soviéticos. Se trataba de un RC-135 que volaba a 110 kilómetros de distancia del avión de pasajeros surcoreano mientras desarrollaba una misión de monitoreo sobre el cumplimiento por parte de la URSS del tratado de limitación de armas estratégicas.

La Casa Blanca reconoció la existencia de ese avión, pero descartó que tuviera vinculación con el Boeing de KAL: “Es falso que haya alguna relación entre el RC-135 y el Boeing 747 de Korean Airlines. En ningún momento nuestro avión entró en el espacio aéreo soviético. Es posible que los soviéticos hayan pensado que era un RC-135 cuando el avión coreano fue detectado por primera vez, una hora y media antes de abatirlo, pero como contaban con información visual y de los radares, cuando le dispararon sabían que era un avión civil”, dijo Larry Speakes, el vocero del presidente Ronald Reagan.

Los soviéticos rechazaron la explicación y afirmaron que eran dos piezas de una misma maniobra de espionaje. “El Boeing formaba parte, junto con el RC-135 norteamericano, de una operación de espionaje. Sabemos que los dos vuelos estaban perfectamente coordinados para dificultar nuestra tarea de control y confundir a nuestras fuerzas de defensa antiaérea. El 747 estaba equipado con material electrónico sofisticado para mantener contactos breves y codificados, típicos de los vuelos de espionaje, con aviones militares de los Estados Unidos”, respondió el mariscal Nikolai Orgakov, jefe del Estado Mayor del Ejército de la URSS.

Mapa que ilustra la trayectoria real y planeada del Vuelo 007 de Korean Air Lines el 1 de septiembre de 1983, mostrando su desvío hacia el espacio aéreo soviético y el lugar del incidente cerca de la isla de Sakhalin

Tensiones en escala

A pesar de su alto costo en vidas, de su enorme repercusión internacional y de la escalada diplomática que provocó, el derribo del vuelo 007 de Korean Airlines no marcó el punto más alto de la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante 1983. Hubo otro episodio, ocurrido dos meses después, que estuvo mucho más cerca de desatar un enfrentamiento nuclear. El mundo demoró años en conocerlo, porque fue mantenido en el más riguroso de los secretos.

Una serie de documentos divulgados en este siglo por la Oficina de Historia del Departamento de Estado de los Estados Unidos, hizo conocer un episodio que fue bautizado con el sugestivo nombre de “War Scare 1983” (el susto de guerra de 1983). La documentación muestra cómo, en noviembre de ese año, altos mandos militares estadounidenses responsables de valorar y tomar decisiones, actuaron sobre la base de información incompleta y estuvieron cerca de provocar, de forma no intencional, un ataque nuclear por parte de la Unión Soviética, lo que habría desencadenado la temida “destrucción mutua asegurada” de ambas superpotencias.

El icónico Boeing 747 del Vuelo 007 de Korean Air Lines

La hora de la verdad

Recién en 1993, con la desclasificación de los documentos soviéticos y la revelación del contenido de las cajas negras del Boeing 747 de KAL, se pudo establecer con cierto grado de precisión qué factores confluyeron para que se produjera el derribo. Las transcripciones recuperadas de la cabina de mando del 747 indican que la tripulación no era consciente de que estaban fuera de curso y, por lo tanto, violando el espacio aéreo soviético, a unos 500 kilómetros al oeste de la ruta planeada.

Luego de revisar ese material se concluyó que ese rumbo fue fijado por accidente durante la escala en Anchorage y que la tripulación no notó el error y se dejó llevar por el piloto automático en la dirección equivocada. “Falta de conciencia situacional y coordinación del vuelo”, dictaminó la investigación que revisó el material.

El teniente coronel Osipovich aportó también lo suyo y dijo que no se siguieron los estándares internacionales de intercepción, y que había sido instruido por sus jefes para que mintiera en televisión sobre los disparos de advertencia que en realidad nunca había realizado. Los soviéticos habían declarado oficialmente que hicieron llamadas por radio, pero que el KAL 007 no respondió. Y se mantuvieron en su versión, aunque ningún otro aparato o monitor terrestre cubriendo las frecuencias de emergencias en ese momento oyó jamás esos avisos.

En la entrevista que concedió a The New York Times, el piloto de guerra retirado reveló por qué había disparado el misil: “No informé a tierra que se trataba de un Boeing. Ellos tampoco me preguntaron. Sí pregunté qué debía hacer. Se asustaron y me dijeron que tenía que obligarlo a aterrizar. Ese fue nuestro gran error. Ya no había tiempo, en 25 segundos estaría en territorio neutral y ya no podríamos obligarlo. Expliqué la situación y dije que lo tenía en la mira. Entonces me dieron la orden de disparar”, explicó. Y agregó: “Fue un disparo afortunado”.

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