Fran Estévez, adiestrador canino: “Uno de los errores es dejar pasar las primeras señales de comportamiento inadecuado del perro”
La educación de un perro no empieza cuando surgen los primeros problemas, sino mucho antes: desde cachorro, el animal incorpora rutinas, límites y aprende a relacionarse con su entorno y las personas. Sin embargo, muchas veces los dueños dejan pasar conductas que parecen inofensivas —como saltar sob
La educación de un perrono empieza cuando surgen los primeros problemas, sino mucho antes: desde cachorro, el animal incorpora rutinas, límites y aprende a relacionarse con su entorno y las personas. Sin embargo, muchas veces los dueños dejan pasar conductas que parecen inofensivas —como saltar sobre las visitas o tirar de la correa— y, con el tiempo, esos hábitos se vuelven difíciles de modificar.
Según Fran Estévez, adiestrador canino, uno de los errores más frecuentes es esperar demasiado antes de buscar ayuda. “Muchos consultan cuando el problema ya está instalado y corregirlo lleva mucho más trabajo”, advierte.
También es habitual seguir consejos de familiares o amigos que tuvieron perros, aunque cada animal tenga necesidades y temperamento distintos. Por eso, los especialistas recomiendan actuar de manera preventiva y personalizada.
Qué errores evitar al educar a un perro
El adiestramiento canino va mucho más allá de enseñar órdenes básicas como sentarse o acudir al llamado. Implica establecer pautas coherentes y ayudar al perro a desenvolverse en situaciones cotidianas.
Desde cachorros se deben adiestrar a los perros. (Foto: Adobe Stock)
Si un cachorro tira de la correa, salta sobre las personas o no responde cuando se lo llama y esas conductas no se corrigen, con el tiempo se consolidan y pueden afectar la convivencia. Detectarlas a tiempo permite intervenir antes de que se vuelvan un problema serio.
Estévez remarca la importancia de abordar cuestiones como la desobediencia, las dificultades durante los paseos, la socialización deficiente o la ansiedad por separación con soluciones adaptadas a cada caso. “No sirve aplicar el mismo método que funcionó con el perro de un conocido. Cada mascota tiene su propio temperamento y aprendizaje previo”, explica.
Los problemas de conducta más frecuentes y cómo abordarlos
Entre los conflictos que más complican la vida diaria está la ansiedad por separación. Un perro que no tolera quedarse solo puede ladrar, llorar, romper objetos o mostrar inquietud extrema.
Los perros pueden tener comportamiento destructivo por exceso de energía. (Foto: Freepik)
También son comunes los problemas durante los paseos: tirones de correa, reacciones frente a otros perros o la falta de respuesta cuando el animal está suelto. El miedo o una socialización insuficiente pueden agravar estas conductas.
La intervención temprana facilita el proceso de corrección. Si se espera a que el hábito esté muy arraigado, el trabajo de modificación se vuelve mucho más complejo.
El riesgo de humanizar en exceso a las mascotas
Otro error frecuente es la humanización excesiva del perro. Darle cariño y considerarlo parte de la familia es positivo, pero no debe confundirse con interpretar todas sus conductas desde una perspectiva humana o dejar de establecer límites claros.
Esta forma de relacionarse puede generar dependencia y dificultar que el animal gestione situaciones como quedarse solo. Para Estévez, educar bien a un perro no significa imponerle una disciplina rígida, sino ofrecerle pautas claras, coherentes y adaptadas a sus características.