Madrid, 4 sep (EFE).- La buena salud de las plantas es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y se puede conocer observando la fotosíntesis. Ese será el cometido desde el espacio de la misión europea Flex, que será lanzada a mediados de mes junto al nuevo satélite Sentinel para la observación de la Tierra
El lanzamiento, que se realizará en un cohete Vega C desde el puerto espacial europeo de Kurú (Guayana francesa), está fijado para el 15 de septiembre a las 01.21 horas GMT (14 de septiembre a las 22.21 hora local)
La directora de Programas de Observación de la Tierra de la Agencia Espacial Europea (ESA), Simonetta Cheli, explicó en una rueda de prensa virtual la importancia de estas misiones.
Flex forma parte de los exploradores terrestres, cuyas labores son científicas, y Sentinel-3C de Copernicus, el programa de observación terrestre de la Unión Europea.
Cheli precisó que Flex estudiará todo lo relacionado con la fotosíntesis, que es uno de los procesos fundamentales de la Tierra y servirá para evaluar su salud y el nivel de estrés.
En un planeta que pronto alcanzará 9.000 millones de habitantes, las necesidades alimentarias y de producción, en términos de vegetación y salud de las misma, son cada vez mayores, por ello es tan necesario -dijo- entenderlas mejor, sobre todo en un contexto de cambio climático.
Los datos ayudarán también a comprender cómo la fotosíntesis afecta a los ciclos del carbono y del agua.
El satélite medirá un sutil resplandor rojo que emiten las plantas cuando hacen la fotosíntesis, que se llama fluorescencia y es invisible a ojo humano.
Captar ese tenue brillo requiere de un instrumento específico, el espectrómetro de imágenes de fluorescencia, Floris, de gran precisión y que supone toda una innovación tecnológica.
La misión tiene una duración estimada de 3,5 años, aunque el jefe del proyecto de FLEX en la ESA, Ralf Block, apuntó que espera que extienda su misión meses o incluso algún año, como en general suele pasar.
El segundo satélite es Sentinel-3C, de la serie Sentinel-3, una de las misiones más versátiles para medir y supervisar los sistemas climáticos de la Tierra y que ha contribuido de manera significativa a lo que se sabe sobre el cambio climático durante la última década.
La misión está compuesta por dos satélites, 3A y 3B, y el nuevo está llamado a reemplazar a 3A, en activo desde 2016, pero aún en buena forma.
Los sentinel son parte del programa Copernicus, el cual "está demostrando que Europa es líder mundial en el ámbito de la observación de la Tierra, y su éxito se debe, en gran medida también, a su política de datos abiertos y gratuitos", remarcó el responsable de ese programa en la Comisión Europea, Mauro Facchini.
Algunos de los ejemplos de la utilidad de los datos proporcionados por Sentinel-3 este año fueron el episodio de calima en la islas Canarias, una floración de algas en Letonia y la medición en Francia de la superficie terrestre durante la ola de calor que afectó Europa, recordó.
El lanzamiento de estos dos satélites es conjunto porque además de trabajar por separado formarán una misión en tándem, en la que tendrán la misma órbita, con Flex entre seis y quince segundos antes que Sentinel-3C.
El primero medirá la fontosíntesis y el segundo proporcionará el contexto atmosférico, térmico y de la superficie para interpretar esas señales.
Esas observaciones casi simultáneas ofrecen -indicó Cheli- "una capacidad sin precedentes para supervisar el estado de la vegetación, el funcionamiento de los ecosistemas y el ciclo del carbono terrestre a escala global".
La responsable de ESA destacó asimismo la importancia de los consorcios industriales establecidos para crear estos satélites, en los que el constructor principal es la francesa Thales Alenia Space.
Ambos han reunido a 14 países europeos, en el caso de Flex con la participación de 33 empresas durante nueve años de desarrollo y para Sentinel-3C más de 80 durante siete años.
Los satélites ya están en el centro espacial de Kurú, donde quedan los últimos pasos antes de ser lanzados a bordo de un cohete Vega C, en la que es su segunda misión de 2026, aunque es posible que haya un tercera antes de que acabe el año, señaló Gabriele Mazonni de la firma italiana Avio. EFE



