“El miedo que teníamos era gigante, yo vi madres lavar el cuerpito de sus hijos por última vez, y durante todos esos años internados nos cargamos de historias de otros. Por eso yo hablo de las familias de la resiliencia porque vos tenés que enfrentar el peor diagnóstico, intubar a tu hijo o despedirlo para una operación que no sabés qué va a pasar y, aun así, sonreírle”.

“Desde toda esa angustia soñamos Casa Monarcas, un lugar donde personas con discapacidad intelectual puedan trabajar, expresarse y sentirse dignos”, contó, Fernanda Bardón Font, durante el último capítulo de El podcast de tu vida.

Fernanda es ingeniera agrónoma, durante 20 años estuvo ligada al mundo de la maquinaria agrícola y la agricultura de precisión, pero el nacimiento de Melena, diagnosticada con síndrome de down desde el embarazo, le cambió la vida. Así surgió la idea junto a su marido Rodrigo, también agrónomo, de poner en marcha Casa Monarcas, un café, vivero de especies nativas, espacio cultural y de capacitación en San Isidro.

“Hay que dejar duelar al hijo que no fue y permitirse llorar, pero después hay que mirar a nuestros hijos y avanzar con ellos, porque tienen un mensaje, una misión mucho más grande que la nuestra. Ellos vienen a hacer el cambio”, dice Bardón Font.

-Viajemos imaginariamente a tu infancia, ¿Dónde te criaste? ¿Qué hacían tus padres?

-Soy hija de un argentino que vivía en el extranjero, en Estados Unidos, y de una puertorriqueña azafata. Ambos empresarios. Nací en Puerto Rico, pero mi papá siempre quiso volver a Argentina, lo que concretamos a mis 9 años.

-¿Qué te acordás de esa infancia caribeña?

-Música. Playa. Isla. Comidas. Puerto Rico es un país maravilloso, tuve una infancia hermosa.

-Llegó el momento de estudiar y elegiste agronomía. Pero no venías de una familia de campo…

-Mi abuelo sí había tenido mucho campo en Santa Fe. Y creo que mi papá algo sembró en mí de los recuerdos de su infancia. De hecho, creo que él también hubiera querido ser agrónomo. Hoy, siento que tenía que estudiar agronomía para poder conocer a mi marido, afrontar lo de Male y poner en marcha Casa Monarcas.

-Durante gran parte de tu vida laboral como agrónoma estuviste ligada a la maquinaria agrícola, la agricultura de precisión y tecnologías. ¿Cómo te fue siendo mujer en este rubro?

-Yo como agrónoma me soñaba teniendo un vivero de especies nativas. Me costó muchísimo la materia maquinaria agrícola y lo último que pensé en mi vida era que me iba a dedicar a eso. La di tres veces hasta que la aprobé. Pero terminé de cursar y me llamaron de una empresa de agricultura de precisión nacional y entré. Al toque me encantó. Y eso que durante mucho tiempo fui la única mujer en ese rubro, me ha pasado de llegar a ver un cliente con cita a las 11 de la mañana y eran las 6 de la tarde y todavía estaba esperando que me atendieran… fue muy duro. Era una época en la que vos entrabas al taller o a la fábrica y las paredes estaban llenas de posters de chicas. Pero mientras más difícil me la hacía el mundo de los fierros, más me gustaba. Después me llamaron del grupo CNH como responsable de agricultura de precisión y terminé como gerente de venta de territorio, para mí algo espectacular. Fue un trabajo que amé con todo mi corazón.

-¿En qué momento de tu vida profesional llega Malena?

-Antes de que llegara Male conozco a mi marido, Rodrigo, ingeniero agrónomo, especialista en semillas, en una charla de agricultura de precisión. Todo lo que pasó después no hubiese sido posible si no era por el. A mis 37 años, después de dos años buscando, quedé embarazada de Male.

-¿Cómo te enteraste de que Malena tenía Síndrome de Down?

-Estando embarazada. Desde el primer estudio había indicios de que sucedía algo. Nadie sueña un hijo con discapacidad, y menos cuando no conocés la discapacidad. Hoy te puedo decir que mi mayor sueño es adoptar un chico con discapacidad, pero en ese momento, a mí se me caía el mundo. El médico hablaba, explicaba todas las cosas que puede tener un chico con esa condición: yo escuché nena, síndrome de down y se me nubló el mundo. Salimos del consultorio, lo miré a Rodrigo y lo que más recuerdo de todo ese tsunami de cosas, es que me dijo: “Si nos toca es porque podemos”.

¿Qué sentiste en ese momento?

-Sentí que tenía que llorar, duelar el hijo que no iba a ser, pero después había que avanzar. Yo siento que no hubiese podido transitar todo esto con otra persona, al menos de las que yo conocí. Porque requería de esa convicción, de esa pisada fuerte. El optimismo del hombre de campo.

-Al principio no fue fácil. Male nació con una cardiopatía, tuvo operaciones, y estuvo semanas en el sanatorio. ¿Ahí surgió tu idea de las familias de la resiliencia?

-El miedo que teníamos era gigante. La resiliencia siento que es una palabra inventada para nuestras familias. En esos años yo vi a madres lavar el cuerpito de sus hijos por última vez y nos cargamos de historias de otros. Y eso te hace pensar que lo tuyo, al final, no es nada. Y yo hablo de las familias de la resiliencia porque vos tenés que enfrentar el peor diagnóstico, intubar a tu hijo o despedirlo para una operación que no sabés qué va a pasar, y aun así, sonreírle. Pase lo que pase vos tenés que demostrarle que va a estar todo bien. Aprendés a ser mamá de otra manera.

-En esos momentos de angustia empezó a gestarse “Casa Monarcas”…

-Estando internados sonábamos con lo que hoy es Casa Monarcas. Veíamos que tantos chicos perdían la vida que nos obligaba casi a soñar con algo que nos saque de ahí, del miedo, que nos permita visualizar el futuro de Male.

-¿Y qué es Casa Monarcas?

-Soñábamos con un lugar en donde personas con discapacidad intelectual puedan trabajar. Que el trabajo se adapte a ellos y no al revés. La primera idea fue un café. Y como yo había quería tener un vivero de especies nativas toda la vida, lo sumamos. Después surgió la idea de que sea también un centro cultural. Casa Monarcas es un espacio abierto a la comunidad, no es excluyente. Puede venir cualquiera que entienda.

-El nombre de Monarcas proviene de las mariposas, ¿cierto?

-Monarcas son las mariposas más comunes de nuestra latitud, así como el síndrome de down es la trisomía más común de la raza humana.

-¿Qué metamorfosis creés que hicieron vos y Rodrigo en todo este proceso?

-Uff… Los dos somos ingenieros, venimos de lo técnico, lo comercial, el deber ser. Desde que Male repitió salita de 4 ya salimos de la estructura del ingeniero y entendimos que cada cual tiene su tiempo y su forma. Fue muy fuerte. Para Rodrigo y para mí, cuando tomamos la decisión de que hiciera la permanencia, fue un golpe terrible. Porque como agrónomos, no pensás que tu hijo puede repetir jardín de infantes. Y fue una decisión por ella.

-¿Cómo se sustenta Casa Monarcas?

-Son muchas las noches que no duermo bien pensando cómo mantener abierto mi lugar. Me desvela. Pero llego acá, están los chicos y todo cobra sentido. Llevamos un año y pico abiertos, pero son muchos los que nos buscan para venir. Y en agosto arrancamos un taller laboral, que es un día de teoría y tres de práctica. En un año, los chicos que salen de Casa Monarcas van a estar preparados para trabajar en cualquier café, y nosotros vamos a poder acompañarlos con los terapeutas en los distintos espacios que nos quieran contratar.


-¿Cuál es tu especialidad en la cocina?

-Soy muy buena cocinando cualquier cosa, pero sobre todo la comida puertorriqueña, como arroz con habichuelas o los bacalaitos. De hecho, mi mamá fue gastronómica y tuvo cuatro restaurantes. Yo trabajé cocinando mariscos y mi hermano es chef. Es de familia.

-¿Series? ¿Películas? ¿Por dónde vas?

-Estamos mirando “Deadwood”, del lejano Oeste.

-Si pudieses elegir algún talento que no tengas, ¿cual elegirías?

-A mí me gustaría tener el superpoder de inspirar a otros para que actúen. Tocarles el alma para que hagan. ¡Sabés el lindo desastre que haría si tuviese la plata que tienen otros!

-¿Qué música escuchás?

-Norah Jones, Lady Gaga, Queen, música puertorriqueña, folclore.

-Si pudieses subirte al Delorean y viajar en el tiempo. ¿Adónde rías?

-Iría al futuro. Me gustaría pararme en la esquina de Casa Monarcas y ver qué está pasando. Necesito saber que esto va a seguir en pie (se emociona).

-¿Qué creés que le diría la Fernanda que sos hoy, con todo el camino transcurrido, a la Fer de 18-20 años que estaba arrancando?.

-Que confíe, que la vida la va a preparar para un camino que no se lo imagina pero es maravilloso, pero fundamentalmente que crea en su intuición, que es su mayor fortaleza. Porque las veces que no la seguí le erré.

-¿Qué le recomendarías a padres que estén comenzando el camino de acompañar a hijos con una discapacidad o puntualmente con Síndrome de down?

-Me ha tocado recibir consejos de otra madre y ahora darlos, porque somos una comunidad grande. Primero hay que dejar duelar al hijo que no fue. Hay que abrazar a la mamá que está gestando ese bebé o que acaba de recibir el diagnóstico después del nacimiento. Permitirle llorar. Y después hay que incentivarlos porque nuestros hijos tienen un mensaje, tienen una misión y la misión de ellos es mucho más grande que la misión nuestra. Los que vienen a hacer el cambio son ellos, y nosotros nos tenemos que amoldar. Hoy Male es pura felicidad, y quiero que esos padres llenos de miedos vean eso. Lo importante es que esa familia no se quede en el diagnóstico, que puedan ver el día a día de su hija.