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Cada 4 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Salud Sexual, una fecha impulsada desde 2010 por la World Association for Sexual Health (WAS) para promover una mayor conciencia sobre el cuidado de la salud sexual. Para 2026, el lema es “Every Body”, que busca recordar que la salud, los derechos, la justicia y el bienestar sexual corresponden a todas las personas y durante todas las etapas de la vida.

La fecha también permite poner sobre la mesa problemas que continúan representando un desafío para la salud pública. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de un millón de personas de entre 15 y 49 años contraen cada día una infección de transmisión sexual (ITS). Muchas de estas infecciones no presentan síntomas, por lo que una persona puede tener una infección sin saberlo.

Las estimaciones de la OMS señalan que en 2020 se produjeron 374 millones de nuevas infecciones por clamidia, gonorrea, sífilis y tricomoniasis. Además, alrededor de 8 millones de adultos de entre 15 y 49 años contrajeron sífilis en 2022.

“Hablar de salud sexual no debería limitarse a cuando aparece una enfermedad. Hay síntomas y cambios que muchas personas normalizan o prefieren postergar por vergüenza, cuando una consulta oportuna puede ayudar a identificar el origen del problema y recibir el tratamiento adecuado”, explica el Dr. Antonio Grandez, urólogo y especialista en salud sexual de Insalud.

Pero ¿qué situaciones deberían encender las alarmas? Estas son ocho señales y situaciones que no deberían normalizarse.

1. Dolor o molestias que persisten

El dolor genital, las molestias durante las relaciones sexuales, el ardor al orinar o cualquier incomodidad que persista o se repita merece una evaluación médica.

Estos síntomas pueden tener diferentes causas, por lo que no deben interpretarse automáticamente como una infección. Tampoco es recomendable recurrir a la automedicación sin conocer qué está provocando las molestias.

Una evaluación profesional permite determinar el origen del problema y establecer, de ser necesario, el tratamiento correspondiente.

2. Cambios recurrentes en la erección

Las dificultades ocasionales para lograr o mantener una erección pueden ocurrir. Sin embargo, cuando el problema se presenta de manera recurrente, es recomendable consultar con un especialista.

La disfunción eréctil puede estar relacionada con diferentes factores, entre ellos problemas vasculares, metabólicos u hormonales, además del uso de determinados medicamentos o factores psicológicos.

Por ello, una alteración persistente en la función eréctil no debería asumirse simplemente como un problema pasajero. En algunos casos, puede ser una señal para evaluar el estado general de salud.

3. Lesiones, secreciones o cambios en los genitales

Efectos de la clamidia al no ser tratada

La aparición de llagas, verrugas, lesiones, secreciones inusuales o cambios en la piel de los genitales tampoco debería normalizarse.

Algunas ITS pueden no provocar síntomas, mientras que otras pueden manifestarse mediante lesiones, secreciones, dolor u otras alteraciones.

Ante estos cambios, es importante acudir a un profesional de salud. Dependiendo de cada caso, el especialista puede indicar pruebas para confirmar o descartar una infección.

4. No tener síntomas no significa estar libre de una ITS

Uno de los principales problemas de las infecciones de transmisión sexual es que muchas pueden desarrollarse sin síntomas evidentes.

Por ello, sentirse bien no necesariamente significa que no exista una infección. La OMS advierte que las ITS pueden generar complicaciones cuando no son detectadas y tratadas oportunamente, entre ellas infertilidad, determinados tipos de cáncer y problemas durante el embarazo.

La prevención incluye el uso correcto del preservativo, la realización de pruebas cuando corresponda y el tratamiento oportuno. También existen vacunas para prevenir algunas infecciones, como las disponibles frente al virus del papiloma humano (VPH) y la hepatitis B.

5. ¿Todos los hombres necesitan una circuncisión?

No. La circuncisión no es necesaria para todos los hombres y su indicación debe evaluarse de manera individual.

Puede recomendarse ante determinadas condiciones, como fimosis, parafimosis, infecciones recurrentes o dificultades relacionadas con la higiene. También puede ofrecer algunos beneficios preventivos frente a determinadas infecciones.

La OMS reconoce que la circuncisión masculina puede reducir parcialmente el riesgo de adquirir el VIH en determinados contextos. Sin embargo, no reemplaza el uso del preservativo ni otras medidas de prevención de ITS.

Cuando es realizada por un profesional capacitado, no se ha demostrado que afecte la función eréctil ni el placer sexual.

6. Los problemas sexuales no son necesariamente parte de la edad

Otro de los mitos frecuentes consiste en asumir que los problemas persistentes en la función sexual son una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Es cierto que existen cambios fisiológicos a lo largo de la vida. Sin embargo, cuando una dificultad aparece de manera persistente, afecta la calidad de vida o genera preocupación, merece una evaluación.

Tampoco todos los problemas sexuales tienen necesariamente un origen psicológico. En ellos pueden intervenir factores físicos, hormonales, vasculares, metabólicos y emocionales.

Por ello, atribuir automáticamente una dificultad sexual a la edad puede retrasar la identificación de un problema que sí puede ser atendido.

7. Los hábitos también influyen en la salud sexual

Una ilustración contrasta el estilo de vida sedentario con comida ultraprocesada frente al hábito de la actividad física y la alimentación saludable. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La salud sexual también está relacionada con el estado general del organismo. El sedentarismo, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el sobrepeso, el estrés y un descanso inadecuado pueden afectar la salud y también la función sexual.

Mantener actividad física, llevar una alimentación equilibrada, controlar las enfermedades crónicas y realizar controles médicos cuando corresponda son algunas medidas que contribuyen a reducir factores de riesgo.

El cuidado de la salud sexual, por tanto, no se limita a prevenir infecciones, sino que también forma parte del cuidado integral de la salud.

8. ¿Cuándo es momento de consultar?

No es necesario esperar a que un problema se vuelva intenso para buscar orientación médica.

La consulta es recomendable cuando existe un síntoma persistente o recurrente, un cambio que no resulta habitual, una dificultad que afecta la vida sexual o de pareja, o una situación que genera preocupación.

En el caso de las ITS, además, una evaluación puede ser necesaria incluso cuando no existen síntomas, dependiendo del riesgo y de las circunstancias particulares de cada persona.

“La salud sexual también es salud. No deberíamos esperar a que un problema se vuelva limitante, doloroso o afecte nuestra relación de pareja para consultar. Informarse, prevenir y hablar de estos temas con naturalidad también es una forma de cuidarnos”, concluye el doctor Grandez.

La recomendación, ante cualquier cambio persistente o que genere preocupación, es evitar la automedicación y buscar orientación de un profesional de salud. Una consulta oportuna puede ayudar a identificar la causa del problema y determinar el manejo adecuado.