
El curso escolar 2026-2027 comenzó el 1 de septiembre en Cuba en medio de denuncias de madres que cuestionan las condiciones en las que sus hijos asisten a clases. La falta de agua potable, alimentos y espacios adecuados en los centros educativos figura entre las principales preocupaciones de las familias, en un contexto marcado por apagones y escasez.
Las denuncias se enfocan en la disponibilidad de agua segura para beber, lavarse las manos, utilizar los baños y preparar alimentos. Madres de distintas provincias señalan que los estudiantes pasan varias horas en instituciones donde ese servicio no está garantizado, una situación que puede afectar la higiene, la alimentación y el bienestar diario de los menores.
Las declaraciones fueron publicadas por el Programa de monitoreo y denuncia de la (in)seguridad alimentaria en Cuba, que documentó carencias en los centros educativos y por testimonios retomados de CIBERCUBA. Las familias consultadas plantearon que la falta de electricidad, agua, comida y materiales escolares limita las condiciones para enviar a los niños a las aulas.

La falta de agua condiciona la jornada escolar
El programa de monitoreo recordó que, entre abril y junio de 2023, una alta proporción de las escuelas estudiadas carecía de agua potabilizada. Los testimonios recogidos entonces también alertaron sobre dietas insuficientes y estudiantes que manifestaban hambre durante la jornada. Las denuncias actuales indican que esos problemas persisten y se han extendido en varias zonas de la isla.
La ausencia de agua potable repercute en actividades básicas dentro de los centros educativos. Sin ese recurso, los estudiantes enfrentan dificultades para mantener la higiene personal y utilizar servicios sanitarios en condiciones adecuadas. Además, se complica la preparación de meriendas o almuerzos, cuando las escuelas cuentan con alimentos para distribuir.
Para muchas familias, la situación representa una carga adicional. Los hogares deben buscar agua, alimentos, productos de higiene y útiles escolares con ingresos limitados. La crisis económica, la escasez de productos básicos y las pocas oportunidades de empleo formal reducen la capacidad de los padres para suplir las necesidades que las escuelas no cubren.

Apagones, alimentación y falta de docentes completan el panorama
Las madres también relacionaron sus preocupaciones con los cortes de energía que afectan a la población. Los apagones prolongados alteran el descanso de los niños y dificultan la conservación y preparación de alimentos en las viviendas. Algunas consideran que un estudiante que llega a clases sin dormir o sin desayunar tiene menos posibilidades de concentrarse y aprender.
En los testimonios aparecen referencias al deterioro de los baños, la falta de agua corriente y la incertidumbre sobre la alimentación escolar. Algunas madres indicaron que podrían dejar a sus hijos en casa hasta que existan condiciones mínimas, mientras otras señalaron que esa posibilidad no está a su alcance porque deben trabajar o no cuentan con personas que puedan cuidar a los menores durante el día.
La asistencia a clases también genera un dilema para las familias. Quienes deciden enviar a sus hijos sostienen que la escuela ofrece un espacio de cuidado y convivencia con otros estudiantes. Quienes plantean no hacerlo temen que las carencias materiales expongan a los niños a condiciones que afectan su salud y su rendimiento académico.

El sistema educativo enfrenta además un déficit de al menos 24 mil docentes, equivalente al 12.5% de las plazas previstas, según la información disponible. El nuevo ciclo inició después de que el curso 2025-2026 terminara antes de lo programado por la crisis energética y la falta de combustible.




