El Aeropuerto Internacional de Ezeiza todavía estaba sumido en las penumbras de la madrugada de este lunes cuando el vuelo proveniente de Ámsterdam tocó pista a las 5:50. Pero el frío habitual de las primeras horas del día se disipó de inmediato. Pancartas, banderas albicelestes, camisetas y decenas de palos de hockey sostenidos por jóvenes promesas del deporte comenzaron a copar el hall de salida internacional. Todos esperaban a las campeonas; todos esperaban a Las Leonas. Pasadas las 6 de la mañana, luego del desembarco y el retiro del equipaje, el silencio habitual del aeropuerto se rompió con un cantito unánime: "Ohhh, Las Leonas, es un sentimiento, no puedo parar..." . Una a una, con las medallas de oro colgadas al cuello y portando la ansiada copa plateada, las jugadoras asomaron por la puerta principal desatando una verdadera fiesta popular entre las más de 200 personas y familiares que las aguardaban ansiosos. EL PESO DE LA GLORIA Y EL FIN DE UNA BARRERA Para la Selección Argentina de hockey femenino, este título mundial representa mucho más que una estrella dorada. Es la recompensa a la resiliencia. "Este recibimiento es algo hermoso, felicidad plena, absoluta", confesaron las deportistas en medio de la marea de abrazos y pedidos de fotos. Tras haber caído en las últimas tres finales de manera consecutiva, el desahogo fue total. "Rompimos la pared", expresaron las jugadoras con alivio y alegría al recordar el camino recorrido. La capitana del equipo, Majo Granatto —quien salió del aeropuerto empujando con orgullo el carrito de valijas con la Copa del Mundo en la cima—, resumió ese sentimiento de justicia deportiva: "Pesa. Un montón pesa. Todos estos años de esfuerzo, años de soñarlo, muchas derrotas también. Muchas derrotas porque hubo que pasarlas para hoy poder levantarla" . EL CAMINO HACIA LA HAZAÑA DE AMSTELVEEN La consagración en el Mundial de Bélgica y Países Bajos no fue un camino sencillo. Tras superar una fase de grupos con un empate ante Estados Unidos (1-1) y victorias sobre Alemania (3-2) y Escocia (2-0), el plantel conducido por Fernando Ferrara sorteó con éxito las fases de eliminación directa, incluyendo un ajustado triunfo 1-0 en semifinales ante Australia. Sin embargo, el verdadero examen de carácter ocurrió en la gran final de Amstelveen, ante las locales y entonces tricampeonas defensoras, Países Bajos. Las neerlandesas se pusieron en ventaja a los 14 minutos del segundo cuarto gracias a un gol de Jansen. Pero Las Leonas jamás bajaron los brazos. Cuando solo restaban seis minutos para el silbatazo final, Majo Granatto capturó un rebote cerca del arco rival y selló un agónico empate 1-1 que enmudeció a la hinchada local y llevó la definición a los penales shoot-outs. En la definición por penales, la arquera Cristina “China” Cosentino se agigantó bajo los tres palos tapando ejecuciones decisivas. Mientras Victoria Granatto, Brisa Bruggesser y finalmente Sofía Cairó convertían sus remates, Cosentino neutralizaba los intentos de las neerlandesas para sellar el 3-1 definitivo que le devolvió la corona mundial a la Argentina, sumando este logro a las históricas consagraciones de Perth 2002 y Rosario 2010. EL LEGADO PARA LAS FUTURAS LEONAS Más allá del trofeo, las jugadoras y el cuerpo técnico tienen claro que el mayor logro es el impacto que generan. En medio del tumulto de firmas y autógrafos en Ezeiza, Majo Granatto dejó un conmovedor mensaje para las cientos de niñas que madrugaron para recibirlas y sueñan con vestir la camiseta nacional: "Que sepan que cada vez que entramos a la cancha, pensamos en ellas. Jugamos para ellas, jugamos para todas las nenas que hacen este deporte y obviamente para toda Argentina también" . Con una enorme sonrisa y rodeada de afecto, la capitana concluyó con un consejo que trasciende las canchas: "Que sueñen, que sueñen siempre. Con esfuerzo, con sueños y oportunidades a veces las cosas se dan. Que disfruten mucho que es el deporte más lindo del mundo" Tras una mañana cargada de emociones, el plantel de Fernando Ferrara se retiró del aeropuerto para reencontrarse con la intimidad de sus hogares, listos para un merecido descanso antes de volver a la rutina diaria. La copa del mundo ya está en casa y el rugido de Las Leonas volvió a sonar en lo más alto del planeta