
Mientras en Reino Unido viven una absoluta floración de pulpos, en España, donde este producto tiene una gran importancia gastronómica, se experimenta desde hace años un severo declive. En el sur británico ha aumentado considerablemente el número de avistamientos y capturas de este animal, lo que podría estar generando un problema para las poblaciones de crustáceos, como los cangrejos, las langostas o las vieiras.
Sin embargo, se abre también para Reino Unido una nueva oportunidad económica: el país podría convertirse en un importante exportador de pulpo en un momento en el que la flota española flaquea.
La clave de la floración de pulpos en el sur de Reino Unido tenemos que encontrarla en el clima: ante el aumento de la temperatura en el mar, las aguas inglesas del Canal de la Mancha se han convertido en un entorno propicio para la proliferación de este cefalópodo, que habita comúnmente en aguas templadas.

Este no es el único ejemplo de lo que la emergencia climática puede hacer en el sector pesquero, que se está teniendo que adaptar a pasos agigantados a la llegada de nuevas especies o al declive de las que, hasta el momento, explotaba. Esto, en definitiva, alterará el suministro de pescado y, en consecuencia, los consumidores deberán también asumir cambios.
Del pulpo al bonito: cambios en los mares españoles, cada vez más calientes
El calentamiento de los mares y océanos que rodean España está generando consecuencias en varias de las especies pesqueras características de la cocina de nuestro país. Es el caso de la caballa, que lleva años sufriendo un intenso declive que denuncian los pescadores.
En el mes de julio, Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, señaló que España enfrenta una “difícil situación” con este pescado. Aunque parte de esta reducción se debe a la depredación por parte del atún rojo, el calentamiento del océano también está influyendo, pues desplaza hacia el norte la distribución y las zonas de reproducción de la caballa.
El aumento de las temperaturas también adelanta o retrasa las temporadas de pesca, al mismo tiempo que provoca distribuciones de las especies que obligan a los pescadores a desplazarse más lejos de la costa. Es el caso del bonito, que, por este incremento, se ha desplazado hacia zonas más alejadas, por lo que los barcos deben realizar travesías más largas.
Incluso estas nuevas condiciones climáticas pueden influir en la reproducción y desarrollo de los peces. Tal y como explica a EFEAgro Beatriz Guijarro, investigadora del Centro de Baleares del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), la merluza llega a su talla de primera madurez antes en los climas más cálidos, lo que genera diferencias en las épocas de reproducción.
Ante todas estas situaciones, las pesquerías tienen la difícil tarea de adaptarse, especialmente aquellas que están dirigidas a una especie en concreto o a zona específica. El mundo que conocemos, a medida que avanza el cambio climático, está cambiando, lo que implica soluciones rápidas.
Nuevas especies invasoras: entre la oportunidad de mercado y las reticencias
Mientras que las cada vez mayores temperaturas de los mares españoles suponen una amenaza para algunas especies, otras encuentran en ellas una oportunidad para expandirse. El mar Mediterráneo, por la rapidez a la que se calienta, es testigo de ello, fundamentalmente por su conexión con el canal de Suez, a través del que llevan muchos de estos peces exóticos que pueden convertirse en invasores.
Sin embargo, no todas estas especies llegan a través de esta vía. Algunas, como el cangrejo azul (Callinectes sapidus), son nativas del Atlántico occidental y parecen haber llegado a nuestras costas mediante el transporte marítimo.
Algunos de estos animales podrían ampliar la oferta para los pescadores, pasando a formar parte del consumo habitual. Sin embargo, con el invasivorismo existen todavía reticencias entre muchos consumidores e incluso también entre científicos. Un artículo liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y que fue publicado hace unos meses en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences analiza cómo el consumo de especies invasoras como el cangrejo azul podría generar incentivos para mantener o incluso aumentar su presencia a medida que se conviertan en un negocio, pese a los efectos que provocan en los ecosistemas y la biodiversidad autóctona.




