Alentado por su asesor Santiago Caputo y los informes de inteligencia de la SIDE, el Presidente decidió acelerar los tiempos y darle un marco especial a las sanciones que estaban analizando, desde hace un tiempo, para las empresas que participan de la explotación de recursos naturales en la zona de las Islas Malvinas.

La bandera que mostraron los jugadores de la Selección argentina en el Mundial, reivindicando la soberanía sobre el archipiélago, y la repercusión fue un llamado de atención para el gobierno de Javier Milei que no dejó pasar.

El fervor por Malvinas estaba volviendo a la superficie y no por la política sino por el fútbol. Era, entonces, una oportunidad que no había que dejar pasar.

Pero la decisión final estuvo dada por las declaraciones del presidente Donald Trump, quien abría la posibilidad a que los Estados Unidos revisaran su posición de neutralidad en el tema Malvinas, pero no por la Argentina, sino en represalia por la decisión de Downing Street de no acompañar los movimientos bélicos de Washington contra Irán y no aumentar su presupuesto para la OTAN como lo quería Trump.

Sumó entonces a su equipo de trabajo al canciller Pablo Quirno y escuchó los consejos de su hermana Karina Milei.

Se decidió utilizar la cadena nacional para darle un mayor sentimiento patriótico a los anuncios de ir contra las empresas que se dediquen a la exploración y explotación de petróleo, empezando por el proyecto offshore Sea Lion que trabaja sobre un yacimiento a 220 kilómetros al norte de Malvinas y a 450 metros de profundidad.

Una de las compañías es británica, la Rockhopper Exploration, pero la que tiene una mayor participación es la israelí Navitas Petroleum. Por eso hay que entender los contactos de la Casa Rosada con el gobierno de Benjamin Netanyahu en busca de ayuda.

Entre otras cosas, Milei quiere reforzar su alianza con Trump y espera también otro gesto del presidente de EE.UU. sobre esta cuestión.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente estadounidense Donald Trump. (Foto: Jonathan Ernst/REUTERS/Archivo)
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente estadounidense Donald Trump. (Foto: Jonathan Ernst/REUTERS/Archivo)

En su mensaje por cadena, Milei fue muy claro a la hora de mostrarse alineado con Washington y distante de Gran Bretaña, país al que lanzó duras críticas.

Milei no ahorró palabras al presentar a su gobierno como un “socio confiable” y un “aliado valioso” de Trump. “Alineado con los valores occidentales” y con un país ubicado “en una posición estratégica”.

El anuncio de la construcción de una base naval integrada en Ushuaia, como un centro logístico en el Atlántico Sur y con proyección a la Antártida, disparó la sospecha de la oposición sobre los intereses que pueda tener Trump para colocar a sus fuerzas armadas en la región.

En Londres, mientras tanto, utilizan una vez más el tema Malvinas y el respeto a la opinión de los kelpers para robustecer el sentimiento nacionalista.

Las voces oficiales no tardaron en responder, pero todas en la misma línea, que las islas son y serán británicas y que siempre se respetará el deseo de sus habitantes.

Pero fueron más allá y el portavoz del primer ministro Andy Burnham dijo que “las fuerzas armadas británicas están alertas las 24 horas del día, los 7 días de la semana, para proteger al Reino Unido y sus intereses”.

En realidad, esas palabras responden a cruces políticos esperados entre uno y otro país, pero nada más lejos de la realidad que pensar en otro conflicto bélico.

Si hasta el ex primer ministro Boris Johnson se metió para pedir más tropas a las islas y le lanzó un dardo a Milei al decir que “es anglófilo y admirador de Margareth Thatcher”.

Sus elogios a la Dama de Hierro, que ordenó el hundimiento del crucero General Belgrano, siempre fueron una piedra en el zapato para Milei, como también el momento donde dijo que se iban a poder recuperar las Malvinas cuando sus habitantes lo deseen, lo que se asemejó al principio de autodeterminación que sostienen los británicos.

Con la rapidez de un rayo, el presidente pasó de ser un entregador de las tierras argentinas a los extranjeros, según la óptica de la oposición, a un defensor a ultranza del territorio patrio.

Fue así que pidió apoyo en esta cruzada a Trump pero también a naciones amigas, entre ellas, las latinoamericanas.

Un hecho curioso se da en la relación con Chile, país que dio soporte a Gran Bretaña en la guerra de 1982 y ahora está dispuesto a abrir una ruta comercial entre Punta Arenas y Puerto Argentino, que puede servir, llegado el momento, para satisfacer las necesidades de las empresas que buscan petróleo en la zona.

Javier Milei y José Antonio Kast en el Palacio de la Moneda de Chile. (Foto: Presidencia)
Javier Milei y José Antonio Kast en el Palacio de la Moneda de Chile. (Foto: Presidencia)

Milei se reunió sobre el fin de la semana en Santiago de Chile con el presidente José Antonio Kast, que venía de ratificar la soberanía de su país sobre el estrecho de Magallanes luego de las declaraciones del jefe del Servicio de Hidrografía Naval, contraalmirante Hernán Montero y el jefe de la Fuerza Aérea argentina, brigadier general Gustavo Valverde, que despertaron la reacción del otro lado de la cordillera.

Kast subrayó que la Argentina “no tiene ni tendrá jamás soberanía ni control sobre el Estrecho de Magallanes”.

Mientras tanto, Milei siguió con el pie en el acelerador y publicó dos decretos, el 867 y el 868 que refuerzan los fondos para el ministerio de Defensa y que agiliza y endurece las sanciones a empresas petroleras que operen en forma ilegal en las zonas de Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.

En ese sentido, se iniciaron los correspondientes procesos para sancionar a los que violaron la ley 26.659, de 2011, por desarrollar actividades vinculadas con la exploración y explotación de hidrocarburos.

Esa ley, impulsada por en su momento por Fernando “Pino” Solanas, es la que el gobierno quiere ampliar para que los alcances de las sanciones lleguen a proveedores, accionistas y directores.

Además, hay un mensaje claro. Si algunas de esas empresas o proveedores quieren operar en la Argentina, comenzando por Vaca Muerta, no podrán tener ningún tipo de participación en compañías que perforan en los alrededores de Malvinas.

Y como para demostrar que no quiere perder el tiempo, Milei ordenó girar unos 200 mil millones de pesos para la base naval de Ushuaia y la Petrel en la Antártida.

Ahora, viene un proceso que no será simple para el gobierno. Una vez que se presenten en el Congreso los respectivos proyectos de los anuncios de Milei, la Casa Rosada deberá lograr que la oposición esté dispuesta a tratarlo lo más rápido posible. Y también la ratificación de los DNU.

Por estas horas, en la oposición se debate cómo acompañar un tema que siempre estuvo en la agenda del kirchnerismo y de otras fuerzas políticas.

Por lo pronto, el peronismo ya pidió que cuando lleguen los proyectos al Congreso, sean tratados por lo menos por las comisiones de Defensa y de Relaciones Exteriores. Quieren saber su contenido, en espacial, lo que se refiere a la creación de un Consejo de Seguridad Nacional, al estilo del que funciona en los Estados Unidos. Y cuál es el origen de los fondos para la construcción de la base naval de Ushuaia.

La pregunta que por ahora no tiene respuesta es cómo se harán lugar los proyectos de Malvinas en medio de otras prioridades que tiene el gobierno como las leyes económicas y la reforma electoral, con eje en la eliminación o suspensión de las PASO.

En los bloques de La Libertad Avanza de ambas cámaras y en la Mesa Política del gobierno, esperan las órdenes de Milei.

Lo concreto es que el presidente logró cambiar la agenda de debate con la oposición, que se centraba en la morosidad de los que se endeudan para llegar a fin de mes, los salarios que no alcanzan, los aumentos de precios y la falta de trabajo.

Se verá por cuánto tiempo.