
En uno de los territorios más secos del planeta, el paisaje podría transformarse en un extenso mosaico de colores durante las próximas semanas.
El desierto de Atacama, ubicado en el norte de Chile, atraviesa un período excepcional después de las lluvias registradas en agosto de 2026, un fenómeno que favorece la aparición de miles de flores en una región caracterizada durante gran parte del año por sus condiciones extremas.
Un informe de Wildlife Magazine, que citó una previsión de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), señaló que la floración podría comenzar a principios de septiembre y alcanzar su máxima intensidad durante la segunda mitad de octubre.

La Corporación Nacional Forestal de Chile estima que, si las condiciones se mantienen, el denominado Desierto Florido podría extenderse por hasta 15.000 kilómetros cuadrados, en uno de los episodios naturales más llamativos de este árido territorio.
Un desierto marcado por la falta de precipitaciones
El Atacama se extiende por más de 1.000 kilómetros al oeste de la cordillera de los Andes y ocupa unos 105.000 kilómetros cuadrados. Es considerado el desierto no polar más seco del mundo, con sectores donde la presencia de agua es prácticamente inexistente.
Su ubicación explica buena parte de esta característica. La cordillera de los Andes bloquea la humedad procedente de la región amazónica, mientras que la fría corriente de Humboldt enfría el aire sobre el océano Pacífico e impide que las nubes asciendan y descarguen precipitaciones con facilidad.

El promedio anual ronda los 15 milímetros de lluvia, frente a unos 75 milímetros en el Sahara. Existen áreas que reciben apenas entre 1 y 3 milímetros al año, mientras que algunas estaciones meteorológicas instaladas en el núcleo hiperárido nunca registraron precipitaciones.
Las investigaciones recientes también modificaron la estimación sobre la antigüedad de estas condiciones. Estudios citados por Wildlife Magazine indican que la hiperaridez podría remontarse a unos 45 millones de años, poco después de un período de enfriamiento global.
Más de 200 especies pueden cubrir el suelo de flores
La transformación ocurre cuando coinciden determinados factores ambientales. Para que se produzca la floración se necesitan entre 15 y 30 milímetros de precipitaciones, principalmente durante junio y julio, junto con una acumulación suficiente de horas de frío.
Esas condiciones permiten que las semillas latentes bajo tierra comiencen a desarrollarse. Cuando el proceso se activa, más de 200 tipos de flores pueden aparecer en distintos sectores del territorio.

Entre las especies vegetales presentes en el Atacama se encuentran hierbas y flores como el tomillo, la llareta y la salicornia. En zonas donde existe mayor disponibilidad de humedad también crecen árboles como el tamarugo, el chañar, el pimiento y el algarrobo.
Las lluvias inusualmente intensas de agosto de 2026 alimentaron las expectativas para esta temporada. Según la información publicada por Wildlife Magazine, la floración prevista para este año podría alcanzar una extensión extraordinaria y cubrir grandes superficies del desierto con especies de diferentes colores.
Un territorio con fauna adaptada a condiciones extremas
La vida silvestre también encuentra refugios en sectores donde las condiciones permiten la existencia de vegetación. Entre ellos se encuentran las lomas, áreas favorecidas por la humedad de la niebla costera conocida como Camanchaca.
En esos ambientes aparecen insectos como saltamontes, escarabajos, avispas y mariposas, mientras que algunas especies de reptiles sobreviven en lugares específicos. El sapo vallenar habita las lomas y distintos lagartos del género Liolaemus pueden encontrarse en las salinas. El lagarto de Fabian, por su parte, es endémico del Salar de Atacama.

Entre los mamíferos figuran el ratón orejudo de Darwin, el zorro gris sudamericano y la vizcacha. La diversidad de aves es mayor e incluye al pingüino de Humboldt en la costa y al flamenco andino en las salinas interiores.
Un paisaje clave para la astronomía y la investigación
Las características del Atacama también lo convierten en un lugar relevante para la ciencia. La altitud, la sequedad atmosférica y la escasa contaminación lumínica favorecen la observación del cielo y permitieron instalar grandes instrumentos astronómicos, entre ellos el Atacama Large Millimeter Array (ALMA).
Algunas áreas presentan además una composición del suelo y una escasez de microorganismos que ofrecen condiciones útiles para probar instrumentos destinados a futuras misiones a Marte.
Pese a sus condiciones extremas, el territorio también mantiene una presencia humana histórica. Los pueblos indígenas habitan la región desde hace más de 11.000 años.
Actualmente, más de un millón de personas viven en el área, principalmente en ciudades costeras como Antofagasta e Iquique, localidades mineras y asentamientos ubicados en oasis, entre ellos San Pedro de Atacama.



