
Un análisis de ADN antiguo publicado en Current Biology revela que el guepardo americano (Miracinonyx trumani) estaba más emparentado con el puma que con el guepardo africano, lo que replantea su lugar en la evolución de los felinos.
Durante décadas, los paleontólogos clasificaron al M. trumani como un pariente cercano del guepardo (Acinonyx jubatus) basándose en rasgos físicos compartidos: extremidades delanteras largas, cavidades nasales amplias y un cuerpo esbelto.
La presencia de sus fósiles junto a restos de berrendos —el antílope americano, uno de los animales terrestres más veloces del continente— reforzaba la imagen de un cazador de alta velocidad que perseguía presas en campo abierto.
Sin embargo, al comparar el material genético de M. trumani con el de nueve especies felinas —desde el gato doméstico hasta el león—, el equipo de la Universidad de California en Santa Cruz (UCSC) determinó que el ancestro común más reciente entre el guepardo americano y el puma vivió hace unos 2,6 millones de años, mientras que el vínculo con el guepardo africano se remonta a 4,7 millones de años. La diferencia entre ambos linajes es de 2,1 millones de años.
Los especímenes hallados en el Yukón amplían el rango geográfico de la especie hasta 20° de latitud

El estudio se apoya en cuatro de los conjuntos de ADN más completos de M. trumani obtenidos hasta la fecha. Molly Cassatt-Johnstone, bióloga evolutiva de la UCSC y autora principal del trabajo, explicó que uno de los especímenes fue hallado en Wyoming, mientras que los otros tres provienen del territorio del Yukón, en Canadá. Estas últimas muestras habían sido atribuidas previamente a una especie felina distinta, pero el equipo demostró que pertenecen también a M. trumani.
El descubrimiento implica que este felino habitó territorios hasta 20° de latitud más al norte de lo que los especialistas suponían, adentrándose en la Beringia: la extensa franja continental que durante el Pleistoceno conectaba el noreste de Asia con el noroeste de América del Norte y que hoy yace sumergida en el océano Pacífico.
“Es realmente sorprendente identificar a otro depredador presente en la Beringia”, declaró Cassatt-Johnstone en un comunicado recogido por Popular Science, revista de divulgación científica.
La dieta variaba según la región: peces en el norte, herbívoros en las praderas del sur

La presencia del M. trumani en latitudes tan elevadas plantea una pregunta inmediata: ¿de qué se alimentaba en el Yukón si los berrendos no vivían allí? El análisis de los niveles de carbono y nitrógeno en los fósiles del norte reveló que la dieta de esos individuos estaba compuesta casi en su totalidad por peces, a diferencia de los especímenes de Wyoming, cuya alimentación se basaba principalmente en herbívoros terrestres.
Esta capacidad de adaptación dietaria sugiere que M. trumani no era el especialista en caza a alta velocidad que su morfología hacía suponer, sino un depredador con estrategias de supervivencia más diversas.
Dos genes alterados le permitían operar en los extremos de luz y oscuridad del norte
El equipo también identificó dos genes vinculados al ritmo circadiano que se encontraban inactivos en M. trumani. Esa particularidad genética habría permitido al animal adaptarse a los períodos prolongados de luz diurna y oscuridad total característicos de las latitudes árticas, y posiblemente lo convirtió en un cazador nocturno.

“Es muy difícil imaginar una especie prehistórica que nunca hemos visto sin compararla con algo que conocemos”, afirmó Cassatt-Johnstone en declaraciones recogidas por Popular Science. “Pero ese enfoque puede limitar nuestra comprensión de la complejidad de los animales antiguos, sus historias evolutivas únicas y sus comportamientos”, agregó.
El conjunto de pruebas apunta a un felino de alta plasticidad ecológica, capaz de prosperar en ecosistemas tan distintos como las praderas abiertas del centro de América del Norte y las regiones subárticas de Canadá.



