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Construyó un imperio con un ejército en marcha, sin un heredero y con un plan de conquista que nadie completó: así nació la leyenda de Alejandro Magno

Alejandro Magno murió a los 32 años mientras preparaba una nueva campaña militar desde Babilonia , un plan que tenía a Arabia como primer objetivo y que podía seguir luego hacia el Mediterráneo occidental. La reconstrucción de sus últimos días también reabre una discusión histórica: qué causó su mue

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Construyó un imperio con un ejército en marcha, sin un heredero y con un plan de conquista que nadie completó: así nació la leyenda de Alejandro Magno
Alejandro Magno murió en Babilonia en junio de 323 a. C., a los 32 años, mientras preparaba una nueva campaña militar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Alejandro Magno murió a los 32 años mientras preparaba una nueva campaña militar desde Babilonia, un plan que tenía a Arabia como primer objetivo y que podía seguir luego hacia el Mediterráneo occidental. La reconstrucción de sus últimos días también reabre una discusión histórica: qué causó su muerte en Babilonia, en junio de 323 a. C.

Según reconstruyó HistoryExtra, el rey de Macedonia había construido en poco más de una década el mayor imperio conocido hasta entonces en el mundo antiguo. Su dominio iba desde Grecia y Egipto hasta regiones del antiguo Imperio persa que hoy forman parte de Afganistán y Pakistán. En ese momento no pensaba detenerse. Preparaba barcos, tropas y suministros para una nueva expansión.

La muerte en Babilonia y las hipótesis sobre su final

La secuencia final comienza con un cuadro de fiebre que avanzó durante cerca de dos semanas. Las fuentes antiguas difieren en varios puntos, pero coinciden en lo central: después de un banquete y de beber en exceso, Alejandro Magno empezó a debilitarse, perdió la capacidad de hablar y de moverse, y murió poco después.

El historiador Edmund Richardson, citado en un pódcast de HistoryExtra, repasó las explicaciones que circularon desde la Antigüedad. Entre ellas aparecen el exceso de alcohol, una enfermedad infecciosa y la hipótesis del envenenamiento. Sobre esta última, sostuvo que muchas de esas versiones nacieron en medio de las disputas políticas posteriores y sirvieron para dañar rivales.

El especialista descartó, de todos modos, la idea de un veneno de acción lenta como el que describen varios relatos posteriores. Según planteó, el mundo antiguo conocía sustancias tóxicas, pero no compuestos capaces de provocar un deterioro gradual de unas dos semanas como el que se atribuye al final del monarca.

La explicación que Richardson consideró más sólida remite a una enfermedad infecciosa. Su hipótesis principal es que Alejandro murió de fiebre tifoidea, causada por contaminación del agua en Babilonia. Esa interpretación se apoya en las condiciones sanitarias de la ciudad durante la llegada del ejército macedonio.

El campamento del ejército macedonio sobre el Éufrates pudo contaminar el agua con residuos orgánicos y favorecer bacterias asociadas a la fiebre tifoidea (Imagen Ilustrativa Infobae)

El agua del Éufrates y la hipótesis de la fiebre tifoidea

Babilonia, sobre el río Éufrates en la actual Irak, era un centro político y logístico ideal para administrar un territorio extenso. Su ubicación conectaba el este y el oeste del imperio y daba acceso al golfo Pérsico por vía fluvial. Por eso se perfilaba como base de la próxima campaña.

Según explicó Richardson, el problema surgió por la instalación del enorme contingente que acompañaba al conquistador. La comitiva incluía decenas de miles de soldados, marineros, ingenieros, sirvientes, artesanos y comerciantes, además de caballos, mulas, camellos, burros y elefantes. Buena parte del grupo acampó río arriba, cerca de las orillas del Éufrates.

Ese despliegue pudo alterar de forma severa la calidad del agua. La presencia prolongada de miles de personas y animales sobre el mismo curso fluvial habría favorecido la contaminación por residuos orgánicos. Richardson afirmó que modelos informáticos elaborados para su libro mostraron un fuerte aumento de bacterias como salmonella, E. coli y el agente que causa la fiebre tifoidea.

La enfermedad se transmite por alimentos o agua contaminados con materia fecal y puede causar fiebre persistente, agotamiento, dolor abdominal, delirio y complicaciones intestinales. Sin tratamiento, puede ser mortal. En ese marco, la muerte de Alejandro Magno aparece menos ligada a una intriga palaciega que a un problema sanitario asociado al movimiento masivo de su propio ejército.

El medio británico añadió un contraste relevante. Babilonia tenía uno de los sistemas de gestión del agua más desarrollados del mundo antiguo, y el cuidado de canales y suministros era una preocupación central desde siglos antes, incluso desde el código de Hammurabi en el siglo XVIII a. C. Aun así, la llegada de una concentración humana y animal de gran escala pudo alterar ese equilibrio en poco tiempo.

La muerte de Alejandro Magno interrumpió sus planes de expansión y derivó en las Guerras de los Sucesores, que fragmentaron su imperio en reinos helenísticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué campaña preparaba antes de morir

La muerte del rey abrió otra pregunta que sigue vigente entre historiadores: hacia dónde pensaba marchar después. Las evidencias conservadas son fragmentarias y provienen de autores posteriores, por lo que exigen cautela. Aun así, Richardson consideró plausible que existiera un plan militar concreto y de gran alcance, con su primera meta en la península arábiga.

De acuerdo con ese repaso, había señales de la construcción de una nueva flota para llevar tropas alrededor de Arabia y luego avanzar por la costa hasta los puertos egipcios del mar Rojo. El objetivo no era solo territorial. Arabia controlaba rutas comerciales valiosas para productos de lujo como incienso, olíbano y mirra, además de conexiones entre Mesopotamia, Egipto y el resto del Mediterráneo.

Si esa expedición se completaba, el siguiente escenario podía quedar más al oeste. Uno de los generales de mayor confianza de Alejandro, Crátero, recibió la orden de marchar hacia Macedonia y, en el trayecto, organizar astilleros y embarcaciones de gran tamaño sobre la costa mediterránea. Ese dato refuerza la idea de una futura operación naval de gran escala.

Entre los posibles destinos aparece Cartago, potencia comercial y marítima fundada por colonos fenicios de Tiro. Una campaña contra esa ciudad habría extendido la ofensiva que años antes terminó con la caída de Tiro tras el célebre sitio de 332 a. C. También aparece otra alternativa: el sur de Italia, la región de la Magna Grecia, donde se concentraban colonias griegas ricas y cada vez más expuestas al crecimiento de Roma.

En 323 a. C., Roma todavía no era el imperio que dominaría el Mediterráneo siglos después, aunque expandía su influencia en la península itálica por medio de conquistas y alianzas. Un avance de Alejandro Magno hacia esa zona habría abierto la posibilidad de un choque entre dos procesos de expansión que luego marcaron la historia antigua por separado.

La muerte del conquistador interrumpió todos esos planes. Sin un heredero adulto reconocido ni un esquema sucesorio aceptado, sus generales empezaron a repartirse los territorios en pocos meses. De esa disputa surgieron las llamadas Guerras de los Sucesores, una serie de conflictos que transformó el imperio unificado en varios reinos helenísticos. El mapa que dejó Alejandro terminó definido menos por la campaña que preparaba que por la fragmentación que siguió a su muerte.

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