
Un vuelo comercial de París a Nueva York no suele durar menos de ocho horas. Es algo a tener en cuenta a la hora de viajar al continente americano desde Europa, según quién, incluso un elemento disuasorio o, como mínimo, nada que uno no preferiría evitar si tuviese la elección. Y si la elección es comprar o no el billete, lo dicho: un elemento disuasorio.
Durante 27 años de la historia de la aviación, sin embargo, de ser lo suficientemente “pudiente” uno podía recortar el viaje y hacerse la ruta transatlántica en algo más de la mitad de lo que tarda un tren en llegar de Murcia a Sevilla, aunque quizás esto dice más sobre la infraestructura ferroviaria andaluza que sobre lo impresionante de la velocidad de ningún vuelo.
El Concorde, avión supersónico comercial
El Concorde realizó su primer vuelo el 2 de marzo de 1969 y entró en servicio comercial en 1976. Era un avión diseñado por Francia y Reino Unido para viajar a velocidades superiores a la del sonido. En total se construyeron 20 unidades, entre prototipos, aeronaves de pruebas y aparatos comerciales. Air France y British Airways fueron las únicas compañías que lo operaron.
El avión volaba a más de Mach 2 (2.150 kilómetros por hora), el doble de la velocidad del sonido, y alcanzaba unos 18.000 metros de altitud. El mismo vuelo de París a Nueva York que hoy lleva una jornada laboral entera llevaba solo unas tres horas y media a bordo de esta aeronave, cuyos trayectos conectaban principalmente Europa y Estados Unidos. El 24 de octubre de 2003, British Airways efectuó el último servicio comercial y puso fin a la operación regular del modelo.

El consumo y el estampido sónico limitaron las rutas del Concorde
La velocidad tenía un coste. El Museum of Flight calcula que un trayecto del Concorde consumía 6.771 galones de combustible por hora de vuelo, unos 25.600 litros, casi cuatro veces lo que consume un jumbo de largo alcance. Esta cifra dificultaba la rentabilidad, sobre todo en periodos de encarecimiento del carburante. De ahí que cada billete fuese tan caro: según el portal web de la Asociación de pilotos y propietarios de aviones (AOPA), cada vuelo en esta máquina llegó a costar por cabeza unos 10.000 dólares, unos 8.600 euros.
También existían límites geográficos. Al cruzar la barrera del sonido, el aparato generaba un estampido sónico, una onda de choque que podía romper cristales y causar molestias en zonas pobladas. Por ello, los vuelos supersónicos se realizaban sobre el océano. Esa condición reducía el número de rutas posibles.
El Concorde conectó, entre otras ciudades, Río de Janeiro, Washington y Nueva York. A lo largo de su vida operativa acumuló 17.824 horas de vuelo. Su estructura, construida sobre todo con aluminio y aleaciones resistentes al calor, se dilataba entre 15 y 25 centímetros durante los vuelos a Mach 2 por la fricción generada por el aire a esas velocidades. Su morro abatible permitía mejorar la visibilidad en el despegue y el aterrizaje, necesario porque las alas en delta obligaban al avión a adoptar un ángulo elevado en esas maniobras y el fuselaje largo dificultaba la visión desde la cabina.

Un accidente en París aceleró la retirada del modelo
El 25 de julio de 2000, el vuelo 4590 de Air France se estrelló poco después de despegar del aeropuerto de París-Charles de Gaulle. Un objeto metálico que había quedado en la pista reventó un neumático. El impacto de los fragmentos contra el ala provocó la rotura de un depósito de combustible, una fuga y un incendio que afectó a los motores.
El avión cayó sobre un hotel cercano. Murieron 113 personas, entre los 109 ocupantes del aparato y cuatro personas que estaban en tierra. La flota quedó paralizada durante más de un año. Los aviones volvieron a operar tras incorporar modificaciones, aunque el accidente se sumó a los costes y a las restricciones que ya condicionaban el programa y su retorno al servicio fue breve y escaso. Hace 23 años, en octubre de 2003, el Concorde efectuó su último servicio comercial, un trayecto desde Nueva York hasta el Aeropuerto de Heathrow. El 26 de noviembre de 2003, el Concorde voló por última vez entre Londres-Heathrow y Bristol. No fue un servicio comercial, sino el traslado final de la aeronave.

Overture y Halcyon plantearon nuevas rutas a alta velocidad
Dos décadas después, varias empresas han anunciado proyectos para recuperar el transporte de pasajeros a velocidades supersónicas o hipersónicas. En junio de 2023, Boom Supersonic comunicó acuerdos con las compañías españolas Aernnova y Aciturri para el desarrollo del Overture.
Aernnova debía participar en el diseño y desarrollo mientras que Aciturri asumiría el empenaje, con los estabilizadores, el timón y los elevadores. El proyecto contempla entre 65 y 80 pasajeros, una velocidad de Mach 1,7 (2099,16 km/h) sobre el agua y un alcance de 7.871 kilómetros.
Por su parte, Hermeus plantea el Halcyon, un avión hipersónico para 125 viajeros, capaz de llegar a 6.000 km/h. Hermeus presentó el Halcyon como una propuesta de avión hipersónico de pasajeros. Según las previsiones difundidas por la empresa y recogidas en 2023 y 2024, tendría capacidad para 125 viajeros, alcanzaría los 6.000 kilómetros por hora y podría cubrir la ruta entre Madrid y Nueva York en unos 90 minutos. La compañía ha centrado después sus anuncios en las pruebas de los modelos no tripulados Quarterhorse y Darkhorse.




