La industria cafetera colombiana ha recurrido a las importaciones para mantener el abastecimiento del mercado interno ante la menor disponibilidad de grano nacional -crédito Luis Eduardo Noriega/EFE

Colombia importó 1,55 millones de sacos de café durante los últimos doce meses, una cifra que adquiere especial relevancia frente a un consumo interno que se mantiene entre 2,32 y 2,4 millones de sacos. Para la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), el ingreso de grano extranjero responde, en buena parte, a la menor disponibilidad registrada durante el periodo y a la necesidad de mantener abastecida a la industria.

Germán Bahamón, gerente de la Federación, reconoció que las importaciones hacen parte de la dinámica actual del mercado y defendió su legalidad. “el dato es nuestro. Lo publica la Federación de Cafeteros y no lo escondemos. Buena parte responde a una necesidad real en un año de menor disponibilidad, que obliga a garantizar el abastecimiento de la industria, y eso es legítimo”.

El gremio busca que los consumidores puedan distinguir entre café colombiano y productos elaborados con grano importado antes de tomar una decisión de compra -crédito Luis Jaime Acosta/REUTERS

El debate para el gremio está en lo que ocurre después con ese café y en las condiciones bajo las cuales compite en el mercado nacional. Bahamón cuestionó la llamada “arquitectura de precio”, una dinámica que, según explicó, busca llevar el valor del producto en las góndolas al nivel más bajo posible, aunque ese precio no necesariamente corresponda con lo que cuesta producir café en Colombia.

La discusión tiene un componente directo para los productores. El valor de referencia de un kilo de café colombiano está condicionado por variables como la cotización en la bolsa de Nueva York, la prima por origen y la tasa de cambio. Por debajo de esos factores se encuentran los costos de producción, entre ellos los jornales, los fertilizantes y la recolección, que determinan el ingreso de más de 500.000 familias cafeteras.

Por esa razón, el gerente de la FNC sostiene que existe un límite económico para el café colombiano. Cuando el producto tostado llega a los supermercados con un precio inferior a ese nivel, “no puede ser colombiano” por la estructura de costos. Para la Federación, la discusión sobre cuánto cuesta el producto termina relacionada directamente con la identificación de su procedencia.

Más de 500.000 familias cafeteras dependen de los ingresos generados por la producción del grano en Colombia -crédito Luisa González/REUTERS

Federación propone identificar el origen del café en los empaques

La alternativa que plantea el gremio es establecer una regla para que el origen del café aparezca en los empaques de forma clara, visible y fácil de encontrar. La información tendría que ocupar un lugar comparable al destinado al peso neto o a los gramos del producto.

La intención es que cualquier comprador pueda saber, sin conocimientos especializados, si está adquiriendo café 100% colombiano o un producto elaborado con grano de otro origen. La Federación busca que esa exigencia sea aplicable a todos los participantes del mercado y se convierta en una regla común.

Bahamón aseguró que el gremio está dispuesto a discutir la propuesta con representantes de la industria, el Congreso, el Gobierno y otros sectores involucrados. El argumento es que los consumidores, después de enfrentar durante el último periodo los precios más altos del café en décadas y mantener su consumo, tienen derecho a conocer con precisión qué producto están llevando a casa.

 La Federación Nacional de Cafeteros plantea que el origen del café debe aparecer en los empaques de manera visible y fácil de identificar para los consumidores -crédito Mauricio Dueñas Castañeda/EFE

“Se ganó el derecho a saber qué está tomando”. Con esa información disponible, plantea la Federación, la elección de un café diferente al colombiano sería una decisión consciente del comprador y no consecuencia de una información poco visible en el empaque.

La discusión también apunta a una transformación de la cadena cafetera. El gremio busca aumentar el valor de la categoría en el mercado nacional, fortalecer el conocimiento de los consumidores sobre los distintos orígenes y calidades e impulsar una mayor industrialización del café producido por las familias colombianas.

La propuesta llega mientras la producción enfrenta dificultades, las exportaciones acumulan una reducción de 12% en doce meses y los precios internos muestran una tendencia descendente. Para la Federación, identificar el origen del café que se vende en Colombia puede convertirse en una herramienta para proteger el valor del producto nacional y los ingresos de quienes lo cultivan.