
Una proteína de la placenta podría permitir detectar durante el primer trimestre algunos de los embarazos con mayor riesgo de sufrir complicaciones graves.
Según informó Science, un estudio publicado en Nature Medicine identificó niveles reducidos de ISM2 en la sangre de mujeres embarazadas como una señal asociada posteriormente con preeclampsia y restricción del crecimiento fetal.
El hallazgo podría facilitar la identificación temprana de pacientes que requieren un seguimiento más estrecho. Los investigadores también encontraron indicios de que la proteína no funciona únicamente como un marcador.

Experimentos realizados con células placentarias sugirieron que la ISM2 participa en un proceso fundamental para el desarrollo adecuado de la placenta.
Una señal detectable desde las primeras semanas
La investigación se basó inicialmente en muestras de sangre de más de 4.500 mujeres británicas que participaron en el Estudio de Predicción de Resultados del Embarazo (POPS).
Las participantes aportaron muestras en cuatro momentos diferentes de la gestación y sus datos permitieron relacionar las concentraciones de distintas proteínas con las complicaciones registradas posteriormente.
El equipo analizó cerca de 3.000 proteínas y encontró una asociación especialmente relevante con la ISM2, una proteína poco estudiada que es producida por la placenta.

Las concentraciones más bajas observadas alrededor de las 12 semanas de embarazo se relacionaron con una mayor probabilidad de desarrollar preeclampsia, restricción del crecimiento fetal o ambas afecciones.
Los investigadores comprobaron el mismo patrón en otros dos grupos de datos: el estudio de seguimiento POPS2 y una investigación independiente realizada en Suecia. En esos análisis, los niveles de ISM2 también mostraron capacidad para anticipar ambas complicaciones y superaron como predictores a algunas proteínas utilizadas actualmente.
El papel de la placenta en las complicaciones
La preeclampsia es un trastorno caracterizado por presión arterial elevada durante el embarazo. La restricción del crecimiento fetal ocurre cuando el bebé no alcanza el desarrollo esperado dentro del útero.
Aunque ambas condiciones suelen identificarse en fases avanzadas de la gestación, pueden estar relacionadas con alteraciones que comienzan mucho antes, durante la formación de la placenta.

En un embarazo normal, unas células especializadas conocidas como trofoblastos extravellosos (EVT) penetran en el tejido uterino y contribuyen a establecer una circulación sanguínea adecuada entre la madre y el feto.
Cuando este proceso presenta dificultades, la placenta puede recibir cantidades insuficientes de oxígeno y nutrientes. Esto puede afectar el crecimiento fetal y favorecer alteraciones en los vasos sanguíneos maternos asociadas con la hipertensión.
Los experimentos realizados por el equipo aportaron evidencias sobre la función de ISM2. Cuando los científicos bloquearon la producción de esta proteína en células que normalmente se convierten en EVT, las células dejaron de desarrollar correctamente su capacidad para invadir el tejido.
En otro experimento, incorporar ISM2 a una línea celular que normalmente carecía de ella provocó una migración celular similar a la observada en los EVT.

“Está claro que se necesita ISM2 para que una célula EVT sea invasiva”, explicó Steve Charnock-Jones, biólogo molecular de la Universidad de Cambridge y uno de los autores del trabajo.
El investigador señaló que todavía no se conoce con precisión cómo interviene la proteína en ese mecanismo y planteó que podría aumentar la sensibilidad de estas células a otras señales moleculares del útero.
El posible desarrollo de un análisis de sangre
Los resultados despertaron interés por su posible aplicación clínica. Cathy Cluver, médica e investigadora de la Universidad de Stellenbosch que no participó en la investigación, destacó que identificar un biomarcador capaz de anticipar tanto la preeclampsia como la restricción del crecimiento fetal constituye un avance relevante.
La investigación fue adquirida por Medicines360, una organización sin fines de lucro con sede en San Francisco, con el objetivo de convertir estos resultados en un análisis de sangre.

La compañía desarrolla un estudio destinado a reunir información para solicitar la aprobación de la prueba ante la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y otros organismos reguladores.
El trabajo también plantea una posible línea terapéutica. Para las embarazadas con concentraciones reducidas de ISM2, elevar los niveles de la proteína podría ser beneficioso, aunque los propios investigadores consideran que hacerlo presenta dificultades técnicas.
La dirección podría ser diferente en el caso del embarazo ectópico, una condición potencialmente mortal en la que el embrión se implanta fuera de la cavidad uterina.

En ese escenario, bloquear ISM2 mediante anticuerpos diseñados específicamente podría limitar la capacidad invasiva de los EVT e impedir que el embrión acceda al suministro de oxígeno y nutrientes necesario para continuar su desarrollo.
Aún quedan interrogantes sobre las causas de las diferencias en los niveles de ISM2 entre las mujeres y sobre los mecanismos mediante los cuales la proteína interviene en la formación de la placenta. Esas cuestiones forman parte de las próximas investigaciones planteadas por el equipo de Cambridge.




