El Porvenir, en Trujillo, guarda una historia que va más allá de las calles asociadas hoy a la inseguridad. El distrito pasó de ser una zona periférica, con sectores arenosos y de difícil acceso, a convertirse en uno de los territorios vinculados al crecimiento de Los Pulpos, organización criminal que extendió sus actividades por La Libertad y otros países.
La reciente captura de Jhonsson Pulpo en Bolivia volvió a colocar a El Porvenir en el centro de la atención. El hombre, señalado como uno de los principales cabecillas de la organización, representa la tercera generación de una familia vinculada al grupo criminal. Su historia permite reconstruir cómo una pandilla surgida en los años noventa terminó relacionada con extorsiones, secuestros y homicidios.
Sin embargo, el crecimiento de Los Pulpos ocurrió mientras El Porvenir también cambiaba. El distrito se expandió y desarrolló una intensa actividad económica, mientras distintas generaciones de vecinos aprendieron a convivir con la presencia de organizaciones criminales. El reportaje de ATV Noticias reconstruyó ese proceso y mostró cómo este territorio terminó convirtiéndose en un escenario clave para el crimen organizado.

Las condiciones que marcaron el nacimiento de Los Pulpos en El Porvenir
Cuando Los Pulpos comenzó a tomar forma, durante los años noventa, El Porvenir tenía una imagen muy distinta. Vecinos entrevistados recuerdan calles arenosas, viviendas dispersas y una infraestructura precaria. En algunos sectores incluso faltaba iluminación pública.
El cerro Cruz Blanca también tenía otra configuración. Durante aquellos años era una zona prácticamente deshabitada y de difícil acceso. Esa geografía terminó favoreciendo a quienes buscaban refugiarse de la Policía y dificultó los operativos en determinados sectores del distrito.

El historiador Jorge Nureña, investigador de Los Pulpos, explicó a ATV que la poca accesibilidad permitía que los integrantes de la organización se escondieran con mayor facilidad. En algunos casos, los agentes tuvieron que utilizar caballos porque las camionetas policiales no podían ingresar rápidamente.
En ese contexto surgió una pandilla relacionada inicialmente con hurtos y robos. Durante los años 2000, según Nureña, el grupo dio un salto hacia actividades más organizadas y planificadas. Así comenzó la transformación que convertiría a Los Pulpos en una estructura criminal de mayor alcance.
De Teófilo Cruz a Jhonsson Pulpo: una familia marcada por el crimen
La historia de Los Pulpos quedó marcada por una sucesión familiar. Teófilo Cruz Álvarez aparece como una de las primeras figuras del clan. Sus hijos Miller, John, Milton, Eddie y Katy también fueron vinculados a actividades delictivas y algunos pasaron largos periodos en prisión.
Una de las figuras centrales de la segunda generación fue Jhon Cruz Arce, alias ‘John Pulpo’. Tras su ingreso a prisión, una nueva generación comenzó a ganar espacio dentro de la organización. Su hijo, Jhonsson Smith Cruz Torres, asumiría posteriormente un papel central.

Conocido como ‘Jhonsson Pulpo’, comenzó a involucrarse en la organización desde joven y llegó a ser señalado como uno de sus principales cabecillas. Bajo su liderazgo, las investigaciones atribuyeron a la banda delitos como extorsiones, secuestros, homicidios, sicariato y tráfico de terrenos.
Su fuga también alimentó la historia criminal del grupo. Jhonsson Pulpo fingió su muerte, utilizó identidades falsas y habría recurrido a cirugías para modificar su apariencia. Finalmente, fue ubicado y capturado en Bolivia tras permanecer prófugo durante años.
El crimen creció junto al distrito: extorsiones, secuestros y nuevas bandas
La historia de El Porvenir tampoco quedó limitada a Los Pulpos. Con el paso de los años aparecieron otras organizaciones, entre ellas Los Plataneros, Los Malditos del Triunfo y Los Malditos de Río Seco, vinculadas a distintos hechos delictivos en Trujillo.
Los Malditos de Río Seco incluso aparecen relacionados con familiares de ‘Gringasho’. En mayo, su medio hermano fue detenido después de la detonación de un explosivo en la fachada de un colegio. La Policía también investigaba su posible participación en otros casos de extorsión.
La extorsión se convirtió en una de las principales fuentes de ingresos para estas organizaciones. Comerciantes, empresarios y familias comenzaron a recibir amenazas y, en algunos casos, los delincuentes utilizaron explosivos para presionar a sus víctimas. La violencia también alcanzó a colegios de distintas zonas de Trujillo.

Mientras tanto, El Porvenir siguió creciendo. Sus habitantes construyeron viviendas, negocios y una economía local que transformó aquella zona periférica de los años noventa. El desarrollo del distrito, sin embargo, avanzó junto a la expansión de grupos criminales que encontraron allí espacios para consolidarse.
La captura de Jhonsson Pulpo permite volver sobre esa historia. El Porvenir cambió durante las últimas décadas, pero también lo hizo el crimen que se desarrolló en sus calles: de las primeras pandillas a estructuras dedicadas a la extorsión y el secuestro. Una transformación que convirtió al distrito en uno de los principales escenarios de la criminalidad organizada en Trujillo.




