
Tras el asesinato del tecladista de Camilo Séptimo, Jonathan Meléndez, su esposa embarazada, su hija de tres años y una joven niñera de 21 años en Atizapán de Zaragoza, se viralizó en redes sociales un mensaje escrito por Oscar Joe Rivas, psicólogo clínico y amigo cercano del músico, quien aseguró que el responsable “es responsable por entero”, pero advirtió que el horror no puede explicarse únicamente como la obra de un “monstruo” aislado.
En su publicación, Rivas sostuvo que la deshumanización detrás del crimen “no sucedió anoche”, sino que es el resultado de una violencia que lleva años normalizándose en el país.
El mensaje comenzó a circular horas después de que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) confirmara la detención de dos hombres por el multihomicidio ocurrido el 1 de septiembre en el fraccionamiento Grand Viure.
Una reflexión que rechaza la idea del “monstruo”

Rivas calificó el ataque como un “cobarde asesinato” y cuestionó la comodidad de atribuir toda la explicación del horror a la mente de un psicópata. “Encerrar el horror dentro de una sola mente nos permite colocarnos a salvo, del lado de los normales”, escribió en X.
Para el psicólogo, llamar “monstruo” al agresor resulta tranquilizador porque hace creer que la maldad proviene de alguien completamente ajeno a la sociedad. Sin embargo, sostiene que los asesinos “nacen, crecen y aprenden entre nosotros” y que ninguna persona llega de un día para otro a considerar prescindible la vida de los demás.
A partir de esa idea, Rivas plantea que el horror comienza mucho antes de que se dispare un arma. En su opinión, se construye cuando la crueldad se confunde con carácter, humillar da prestigio, dominar parece poder y el dolor ajeno termina convertido en entretenimiento dentro de las redes sociales y los contenidos de amarillismo.

También vincula esa deshumanización con la impunidad, al considerar que vivir en un entorno donde muchos crímenes quedan sin castigo transmite el mensaje de que destruir la vida de otra persona puede no tener consecuencias: “Vemos el precipicio. Pero no vemos lo que nos condujo hasta el borde”.
El amigo del tecladista recordó que en el ataque fueron asesinados Jonathan Meléndez, de 38 años; su esposa Ana Paola, de 35 y con cuatro meses de embarazo; la hija de ambos, de tres años; una joven niñera de 21 años y el perro de la familia. El único sobreviviente fue un niño de seis años, quien permaneció durante más de tres horas junto a los cuerpos antes de que llegara la policía.
“Solo pienso en el terror de morir presenciando cómo ultiman a tu esposa embarazada y a tu hija… Nadie merece morir así”, escribió el psicólogo, quien también dedicó su duelo a los padres, hermanos, amigos, compañeros de Camilo Séptimo y seguidores del músico. “¿Cómo permite México que esto pase?”, cuestionó al finalizar su mensaje.

¿Qué se sabe del crimen hasta ahora?
Un día antes del ataque, Jonathan Samuel Meléndez Ochoa pidió a un amigo identificado como Freddy que llamara a las autoridades si no tenía noticias suyas. Le explicó que se reuniría con su socio, Diego Sebastián “N”, con quien según le dijo “ya sabes que traigo unos pedos”.
Cámaras de seguridad del edificio registraron al agresor entrando al elevador a las 17:24 horas del 1 de septiembre. En el video, mira hacia la cámara antes de subir al departamento donde se encontraba la familia del músico, en el fraccionamiento Grand Viure.

La Fiscalía del Edomex documentó que el acceso al inmueble no fue forzado. Diego Sebastián era socio de Meléndez en Nomad Property Management, una empresa dedicada a la renta de propiedades vacacionales en Valle de Bravo, Tepoztlán, Acapulco y Cuernavaca.
Reporteros de nota roja de la Ciudad de México señalan que el detenido exigía a Meléndez un pago de 300,000 pesos de una supuesta deuda. De acuerdo con los peritajes de la Fiscalía mexiquense, la agresión ocurrió entre las 17:40 y las 19:40 horas.
La policía municipal de Atizapán de Zaragoza halló los cuerpos a las 23:50 horas de ese mismo martes. Los informes forenses confirman que dos de las víctimas adultas estaban maniatadas y que tres de los cuatro cuerpos presentaban heridas de bala en la cabeza; la cuarta víctima recibió un disparo en la espalda.

Diego Sebastián “N” utilizó un silenciador durante el ataque y cambió las placas de su vehículo, un Kia gris, por las de un auto Ónix para evitar ser identificado. Su detención, junto con la de su presunto cómplice Gerardo “N”, identificado como su chofer, fue posible después de que este último olvidara su licencia de conducir en el filtro de acceso al residencial.
La aprehensión se logró mediante un operativo conjunto entre la Fiscalía mexiquense, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la policía de la Ciudad de México.
Ambos detenidos quedaron a disposición de la autoridad judicial del Estado de México. La Fiscalía mexiquense señaló que en las próximas audiencias informará sobre la vinculación a proceso y la situación legal definitiva de los dos hombres.




