
El cantante barranquillero Andrés Altafulla apareció ante sus seguidores apoyado en un caminador y con la pierna izquierda vendada. Lo que muchos interpretaron como una lesión reciente era, en realidad, el desenlace de años de postergación: una osteotomía de rodilla que incluyó la reparación de ligamentos y un injerto de menisco proveniente de un donante fallecido.
La cirugía se realizó a comienzos de agosto de 2026, tres meses después de que los médicos encontraran el tejido compatible que el procedimiento exigía.
Una lesión que el artista ignoró durante años
El origen del problema se remonta a una lesión de fútbol que Altafulla nunca trató de forma adecuada. Con el tiempo, la rodilla empezó a desplazarse de su lugar y a volver sola, con una inflamación que él mismo describió como “hinchada como un sapo”. A pesar del dolor, el artista seguía actuando.

Ante las cámaras de La Red, el artista explicó que durante años se convenció de que podía ignorar el problema: “Yo decía: Nombe, yo estoy bien, yo me desinflamo, yo vuelvo a estar como si nada”. Fue solo cuando los síntomas se agudizaron en plena tarima —al saltar, subir escaleras o bajar de un escenario— que empezó a tomar en serio la situación.
El diagnóstico médico fue contundente: el cartílago ya estaba dañado y la capacidad del cuerpo para regenerarlo, prácticamente nula a su edad. Su médico le advirtió que, sin intervención, en dos o tres años necesitaría una prótesis y que, en dos décadas, su movilidad estaría gravemente comprometida. “Esta vaina es en serio, voy pa’lante”, decidió el artista.
Qué es una osteotomía y por qué requirió un donante
Una osteotomía es una cirugía en la que se corta uno o varios huesos para corregir su alineación, redistribuir la carga sobre la articulación o reparar el daño acumulado. En el caso de la rodilla, el procedimiento suele intervenir el fémur o la tibia para aliviar la presión sobre el cartílago deteriorado y frenar el avance de la artrosis.

Lo que distingue a esta cirugía de una prótesis es su enfoque conservador: preserva la articulación natural del paciente. Por esa razón, los especialistas la recomiendan con frecuencia en personas jóvenes o activas que aún tienen zonas de cartílago sano. En el caso de Altafulla, el procedimiento incluyó además la reparación de ligamentos y un injerto de menisco de un donante fallecido, lo que explica los tres meses de espera antes de entrar al quirófano.