Un hombre adulto sopla el café en su taza con gesto de precaución, sentado en una mesa de madera dentro de un café. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si hay algo que identifica a los españoles, es la forma en la que toman el café. A diferencia de otros países europeos, su preparación siempre depende de la temperatura que haga en el ambiente. Por eso, en verano pedir un café con hielo es casi obligatorio si quieres sentarte en una terraza a primera hora de la tarde. No obstante, a la vez que bajan los grados en el termómetro, indirectamente suben los de la bebida.

De esta forma, cuando llegan los meses más fríos del año, piden sus bebidas, ya sea café, té, leche o chocolate; muchos necesitan que estén tan calientes que se pueda ver cómo sale el humo de la taza. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Oxford han lanzado una advertencia sobre este hábito: consumir bebidas a temperaturas muy elevadas puede triplicar el riesgo de desarrollar carcinoma de células escamosas de esófago, un tipo específico de cáncer agresivo.

Así lo demuestran en una investigación publicada en la Revista Internacional de Cancer, donde se ofrece la evidencia más concluyente hasta la fecha sobre cómo el hábito de tomar bebidas muy calientes repercute en la salud de las poblaciones occidentales. Para conseguir este resultado, los autores del estudio analizaron el comportamiento y los registros médicos de casi un millón de adultos (977.282 participantes) en el Reino Unido. La muestra procedía de dos de las cohortes de salud más representativas del país: el estudio Million Women Study (con 510.112 mujeres) y el UK Biobank (con 467.170 hombres y mujeres).

Una mujer disfruta de una taza de café caliente con vapor, creando un momento de calma en su hogar durante la noche. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Consumir más de 6 tazas aumenta el riesgo un 71%

Los científicos siguieron el estado de salud de los voluntarios durante un periodo medio de entre 11 y 14 años. Durante ese tiempo, se registraron 2.348 casos de cáncer de esófago, divididos fundamentalmente en dos variantes biológicas: el carcinoma de células escamosas (1.045 casos) y el adenocarcinoma (1.303 casos), una diferenciación clave para comprender la influencia de las bebidas calientes.

Al parecer, aquellas personas que consumían sus bebidas a una temperatura “muy caliente” tenían un riesgo tres veces mayor (RR = 3,17) de desarrollar carcinoma de células escamosas en comparación con quienes las tomaban simplemente “templadas”. En cambio, la temperatura de las bebidas no mostró ninguna asociación con el riesgo de sufrir adenocarcinoma esofágico. Esta diferencia se debe a la propia anatomía del órgano: el carcinoma se origina en las capas celulares del revestimiento superior del esófago, las cuales reciben el impacto térmico directo del líquido al ser ingerido.

Asimismo, la frecuencia de consumo también juega un papel determinante. Tras aislar el efecto de la temperatura, el estudio reveló que tomar 6 o más tazas de bebidas calientes al día se asocia con un aumento del 71% en el riesgo de padecer este tumor esofágico frente a consumir menos de 6 tazas diarias. Sin embargo, el tipo de bebida no altera el peligro; por lo que la composición del líquido en sí no es un potenciador para esta enfermedad.

Una taza de té caliente humeante y un libro abierto se posan sobre una mesa de madera, con una cuchara a un lado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este matiz es especialmente importante, ya que durante décadas se especuló sobre si ciertos componentes del té o del café podían influir en la aparición de tumores. Tras esta investigación, “la hipótesis más probable es la lesión térmica, la cual puede alterar la integridad de la mucosa del esófago y favorecer procesos carcinogénicos”, detallan los investigadores. En otras palabras, el contacto repetido con líquidos a temperaturas abrasadoras produce microlesiones en la mucosa que, tras años de regeneración celular continuada, terminan por aumentar la vulnerabilidad a sufrir transformaciones malignas.

Un simple cambio de temperatura que salva vidas

El aspecto positivo de este hallazgo es que se trata de un hábito fácil de modificar. Los investigadores estiman que el 14% de todos los casos de carcinoma de células escamosas de esófago podrían evitarse si las personas que toman bebidas “muy calientes” redujeran su preferencia a una temperatura moderada o simplemente “caliente”.

Esta recomendación no implica que con la llegada del frío invernal haya que renunciar al reconfortante placer de una bebida caliente. Basta con aplicar una pauta elemental: dejar reposar la taza durante unos minutos antes de dar el primer sorbo para permitir que el líquido alcance una temperatura segura.