Buenos Aires, 5 septiembre (NA) -- El deterioro eventual de las condiciones financieras a nivel internacional traería para la Argentina repercusiones directas para la economía. Es que la estrategia del Gobierno Nacional de orientar la economía hacia la exportación de bienes primarios desde los sectores del agro, la minería e hidrocarburos y energía en general expondría al país a la volatilidad de los precios internacionales, fundamentalmente si las condiciones crediticias mundiales se endurecen, según un reporte de la consultora Epyca. Y también impactan a la sociedad argentina en su conjunto los compromisos de más de USD 40.000 millones en deuda en moneda extranjera en títulos públicos reestructurados bajo la gestión de Martín Guzmán, organismos multilaterales y deuda corporativa. El informe consigna que Estados Unidos afronta una modificación en su régimen sobre cómo el mundo absorbe su deuda soberana este 2026. Según supo la Agencia Noticias Argentinas, un informe de Epyca Consultores señala que el modelo de acumulación oficial de reservas se ha frenado en los últimos años y, particularmente, luego de la pandemia de COVID-19. “En 2026, Estados Unidos enfrenta un cambio de régimen en cómo el mundo absorbe su deuda soberana”, comienza diciendo y avanza contextualizando que, “en las décadas previas, el esquema "Bretton Woods 2.0" implicaba que los superávits en cuenta corriente acumulados por economías exportadoras e industriales (China, los países árabes petroleros) eran utilizados por los Bancos Centrales para adquirir bonos del Tesoro estadounidense. Así se financiaba casi sin sobresaltos el doble déficit de Washington (presupuestario y de cuenta corriente)”, sostuvo el informe. Asimismo, sumó que “a la vez, las tasas de interés de largo plazo se mantenían bajas gracias a que esos grandes inversores globales aceptaban gustosos pagar una ‘prima’ al comprar esa deuda soberana estadounidense, para así acceder al activo considerado el ancla segura y de referencia de las finanzas internacionales”. LA PANDEMIA DEL COVID-19 CAMBIÓ TODO Luego de la pandemia del COVID-19, “este modelo de acumulación oficial de reservas se ha frenado en los últimos años y en particular desde la salida de la pandemia de COVID-19”, informa el estudio y señala que “el primer y principal agente de este cambio es, lógicamente, China; que ya no usa sus (cada vez más abultados) superávits comerciales para comprar esa deuda, sino que los redirige hacia inversiones en activos reales e infraestructura en otros países”. Y agrega que “en el corto plazo, la nueva emisión de pasivos del Tesoro de Estados Unidos fue comprada por inversores privados de ese mismo país, por algunos grandes actores privados extranjeros (fondos de inversión, banca corporativa, etc.) de otras naciones desarrolladas y/o de paraísos offshore”. En tal sentido detalla que “en la década de 2010 el 42% de la deuda soberana estadounidense estaba en posesión de acreedores extranjeros; hoy esa cifra se redujo casi a la mitad (21,5%)”. En tal sentido, “esta recomposición del perfil de sus acreedores destruyó el diferencial a favor que disfrutaba la deuda norteamericana”, cuenta y recapitula que “históricamente, el rendimiento de los títulos a 10 años de Estados Unidos cotizaba 10 puntos básicos por debajo del conjunto de deudas soberanas emitidas por Alemania, Japón, el Reino Unido, Canadá, Suiza, Suecia y Australia”, pero afirma también que “hoy esa relación se invirtió y el Tesoro estadounidense está viéndose forzado a convalidar rendimientos más elevados para lograr colocar sus nuevas emisiones”. Paralelamente reafirma que “se dio un quiebre en la cobertura habitual entre acciones y bonos” y explica que “en general, los bonos del Tesoro servían como refugio ‘seguro’ en escenarios de aumento del riesgo global -cuando los capitales tendían a reducir su exposición a activos más volátiles como las acciones-. Pero el aumento en la percepción de riesgo sobre los mismísimos bonos soberanos estadounidenses está desarmando ese trueque”. LOS CAMBIOS EN LA POLÍTICA FINANCIERA DE ESTADOS UNIDOS Entre los principales puntos que marca el informe está “la disputa de poder entre el Tesoro y la Reserva Federal (Fed) estadounidense es uno de los síntomas de los cambios estructurales que se están sucediendo en la última década” y “el comportamiento distinto de los grandes fondos de inversión offshore”. En este contexto, “el indicador clave a seguir para entender qué puede hacer la Fed es la inflación, que en los últimos 5 años se mantuvo siempre ‘demasiado alta’, marca y señala que se dio así, supuestamente, por la pandemia, la guerra entre Rusia y Ucrania y la guerra en Medio Oriente, entre otros eventos, pero que en definitiva muestra una rigidez sostenida a la baja. También el entorno de la geopolítica mundial en torno al petróleo y la IA son cuestiones a tener en cuenta. Agencia NA