El 2 de septiembre de 1986, Los Enanitos Verdes lanzaron su segundo disco, Contra reloj. Un trabajo, con producción de Andrés Calamaro, marcó la carrera de la banda mendocina, con clásicos como “La muralla verde”. La placa también tiene “Conciencia contrarreloj”, “Cada vez que digo adiós”, “Tus viejas cartas”, “Simulacro de tensión” y “Solo dame otra oportunidad”.
Marciano Cantero (bajo y voz), Felipe Staiti (guitarra), Daniel Piccolo (batería) y Tito Dávila (teclados y coros) trabajaron a lo largo de los primeros meses del año en la creación de este álbum, en los estudios Panda, con la participación de Mario Breuer como ingeniero de sonido. El saxofonista Alfredo Desiata, de Los Abuelos de la Nada, participó como invitado.

Contra reloj terminó de abrirle las puertas a Los Enanitos Verdes por la Argentina y la posibilidad de llegar a toda Latinoamérica, principalmente, luego de su presentación en el Festival de Viña del Mar.
En ese 1986 aparecieron discos importantes como Oktubre de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, De Ushuaia a La Quiaca de León Gieco, Privé de Luis Alberto Spinetta, Signos de Soda Stereo y Llegando los monos, de Sumo, y el debut de Los Fabulosos Cadillacs con Bares y fondas, entre otros.
Un poco de historia
La banda dio sus primeros pasos en 1979, con Cantero junto a Felipe Staiti (guitarra) y Daniel Piccolo (batería). En 1984 sumaron a Sergio Embrioni (guitarra y voz) al proyecto y editaron su primer disco, que lo grabaron en 1984, en Estudios del Cielito.
“La nena de diecisiete”, “La miraba de atrás”, “Aún sigo cantando”, con David Lebón como invitado, y “Comiendo en el plato del perro”, entre otros temas, formaron parte de aquella primera experiencia discográfica.

También, algunos de los integrantes del grupo formaron parte del grupo que acompañaba a Piero. “Todos los que hacíamos música en Mendoza nos conocíamos. Yo quería tocar el bajo, pero en mis propias canciones tocaba la guitarra. Felipe también tenía la impronta de hacer temas. Empezamos a ensayar en la hora de la siesta con auriculares”, recordó en una entrevista a La Viola Marciano Cantero.
Los Enanitos Verdes, el origen del nombre
La historia cuenta que está relacionado con un título que salió en un diario. “Nunca le pusimos un nombre. Fue una anécdota muy particular: una familia de turistas se sacó una foto y aparecieron con unos marcianos. Un periodista amigo nos puso el nombre. Escribió una crónica de nuestro primer show en la revista Expresso Imaginario y le puso el nombre. En esa época éramos un quinteto”, resaltó Felipe Staiti, en una charla con este medio en 2012.
“En la crónica, el periodista escribió que se había formado un grupo, donde a mí me decían Marciano y que no podía ser otra que los Enanitos Verdes que habían aparecido en la imagen. Mendoza tiene varias leyendas sobre el tema”, destacó el recordado cantante y bajista.
La llegada de “Contra reloj”
“‘La muralla’ nació en una gira con Piero. Nosotros éramos la banda que lo acompañaba en vivo. Estábamos en el micro que tenía asientos hasta la mitad y el resto con colchones. Le pedí la guitarra acústica a Piero y me fui al fondo a descansar. Me puse a tocar y salieron unos acordes del tipo ska. La grabé en un aparato chiquito portátil que tenía y completé la letra al poco tiempo”, recordó Cantero en una entrevista con La Viola en 2021.
Fue importante la presencia como productor de Calamaro, que luego de su experiencia con Los Abuelos de La Nada y comenzando su carrera solista, tomó el control del grupo en el estudio, aportando ideas importantes desde la consola.
“Lo conocí en SADAIC, donde nos pusimos a charlar y nos hicimos amigos. Cuando nuestro sello CBS nos dijo que él iba a trabajar con nosotros, me puse muy contento. Fuimos uno de los primeros grupos que produjo. Nos acompañó en tres discos. La grabación de Contrar reloj fue muy especial, con Mario Breuer también en el control, donde aprendimos mucho”, describió el cantante y bajista.
El músico recordó una indicación de Andrés en “La muralla verde”. “Estábamos grabando la parte del estribillo, que tenía una entonación más sencilla en la frase ‘como el amor de ayer’. Él me propuso cantarla de otra forma, más cortada, ‘como el amo-o-oor de ayer’ y fue un éxito. Algo tan simple que produjo un gancho muy particular. En “Te vi en un tren” pasó algo similar. Tenía un solo y él nos pidió sacarlo. En cambio, nos aconsejó tocar un acorde Si mayor que quedó genial. Quería que sonáramos como una banda de rock de garaje y no como Duran Duran. Hasta nos grabó unos casetes como ejemplo, que traían canciones de Squeeze o Elvis Costello. Lo hicimos en los estudios Panda, que tenían unos parlantes tremendos. La base de La Muralla fue maravillosa”.
En la misma línea, describió Felipe Staiti el trabajo de Andrés. “Fue un acierto contar con él. Nos sacó bastante peso que teníamos de estar tocando juntos seis años. Lo hizo todo más simple, nos hizo buscar en nuestro interior. El vino y nos pidió que sonáramos más crudos. Nos tocó un Calamaro iluminado que tenía una explosión de colores en su cabeza y lo transmitía. Nos ayudó a creer en uno como músico y como banda”.
La creación en el estudio
Junto a los integrantes, Andrés Calamaro, fue importante durante la grabación del disco el trabajo del ingeniero de sonido Mario Breuer. Su sonido novedoso para la estética sonora de principios de los ‘80, con su aporte a artistas como Los Fabulosos Cadillacs,Los Twist, Andrés Calamaro ,Los Pericos, Fabiana Cantilo, Celeste Carballo, Los Ratones Paranoicos y Don Cornelio y la Zona. También sumó sus conocimientos a figuras como Charly García, Fito Páez y Soda Stereo entre otros.
“Con Andrés Calamaro veníamos trabajando juntos desde que regresé de los Estados Unidos. Viajé a estudiar a Los Ángeles, incluso durante mi estadía, me vino a visitar Andrés, con quien ya éramos amigos, y se quedó unos meses viviendo en casa y empezamos a planificar un montón de cosas y parte de los planes era producir discos juntos”, le contó Breuer en una charla con La Viola.

En aquel tiempo, Mario y Andrés producían juntos y comenzaban a diseñar un futuro dentro del estudio. “Trabajamos en su primer disco y a veces producíamos en su casa, él por su lado y yo por el mío. En algún momento apareció esto de producir a Los Enanitos Verdes, un grupo que ya tenía un disco en el mercado que había sido muy bien recibido, y fue como nuestro primer trabajo profesional por el que nos pagaron por producir”.
Sobre el material que tenían Los Enanitos Verdes para su segundo trabajo, Breuer recordó: “Andrés escuchó los temas y empezó a trabajar en la parte musical. Me interesé por la parte sonora, pero sobre todo mi trabajo vino a partir de la grabación. Cuando entramos al estudio, en Panda, a grabar este Contra reloj, los temas ya estaban compuestos. Andrés había trabajado en algunos arreglos musicales, así que no fue algo que surgió en el estudio, sino que eran temas que ya venían compuestos y ya venían con una idea más o menos clara de qué camino tomar”.
“Los Enanitos tenían como un sonido pop rock, que fue el sonido de ellos prácticamente desde siempre. Al comienzo eran un poco más pop, pero con Andrés le dimos esa impronta. Trabajé el sonido de la batería; por lo menos los discos que hice tenían un sonido de batería muy característico. Colegas me preguntaban cómo hacía ese sonido de los tambores de Los Enanitos o de Los Redondos, que era algo muy especial, un método que había desarrollado solamente para ellos. También en las guitarras, con la impronta de Felipe Staiti, que era un gran amante del rock. Un sonido y estilo de ellos que mantuvieron a lo largo de toda su carrera”, contó el ingeniero de sonido.
Por último, Mario describió su relación con la banda. “Fue siempre un gusto trabajar con ellos, un grupo de gente muy amable, muy agradecidos con el público, con haber llegado a Buenos Aires. Gente muy derecha, con ética y de muy buen trato. Un grupo humano magnífico, aparte de lo musical. Dentro de los discos que hice de ellos, Habitaciones Extrañas (1987) sigue siendo para mí uno de los discos con mejor sonido que hice. Cuidar el lado pop y el del rock”.



