Cultura

‘Moby Dick’ y las sirenas

A menudo vuelvo al mar y a Moby Dick. En la novela de Melville, la negra tragedia del melancólico barco, siempre encuentras emoción y un raro consuelo (aunque solo sea el de no pertenecer a la tripulación del Pequod), y en cada lectura doy con cosas nuevas. No sé qué me ha llevado estos días a embarcarme otra vez, petate y arpón al hombro: una vaga nostalgia, una semana embarrancado por la covid (afortunadamente no en la posada El Chorro de New Bedford con un caníbal tatuado al otro lado de la cama), el haber visto con mis propios ojos en un astillero de Ferrol el triste casco devastado de La perla negra, el velero naufragado frente a Chipiona; o la imagen en la televisión del rorcual pegando un salto frente a la costa del Garraf… También el haberme hecho con un maravilloso libro pop-up, lo que antes llamábamos troquelado o desplegable, sobre Moby Dick, con “ingeniería de papel” de Gérard Lo Monaco e ilustraciones en linograbado de Joelle Jolivet (Chronicle Books, San Francisco, 2019), comprado por una pasta —que la vale— en Laie. Me he pasado largas horas asomado al teatrillo, inmerso en su magia tridimensional y recordando mis noches en blanco en Nantucket acodado en la ventana en la habitación en el hotelito Jared Coffin House (es normal tener insomnio en un sitio que lleva la palabra ataúd en el nombre, aunque a Ismael le salvara la vida el de Queequeg).

Seguir leyendo

Hay una única mención a las criaturas legendarias en la novela de Melville, a excepción de Starbuck, claroLeer más

Generated by Feedzy