Cultura

Fito & Fitipaldis reparten felicidad a 15.000 personas en un concierto soberbio en Madrid

Fito Cabrales lanza temerariamente por los aires su guitarra Fender Stratocaster blanca. Un técnico la amarra al vuelo en una esquina del escenario. No hacen falta instrumentos en este tramo final del concierto. Ni siquiera debe cantar el bilbaíno. Lo hace por él todo el recinto, que entona: “Después de un invierno malo. / Una mala primavera. / Dime porque estás buscando, una lágrima en la arena”. Una madre abraza a su hijo de 12 años; dos viejos rockeros agitan sus brazos tatuados; unas chicas se graban en vídeo. A algunos se le humedecen los ojos. La canción, Soldadito marinero, continua, solo coreada por el público: “Él camina despacito que las prisas no son buenas. / En su brazo dobladita con cuidado la chaqueta”. Los músicos admiran el espectáculo desde el escenario.

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