Tecno

Un método pionero para diseñar algoritmos éticos y responsables

La inteligencia artificial (IA) se usa para recomendarnos películas o hacer videojuegos visualmente espectaculares. Pero también para filtrar currículos en la contratación de personal, para calcular la solvencia crediticia de las personas, para prever las zonas de mayor criminalidad de las ciudades o hasta para estimar las posibilidades de que un niño vaya a sufrir malos tratos. Precisamente porque estos sistemas están asumiendo tareas cada vez más relevantes conviene procurar que no discriminen ni perjudiquen a la población. Tratar de conseguirlo es complicado: hace falta estudiar muy bien todo el proceso de creación del algoritmo, desde su diseño teórico hasta la base de datos con la que se nutre, pasando por la forma de implementarlo o las personas a las que afectará. Es un proceso complejo y costoso, y precisamente por eso brilla por su ausencia en la inmensa mayoría de los casos.

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